16-09-2023, 08:30 PM
La plataforma de cubos comenzó a descender de forma dramática. Derya y Kovashi casi que que pusieron en caída libre hacia la fiesta que acontecía en tierra firme. Tomaban más y más velocidad, llegando al punto de que se estaban empezando a despegar de la plataforma. — ¡Yuhu! — Vociferó el peli blanco, levantando las manos justo al mismo instante que los cubos frenaban en seco. Estaba a dos metros del terreno. Rodeado de jóvenes borrachos, los cuales les estaban ofreciendo un espacio para bajar. Sí, no buscado, dos raros montados en un ovni estaban aterrizando, pero ese era el poder del alcohol. Sin tomarlo ni beberlo, un joven rubio de ojos azules tomó a Kovashi por el cuello, estaba soltando improperios sobre una mujer, bromeando con su grupo de amigos. Kovashi no tardaría en ... Devolverle el "abrazo" tras recibir una botella a medio beber de cerveza local. Como iba diciendo, el alcohol podía transformar situaciones, personas y hasta momentos especiales.
Los cubos se cayeron al suelo, derritiéndose en arena, que era el material con el que estaban construidos. Un amigo del humano anterior entregaría otra bebida a Derya. La música y la cantidad de gente invitaban a la juerga. Kovashi no tardó en animarse.
Exactamente, comenzó a bailar. Sus movimientos eran dignos de verse. Moviendo la cadera, los brazos, los pies ... Con bastante ritmo se ha de decir. No era un bailarín experto, pero se defendía con bastante valor. Invitó a Derya a bailar, lanzandole una mano. — Puede que muramos mañana, hoy o nunca. — Sentenció, intentando convertir aquello en un momento especial. Odiaba que le dijeran que no a su planes locos.
Los cubos se cayeron al suelo, derritiéndose en arena, que era el material con el que estaban construidos. Un amigo del humano anterior entregaría otra bebida a Derya. La música y la cantidad de gente invitaban a la juerga. Kovashi no tardó en animarse.
Exactamente, comenzó a bailar. Sus movimientos eran dignos de verse. Moviendo la cadera, los brazos, los pies ... Con bastante ritmo se ha de decir. No era un bailarín experto, pero se defendía con bastante valor. Invitó a Derya a bailar, lanzandole una mano. — Puede que muramos mañana, hoy o nunca. — Sentenció, intentando convertir aquello en un momento especial. Odiaba que le dijeran que no a su planes locos.
