20-05-2025, 05:08 PM
No se veía nada. Ni entrecerrando los ojos, ni buscando un ángulo distinto desde las ventanas llenas de polvo y suciedad. el interior de la tienda se tornaba en una sombra densa que parecía ahogar los pocos rayos de luz que atravesaban las pequeñas ventanas. Jean se acercó un poco más al cristal, aguantando la respiración para evitar que el vaho enturbiase todavía más la precaria visual que tenía de la tienda. No se adivinaba movimiento. Únicamente una silla caída y lo que parecía una caja vacía en el suelo. Es resto permanecía inmóvil, como si aquel lugar llevase ya tiempo abandonado. Ni herramientas ni botes ni nada aparentemente útil o valioso a la vista. Varios estantes, en su día seguramente repletos de distintas mercancías, ahora solo aguantaban el peso de una gruesa capa de polvo y eventuales telarañas caprichosamente tejidas sin aparente función.
Jean miró a Caelum por el rabillo del ojo. Si iba a necesitar algo, desde luego no iban a encontrarlo allí. Se alejó de la ventana, estiró su espalda y se pasó distraídamente la mano por su capa, en parte para planchar alguna posible arruga, en parte para quitarle algo de suciedad o polvo que se pudiera haber adherido.
- Bueno, desde luego si vamos a necesitar algo no vamos a encontrarlo...
No llegó a terminar la frase. Tras ellos, una voz brusca y quejosa los sobresalto. Jean se dio la vuelta como movida por un resorte. Instintivamente fue a llevarse la mano a la empuñadura de su espada, pero al ver que quien les hablaba era un hombre mayor la levanto, aparentando que solamente movía su capa con elegancia.
- Ah... Esto... No queremos comprar la tienda, si es a lo que se refiere. Verá, somos de la Marina, venimos a...
El viejo la cortó de nuevo y volvió a repetir exactamente la misma frase que antes. Jean parpadeo, confusa, no sabiendo muy bien si les estaba hablando a ellos o a las voces de su cabeza. Un anciano con un bigote cano, poco cuidado, rostro arrugado y ojos medio hundidos. Llevaba un mameluco azul, gastado, botas de apariencia pesada y una mascara muy similar a la que Caelum llevaba puesta. Volvió a hablar, esta vez mencionando que los acompañaría al norte. Jean lo miraba de hito en hito, sin saber bien como reaccionar. ¿Formaba parte de la misión? Desde luego, las ordenes que le habían dado a su ahora compañero eran tan escuetas que no sería raro que tuviera más de un enlace en la zona, pero la falta de concreción mataba el buen hacer de la rubia. Miró de reojo al Marine. No parecía sorprendido, aunque con la mascara era difícil deducir sus expresiones. Si que, a través de las lentes, se adivinaba cierta preocupación en aquellos insondables ojos plateados. Jean alzó un poco la voz.
- ¡Hola! Eh... ¿Sabe lo de la plaga en Shinzen? ¿Le han mandado para ayudarnos? - preguntó en voz alta, como si supusiera que el hombre, aparte de estar borracho, también fuese medio sordo.
Mientras esperaba la respuesta del anciano, discretamente dio un paso lateral, colocándose más cerca de Caelum.
- Oye... - le susurró acercándose con la mano junto a los labios, en un gesto irónicamente poco discreto - ¿Tu sabes quien es este?
Aquella situación estaba volviéndose algo bizarra. Divertida, pensó. Jean no pudo contener una media sonrisa.
Jean miró a Caelum por el rabillo del ojo. Si iba a necesitar algo, desde luego no iban a encontrarlo allí. Se alejó de la ventana, estiró su espalda y se pasó distraídamente la mano por su capa, en parte para planchar alguna posible arruga, en parte para quitarle algo de suciedad o polvo que se pudiera haber adherido.
- Bueno, desde luego si vamos a necesitar algo no vamos a encontrarlo...
No llegó a terminar la frase. Tras ellos, una voz brusca y quejosa los sobresalto. Jean se dio la vuelta como movida por un resorte. Instintivamente fue a llevarse la mano a la empuñadura de su espada, pero al ver que quien les hablaba era un hombre mayor la levanto, aparentando que solamente movía su capa con elegancia.
- Ah... Esto... No queremos comprar la tienda, si es a lo que se refiere. Verá, somos de la Marina, venimos a...
El viejo la cortó de nuevo y volvió a repetir exactamente la misma frase que antes. Jean parpadeo, confusa, no sabiendo muy bien si les estaba hablando a ellos o a las voces de su cabeza. Un anciano con un bigote cano, poco cuidado, rostro arrugado y ojos medio hundidos. Llevaba un mameluco azul, gastado, botas de apariencia pesada y una mascara muy similar a la que Caelum llevaba puesta. Volvió a hablar, esta vez mencionando que los acompañaría al norte. Jean lo miraba de hito en hito, sin saber bien como reaccionar. ¿Formaba parte de la misión? Desde luego, las ordenes que le habían dado a su ahora compañero eran tan escuetas que no sería raro que tuviera más de un enlace en la zona, pero la falta de concreción mataba el buen hacer de la rubia. Miró de reojo al Marine. No parecía sorprendido, aunque con la mascara era difícil deducir sus expresiones. Si que, a través de las lentes, se adivinaba cierta preocupación en aquellos insondables ojos plateados. Jean alzó un poco la voz.
- ¡Hola! Eh... ¿Sabe lo de la plaga en Shinzen? ¿Le han mandado para ayudarnos? - preguntó en voz alta, como si supusiera que el hombre, aparte de estar borracho, también fuese medio sordo.
Mientras esperaba la respuesta del anciano, discretamente dio un paso lateral, colocándose más cerca de Caelum.
- Oye... - le susurró acercándose con la mano junto a los labios, en un gesto irónicamente poco discreto - ¿Tu sabes quien es este?
Aquella situación estaba volviéndose algo bizarra. Divertida, pensó. Jean no pudo contener una media sonrisa.
Aclaración
