30-05-2025, 09:36 PM
Dado en el día 81 del mes de Escandalio, del año 19 después del nacimiento de Nuestra Señora Velvette, nyah~.
—Si no es mi cachalote favorito —dijo con media sonrisa, ladeando la cabeza— O era un manatí... ¿o un esturión con anorexia? En fin, qué alegría que hayas salido del océano para saludarme, cariño nyah~— El intercambio con Emalf fue tan natural como retorcido. Había veneno y afecto en cada frase, como si su relación estuviera construida sobre insultos bien medidos y el desprecio mutuo exacto para no matarse... todavía —Y a ver si te callas, espectador de tercera. ¿Qué sabes tú de tetas si te excitas con el sonido de una cafetera? —le espetó con desdén teatral, mientras se ajustaba la ropa como si realmente le importara su comentario—Tócame una y luego vuelve a decir lo mismo, narval nyah~.
Fue entonces cuando otra voz interrumpió el espectáculo. Un tono claro, fuerte, cargado de seguridad. Velvette giró lentamente la cabeza hacia el recién llegado, como una fiera irritada por un nuevo intruso en su territorio.
—¿Tú quién coño eres, un guardaespaldas sacado de un chiste malo? —bufó al ver la venda en sus ojos, cruzándose de brazos—No permitiré que te entrometas entre él y yo nyah~— Se plantó delante de Axel como una gata montesa protegiendo un juguete nuevo —No te equivoques, cegatón. Este es mi hombre. Ya lo marqué, lo olfateé, lo declaré esposo frente al bar entero y hasta tengo testigos. Si quieres hacer algo útil, vete a jugar con tu hacha a otra parte— Volvió a mirar a Axel, dulcificando el rostro solo para él —Tú ni hables, cielo. No vayas a estresarte. Yo me encargo de espantar a todos .estos cuervos nyah~-
Y así, sin más, volvió a abrazar su presencia como si fuera su posesión más preciada. El mundo podía arder, otra vez.
El agarre llegó sin previo aviso, y para cualquier otra persona, el estrangulamiento brutal de un desconocido misterioso sería razón suficiente para entrar en pánico o perder el control. Pero Velvette no era "cualquiera". Cuando los dedos firmes se cerraron sobre su cuello, no soltó un grito de terror. Lo que salió de su boca fue un jadeo entrecortado, seguido de una risa ahogada cargada de una mezcla tan errática de entusiasmo, delirio y placer que provocó escalofríos a más de un testigo en el bar.
—¡¿Lo ves?! —gimoteó, ahogada y feliz, mientras era arrastrada sin compasión— ¡¡Sabía que eras de los que gustan con las manos nyah~!!
Las botas de la gata chirriaban sobre el suelo mientras su cuerpo era arrastrado por el encapuchado sin esfuerzo alguno. Pero en su rostro no había indignación. Al contrario: brillaba como una adolescente enamorada en plena fantasía de novela erótica pirateada. Sus pupilas estaban dilatadas, sus mejillas sonrojadas y el hilo de voz con el que balbuceaba se teñía de idolatría grotesca —¡Duro pero cariñoso! ¡Frío por fuera, volcánico por dentro! ¡Mi tipo favorito, nyah!
Los clientes del bar murmuraban entre risas incómodas y miradas de "esto ya es demasiado" mientras Axel salía arrastrando a los dos elementos más escandalosos del local. Una vez en el callejón, Velvette fue arrojada de pie con brusquedad frente a su captor, y aunque su garganta luchaba por recuperar el aire, su sonrisa seguía intacta.
—Si esto es una declaración de intenciones, ¡acepto! ¡Acepto ser tuya, tu esclava de amor y dolor, nyah~! ¡¿Lo ves, Emalf?! ¡¡Es un bruto con corazón, como a mí me gustan nyah !!— Se tambaleó un poco al recobrar el equilibrio, llevando las manos a su garganta con una mezcla de dramatismo y devoción. Tosió un par de veces, pero incluso su tos sonaba sugerente. Se inclinó hacia Axel, aún sin aprender la lección —Si querías llevarme al callejón oscuro para estrangularme, ¡al menos pídeme permiso la próxima vez, semental nyah! —le guiñó un ojo, claramente creyendo que todo era un elaborado ritual de cortejo.
Aunque le costaba respirar y se tambaleaba por la falta de oxígeno, Velvette estaba radiante. Incluso jadeando, arrastraba el tono con un ronroneo pervertido.
—No hace falta que lo disimules más... Sé que estás igual de prendido que yo... Solo mírame... ¿O es que también te excita hacer esto con los ojos cerrados? ¡Eres un maldito artista del fetiche, nyah~!
Para cualquiera con dos dedos de frente, la situación era crítica.. para Velvette, era el mejor día de su vida. O, al menos, el más intenso. A su manera torcida, acababa de enamorarse aún más y en su mundo... eso era lo más peligroso de todo.
Mientras la presión sobre su cuello aumentaba, Velvette no luchó ni intentó zafarse, sino que se dejó hacer con un estremecimiento que nacía más del deseo que del miedo. Su cuerpo temblaba de forma sutil, su respiración cada vez más cortada y dificultosa, y sus ojos brillaban con un fulgor trastornado que parecía ignorar completamente el riesgo real en el que se encontraba.
La falta de aire no fue interpretada por su mente como una amenaza, sino como un juego peligroso. Su corazón latía con fuerza desmedida, las mejillas encendidas por la falta de oxígeno, los músculos tensos entre el gozo y el colapso. Algún quejido apenas audible se escapó de su garganta, entre jadeos que buscaban aire y algo más
—Joder… creo que me voy a enamorar nyah~...—susurró en un hilo de voz casi inaudible, mientras su conciencia comenzaba a flaquear.
La línea entre el placer y la locura seguía difuminándose.
Y ella, como siempre, la cruzaba sin dudarlo.
—¡Miau~! —gimió entrecortadamente mientras su sonrisa se ampliaba.
Estaba siendo asfixiada... Lo sabía... El aire comenzaba a faltarle, sus piernas se agitaban como las de un pez fuera del agua, su espalda se arqueaba por instinto, pero su mirada… esa no temblaba. Se mantenía fija en Axel, brillante, hambrienta.
Una carcajada ahogada escapó de su garganta, seguida de una sacudida involuntaria. Un estremecimiento evidente recorrió todo su cuerpo, y en vez de forcejear o insultar, sus pupilas se dilataron aún más. Las mejillas enrojecidas. El aliento tembloroso.
—Creo... que... "Aaah... nyah~..."—musitó con voz apenas audible, jadeando, en un tono más cargado de deseo que de queja.
Los dedos de Axel oprimían, y cada segundo sin aire parecía convertirla más en un desastre humano. Su cola invisible se enroscaba en el aire como una danza histérica, y cuando la presión llegó a su punto máximo, su cuerpo se estremeció con un espasmo claro.
Su expresión se transformó en una mezcla de devoción enfermiza y éxtasis puro.
—…ny...ah~ — dejo escapar con una última bocanada de aire antes de que sus ojos se pusieran vidriosos por la falta de oxígeno.
El cuerpo de Velvette quedó colgando, no inconsciente, pero peligrosamente cerca, tambaleante, con una sonrisa idiota en los labios y una expresión de completa sumisión.
—Si no es mi cachalote favorito —dijo con media sonrisa, ladeando la cabeza— O era un manatí... ¿o un esturión con anorexia? En fin, qué alegría que hayas salido del océano para saludarme, cariño nyah~— El intercambio con Emalf fue tan natural como retorcido. Había veneno y afecto en cada frase, como si su relación estuviera construida sobre insultos bien medidos y el desprecio mutuo exacto para no matarse... todavía —Y a ver si te callas, espectador de tercera. ¿Qué sabes tú de tetas si te excitas con el sonido de una cafetera? —le espetó con desdén teatral, mientras se ajustaba la ropa como si realmente le importara su comentario—Tócame una y luego vuelve a decir lo mismo, narval nyah~.
Fue entonces cuando otra voz interrumpió el espectáculo. Un tono claro, fuerte, cargado de seguridad. Velvette giró lentamente la cabeza hacia el recién llegado, como una fiera irritada por un nuevo intruso en su territorio.
—¿Tú quién coño eres, un guardaespaldas sacado de un chiste malo? —bufó al ver la venda en sus ojos, cruzándose de brazos—No permitiré que te entrometas entre él y yo nyah~— Se plantó delante de Axel como una gata montesa protegiendo un juguete nuevo —No te equivoques, cegatón. Este es mi hombre. Ya lo marqué, lo olfateé, lo declaré esposo frente al bar entero y hasta tengo testigos. Si quieres hacer algo útil, vete a jugar con tu hacha a otra parte— Volvió a mirar a Axel, dulcificando el rostro solo para él —Tú ni hables, cielo. No vayas a estresarte. Yo me encargo de espantar a todos .estos cuervos nyah~-
Y así, sin más, volvió a abrazar su presencia como si fuera su posesión más preciada. El mundo podía arder, otra vez.
El agarre llegó sin previo aviso, y para cualquier otra persona, el estrangulamiento brutal de un desconocido misterioso sería razón suficiente para entrar en pánico o perder el control. Pero Velvette no era "cualquiera". Cuando los dedos firmes se cerraron sobre su cuello, no soltó un grito de terror. Lo que salió de su boca fue un jadeo entrecortado, seguido de una risa ahogada cargada de una mezcla tan errática de entusiasmo, delirio y placer que provocó escalofríos a más de un testigo en el bar.
—¡¿Lo ves?! —gimoteó, ahogada y feliz, mientras era arrastrada sin compasión— ¡¡Sabía que eras de los que gustan con las manos nyah~!!
Las botas de la gata chirriaban sobre el suelo mientras su cuerpo era arrastrado por el encapuchado sin esfuerzo alguno. Pero en su rostro no había indignación. Al contrario: brillaba como una adolescente enamorada en plena fantasía de novela erótica pirateada. Sus pupilas estaban dilatadas, sus mejillas sonrojadas y el hilo de voz con el que balbuceaba se teñía de idolatría grotesca —¡Duro pero cariñoso! ¡Frío por fuera, volcánico por dentro! ¡Mi tipo favorito, nyah!
Los clientes del bar murmuraban entre risas incómodas y miradas de "esto ya es demasiado" mientras Axel salía arrastrando a los dos elementos más escandalosos del local. Una vez en el callejón, Velvette fue arrojada de pie con brusquedad frente a su captor, y aunque su garganta luchaba por recuperar el aire, su sonrisa seguía intacta.
—Si esto es una declaración de intenciones, ¡acepto! ¡Acepto ser tuya, tu esclava de amor y dolor, nyah~! ¡¿Lo ves, Emalf?! ¡¡Es un bruto con corazón, como a mí me gustan nyah !!— Se tambaleó un poco al recobrar el equilibrio, llevando las manos a su garganta con una mezcla de dramatismo y devoción. Tosió un par de veces, pero incluso su tos sonaba sugerente. Se inclinó hacia Axel, aún sin aprender la lección —Si querías llevarme al callejón oscuro para estrangularme, ¡al menos pídeme permiso la próxima vez, semental nyah! —le guiñó un ojo, claramente creyendo que todo era un elaborado ritual de cortejo.
Aunque le costaba respirar y se tambaleaba por la falta de oxígeno, Velvette estaba radiante. Incluso jadeando, arrastraba el tono con un ronroneo pervertido.
—No hace falta que lo disimules más... Sé que estás igual de prendido que yo... Solo mírame... ¿O es que también te excita hacer esto con los ojos cerrados? ¡Eres un maldito artista del fetiche, nyah~!
Para cualquiera con dos dedos de frente, la situación era crítica.. para Velvette, era el mejor día de su vida. O, al menos, el más intenso. A su manera torcida, acababa de enamorarse aún más y en su mundo... eso era lo más peligroso de todo.
Mientras la presión sobre su cuello aumentaba, Velvette no luchó ni intentó zafarse, sino que se dejó hacer con un estremecimiento que nacía más del deseo que del miedo. Su cuerpo temblaba de forma sutil, su respiración cada vez más cortada y dificultosa, y sus ojos brillaban con un fulgor trastornado que parecía ignorar completamente el riesgo real en el que se encontraba.
La falta de aire no fue interpretada por su mente como una amenaza, sino como un juego peligroso. Su corazón latía con fuerza desmedida, las mejillas encendidas por la falta de oxígeno, los músculos tensos entre el gozo y el colapso. Algún quejido apenas audible se escapó de su garganta, entre jadeos que buscaban aire y algo más
—Joder… creo que me voy a enamorar nyah~...—susurró en un hilo de voz casi inaudible, mientras su conciencia comenzaba a flaquear.
La línea entre el placer y la locura seguía difuminándose.
Y ella, como siempre, la cruzaba sin dudarlo.
—¡Miau~! —gimió entrecortadamente mientras su sonrisa se ampliaba.
Estaba siendo asfixiada... Lo sabía... El aire comenzaba a faltarle, sus piernas se agitaban como las de un pez fuera del agua, su espalda se arqueaba por instinto, pero su mirada… esa no temblaba. Se mantenía fija en Axel, brillante, hambrienta.
Una carcajada ahogada escapó de su garganta, seguida de una sacudida involuntaria. Un estremecimiento evidente recorrió todo su cuerpo, y en vez de forcejear o insultar, sus pupilas se dilataron aún más. Las mejillas enrojecidas. El aliento tembloroso.
—Creo... que... "Aaah... nyah~..."—musitó con voz apenas audible, jadeando, en un tono más cargado de deseo que de queja.
Los dedos de Axel oprimían, y cada segundo sin aire parecía convertirla más en un desastre humano. Su cola invisible se enroscaba en el aire como una danza histérica, y cuando la presión llegó a su punto máximo, su cuerpo se estremeció con un espasmo claro.
Su expresión se transformó en una mezcla de devoción enfermiza y éxtasis puro.
—…ny...ah~ — dejo escapar con una última bocanada de aire antes de que sus ojos se pusieran vidriosos por la falta de oxígeno.
El cuerpo de Velvette quedó colgando, no inconsciente, pero peligrosamente cerca, tambaleante, con una sonrisa idiota en los labios y una expresión de completa sumisión.
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