Leyenda
Y así como todo había empezado tranquilamente, se fue al carajo. Ni bien pasados un par de minutos, una muchachita con orejas de gato entró a las patadas al lugar y empezó a hacer un escándalo y a llamar la atención de todo el mundo en el sitio con su griterío. Había empezado a gritar para que le sirvieran un trago, pero lo que llamaba mi atención realmente era lo que llevaba a sus espaldas: Un enorme martillo con una forma de lo más curiosa, con un aspecto casi tan pesado que no parecía un objeto que alguien con su contextura fuera capaz de blandir. Esta mocosa además de payasa debía ser una combatiente, así que si quería que mi presencia siguiera siendo un detalle sin importancia en la escena de la taberna, lo mejor era mantenerse alejado de aquella joven.
Y entonces, como era de esperarse, la muchachita notó mi presencia.
Me intentó hacer parte de su escándalo diciendoq ue yo invitaba y tan escandalosamente como había entrado, se aproximó a mí y olisqueó mi bebida, mientras mi nariz captaba un fuerte olor a perfume proveniente de ella. Luego de un comentario digno de la prostituta más barata, la mocosa intentó hacer precisamente lo que no debía.
Se sentó a mi lado derecho y acercó su mano, intentando agarrar mi rostro bajo la capucha, pero su mano fue detenida con un choque del dorso de mi diestra. Ante la negativa, la joven intentó con su mano derecha alcanzar mi capucha para levantarla. Con la misma mano que había rechazado su intento previo, esta vez detuve a la muchacha apresando su muñeca.
-A volar mocosa. No tienes idea de lo que haces.
Tras soltar su muñeca, la felina entendió que yo era problemas… O eso pensé. De la manera más estrepitosa, la chiquilla se apoyó de mi hombro para saltar sobre la barra, rompiendo vasos y jarras a su paso, para luego dar un discurso dirigido a mi persona “Lo que faltaba”. Lo que siguió solo lo puedo describir como un derroche de putería y humillación mastodóntico, que de paso me ponía una diana en la cabeza para que toda la puta taberna me mirara. Luego de volver a acercarse y tratar de beber mi limonada. Nuevamente mi mano detuvo su acercamiento bloqueando su frente, mientras alejaba el vaso de su alcance.
Lo que faltaba, un tercero se metió en el extraño espectáculo de la ramera gata, apoyando su calentura. Un mocoso enclenque vestido de traje pero… Ah, ahí está. Una guadaña a su espalda. Estos dos eran problemas seguramente en más de un sentido. Haber puesto su atención en mí era señal de esto. No necesito más sombras, ya tengo dos y una me cae mal. “Kayx, hijo de puta, esto es tu culpa”
El paliducho trajeado se acercó entonces, más de lo debido. Ambos payasos estaban frente a mi mesa y mira que las ganas de matar no me faltaban, pero todos los ojos de la gente eran demasiado para que nadie notara los dos cadáveres caer de pronto allí mismo. Desde mi asiento, mis garras salieron a buscar presa y mis colmillos escocían. “Ya está, saco a esos dos del cuello y en el primer callejón les rajo la puta yugular”. Nadie los va a extrañar.
Entonces, detrás de los dos impertinentes, la figura peliazul del Séptimo se apersonó y me preguntó si todo estaba bien y si me quería ir de aquí. Me puse de pie de inmediato y sin mediar palabra, tomé a la mocosa berrinchuda y al fumador paliducho del cuello con mis manos y apreté a ambos, mientras que mirando a Kayx dije en el tono más bajo sin llegar a susurrar:
-Estas mierdas pasan por tu impuntualidad. Ahora sígueme que tengo que limpiar la basura donde nadie nos vea. Te apuesto la cena a que alguien los mandó. La próxima vez como te tardes, te arranco las orejas, ¿Se te grabó?
Salí entonces de la taberna, llevando a ambos mocosos a rastras conmigo hasta el callejón trasero de la propia taberna, donde sin soltarlos, los puse frente a mí y sin quitarles el ojo de encima y en un tono que claramente denotaba mi esfuerzo en detener mis ganas de matarles, les dije:
-A ver, par de idiotas. Me van diciendo ya mismo qué mierdas quieren o les juro que de aquí no salen. ¿Quién los mandó? y espero la puta verdad, porque tengo un oído increíble para las mentiras, ¿Se les grabó?
No quiero pelear, pero las ganas de librar al mundo de estos dos no hacían más que aumentar. De ellos dependería lo que estaba por ocurrir.
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