28-05-2025, 11:56 PM
Inventario
Berry se acercó entre bufidos y confusión, olfateando el suelo y soltando con total descaro:
—¿Le has golpeado fuerte la cabeza? No le entiendo nada…
Apreté los labios para no reír. Atlas le miró como si hablara en otro idioma. Yo... solo esperaba que no nos diese de Berryhostias antes de que comenzáramos.
Y entonces... la escena se volvió aún más surrealista.
Berry se puso a hacer una especie de coreografía extraña. Entre caderas, señas al cielo y palabras incomprensibles, soltó algo que se clavó en mi cabeza como una saeta absurda y genial.
—Si la cosa se pone fea puedes gritar mi nombre.
—Encuanto a danza koduro... Solo di... Checherereche.
Tuve que taparme la boca con la mano para que la risa no se me escapara.
—¿Checherereche? ¿Qué demonios significa eso? Me encanta!
—Suerte ahí fuera, Berry. —le susurré, aún con una sonrisa tonta— Y ten cuidado... No dejes que te atrape ningún Checherereche enemigo.
Pero antes de que se fuera, sin avisar y con total descaro, nos plantó un beso en la mejilla a cada uno. A mí primero, luego a Atlas. Me quedé quieto, parpadeando, como si me hubieran reiniciado.
Giré el rostro lentamente hacia Atlas y le susurré con un gesto entre incómodo y divertido:
—Bueno… imagino que son sus costumbres...
Atlas no dijo nada al principio. Solo la miraba con esa sonrisa suya, medio contenida. Después, murmuró algo sobre que Berry se hacía la dura, pero que seguro le gustaba su acento y su forma de hablar.
—¿Tú crees, amigo? —le dije con una ceja alzada— Esa chica es peculiar... distinta. Y actúa de corazón. Eso me recuerda a algo...
Me quedé en silencio un instante, viendo cómo el viento jugaba con las sombras en el suelo. Y entonces lo solté. Lo que llevaba sintiendo desde que los conocí.
—Atlas Gomes Lupus… ¿quieres venir conmigo a poner el mundo patas arriba?
Se giró un poco, sorprendido.
—Sé mi mano derecha. Navega junto a mí. Salgamos al mar, crucemos la Red Line… y encontremos ese puto tesoro.
Mi voz no tenía dudas. Ni vacilaciones. Solo la certeza de quien ha encontrado algo que vale la pena.
—¿Qué me dices, colega? Tú y Berry sois mis únicos y mejores amigos… aunque por alguna razón creo que Berry no me ubica del todo... Pero está aquí ayudando, y eso es lo más importante. Demuestra el corazón que tiene.
Miré hacia el horizonte. Hacia esa mansión llena de cadenas.
—Beto tiene asuntos pendientes... Pero el destino nos juntará algún día. Vosotros, en cambio, estáis aquí. Y algún día el barco que es esta aventura zarpará… y yo no quiero perderme esa oportunidad.
Atlas bajó la mirada hacia el suelo. Estaba en silencio. No era uno de esos silencios incómodos... Era uno cargado. Como si todo dentro de él estuviera rugiendo por salir.
—Has dicho "Porta" y "Chaveiro grande"... Eso significa puerta y lo otro por destacarte tiene que significar llavero.. ¡Eres un genio Atlas ahí están!
Sin una palabra más, se lanzó. A cuatro patas. Un animal, sí, pero uno con propósito. Y luego… saltó.
Atravesó la valla como si no existiera. Yo me quedé boquiabierto.
—¿Pero qué…?
Y justo cuando pensé que ya me había sorprendido bastante, lo vi… hundirse en la tierra. Literalmente. Como si el suelo se lo tragara. Se desvaneció bajo sus pies.
Desapareció...
Me quedé allí, congelado.
—...Atlas.
No sabía qué habilidad era esa. No sabía cuántas sorpresas más me iba a dar ese tío. Pero una cosa sí sabía...
Ese era el comienzo de algo enorme.
Asentí para mis adentros.
Era mi turno...
Cogí una piedra del suelo, podría necesitarla más tarde y apreté los puños, flexioné las piernas y me impulsé para volar alto, muy por encima de la línea de visión de los esclavos, manteniendo una distancia prudente, unos diez metros por encima del tejado. Desde ahí, planeé con sigilo absoluto, sin un solo aleteo en el aire, hasta alcanzar el punto que había elegido: justo encima de una de las ventanas que daban a la entrada principal, para tener controlado a Atlas por si necesitaba ayuda. Me situé entre dos secciones inclinadas del tejado, en una zona oscura y elevada, por encima del alcance de los faroles. La luz no me tocaba. Nadie me vería. Me acuclillé con cuidado, controlando la respiración, y afiné el oído. Si dentro había voces, movimientos o algún malnacido esperando, yo sería el primero en saberlo.
Off
