[Aventura T2 - Presente absoluto] - Desastre en las minas
#12
El rugido de Dumati rogando a Jean que se callara atravesó y reverberó por toda la cueva. Aquel rugido animal no era el grito de un líder orgulloso curtido en mil batallas y de convicciones firmes. Era el de alguien que se resistía a desmoronarse, que peleaba contra sus actos e intentaba no mirarse en el espejo de su conciencia. Jean creyó ver como sus palabras lograban resquebrajar la coraza de Dumati. Fue una sensación breve. Frente a ella, aquel imponente hombre se mantenía en sus trece. 

Cuando la palabra "revolución" rasgo el áspero aire de la caverna, Jean sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. Como si le acabase de alcanzar un relámpago, se sobresaltó, y comenzó a atar cabos rápidamente. Aquellas insignias raídas en las ropas de los bandidos, los "Lamentos de Onyx", la propia cueva... Todo cobraba ahora otro sentido, más tangible, más complejo. Miró de nuevo a su alrededor mientras veía como frente a ella Dumati comenzaba a colapsar. Su mente, que hacía unos momentos luchaba por mantenerse en calma ante el horror de la sangre, ahora procesaba todo lo que aquello podía implicar. Si aquellos bandidos eran en realidad parte de un grupo revolucionario, aquellas minas no eran un mero escondite. Eran una base estratégica, segura, discreta, relativamente fácil de defender y muy próxima a la capital del Reino de Ilisia. Era un punto de apoyo a un bando que, en manos de hombres como Dumati, podía usarse para perpetrar ataques a gran escala contra el reino en un futuro próximo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo. Los ideales de la Revolución podían tener un buen fondo: luchar contra la corrupción, la tiranía, la injusticia. Pero los métodos utilizados... Lo acababa de ver. La matanza indiscriminada que había presenciado en los túneles acercaban a aquel grupo más a unos piratas con ínfulas que a otra cosa. Un buen ideal manchado de sangre inocente...

Dumati, cegado por su propio discurso, se lanzó al ataque. No razonaba, solo repetía mantras vacíos que no significaban nada en aquel lugar. No estaba enfrentando a corruptos ni a tiranos, no estaba liberando esclavos ni llevando comida a los más necesitados. Había matado a trabajadores inocentes y había atacado a reclutas de la marina. No era más que un matón. Jean apretó los dientes, furiosa.

La espada de Dumati se acercó a ella a toda velocidad. Con los pies bien plantados en el suelo, Jean los deslizó hacia los lados al tiempo que se agachaba levemente, afinando la vista. Un giro de muñeca, un movimiento ascendente de Zéphyros y ambos metales chocaron, provocando un estruendo seco y metálico que quedó amplificado por el eco de la cueva. jean sintió en su brazo la vibración del golpe, pero aguantó. Sabía que no tenía la fuerza suficiente como para bloquear un ataque frontal de Dumati, pero no era su intención. Cuando ambos aceros chocaron, Jean volvió a girar la muñeca, inclinando a Zéphyros hacia el suelo, dejando que la espada de Dumati resbalara sobre su filo. Cuando esta hubo bailado unos centímetros, estiró el brazo, desviando el golpe al tiempo que intentaba que Dumati perdiera su centro de gravedad y se desequilibrara. 

- No uses la palabra "revolución" para justificar esto, Dumati. - la voz de Jean, controlada, llevaba ahora un tono cortante. Sentía como le hervía la sangre por dentro. Sus ojos azules se clavaron en los de Dumati, ambos a pocos centímetros el uno del otro. - ¿Llevarte por delante a quien? Corruptos, tiranos... ¡Los mineros que has masacrado no eran más que gente inocente! ¿Es así como defiendes a los oprimidos? ¿Pisoteando las vidas de otros inocentes?

Jean sentía como su alma se encendía. No podía evitarlo. Quería salvar a Dumati, quería ser mejor... Pero... ¿Podía?

- Vives en una fantasía, y lo peor... es que lo sabes. Lo he visto en tus ojos, antes, cuando has gritado que me callara. Y lo veo ahora. - dijo mientras sus cuerpos pasaban uno junto al otro, los filos de sus espadas deslizándose una sobre la otra. - Esto no es justicia. Es el colmo del cinismo. Escudarte en una causa para dar rienda suelta a la matanza indiscriminada, sintiendote además moralmente superior... ¡Eso es de cobardes!

Jean se incorporó rápidamente, pies juntos, espalda recta. Un fuego prendía dentro de su pecho. Extendió un pie hacía delante y se lanzó hacía Dumati, lanzando un tajo en vertical contra su pecho. No quería matarlo. No debía matarlo. Pero ahora mismo era presa de si misma.

INFO


Mensajes en este tema
RE: [Aventura T2 - Presente absoluto] - Desastre en las minas - por Jean D´Orlanais - 22-05-2025, 07:15 PM

Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)