03-06-2025, 03:21 PM
El rugido unificado de los cien Lunaria retumbó por los tabiques como si un dragón primigenio husmease dentro de la piedra en busca de grietas. El aire se volvió denso, vibrante, cargado de polvo desprendido de las juntas. Entre aquel estrépito de alas encadenadas recién liberadas, la voz frágil que surgió de la celda frontal llegó a sus orejas con la nitidez de un silbido que corta la niebla.
Atlas se volvió despacio, sin dejar de sujetar al hombre maltrecho que ya había amarrado a su propio hombro con la banda de cuero que antes portaba el llavero. Acercó el hocico hasta casi rozar la máscara de pico, y, en un susurro ronco, respondió en su lengua:
-Calma, irmão. Tua liberdade agora é promessa gravada na pele. Woof.- la garra enorme introdujo una llave, giró; el hierro crujió y se abrió -Anda comigo, precisamos de cada sopro de coragem lá em cima.- La cerradura cedió, y los grilletes vencieron con un tintineo de derrota metálica. Tomando al hombre con cuidado. Atlas avanzó despacio, paso firme y pesado, con el hombre del pico apoyado en su flanco y el llavero tintineando como campanillas fúnebres. A cada zancada, retomaba el himno...
-¿Como es posible que os hayan encerrado a todos por aquí?, ¿Tan fuerte es ese tal muzan?, me soprende muchísimo, la verdad.... woof.-
Y escuchó una detonación.
Un disparo preciso. Limpio. Se propagó como un latido, y luego... un rugido mayor. Como si el fuego respondiera al clamor.
El Mink sonrió.
—Kelo… você tem uma família linda, cara. —dijo con una voz áspera, orgullosa— Até os céus tão do nosso lado.
Comenzó a ascender. Lentamente. Paso a paso. Con el hombre en brazos, con los gritos de los Lunaria resonando por delante, y con una canción en la garganta que ya no era solo suya, sino la de todos los encadenados:
Cita:—«¿Te refieres a Redsmoke Kelo? Déjame salir de aquí y te llevaré adonde tienen a Sigurd.»
Atlas se volvió despacio, sin dejar de sujetar al hombre maltrecho que ya había amarrado a su propio hombro con la banda de cuero que antes portaba el llavero. Acercó el hocico hasta casi rozar la máscara de pico, y, en un susurro ronco, respondió en su lengua:
-Calma, irmão. Tua liberdade agora é promessa gravada na pele. Woof.- la garra enorme introdujo una llave, giró; el hierro crujió y se abrió -Anda comigo, precisamos de cada sopro de coragem lá em cima.- La cerradura cedió, y los grilletes vencieron con un tintineo de derrota metálica. Tomando al hombre con cuidado. Atlas avanzó despacio, paso firme y pesado, con el hombre del pico apoyado en su flanco y el llavero tintineando como campanillas fúnebres. A cada zancada, retomaba el himno...
-¿Como es posible que os hayan encerrado a todos por aquí?, ¿Tan fuerte es ese tal muzan?, me soprende muchísimo, la verdad.... woof.-
Y escuchó una detonación.
Un disparo preciso. Limpio. Se propagó como un latido, y luego... un rugido mayor. Como si el fuego respondiera al clamor.
El Mink sonrió.
—Kelo… você tem uma família linda, cara. —dijo con una voz áspera, orgullosa— Até os céus tão do nosso lado.
Comenzó a ascender. Lentamente. Paso a paso. Con el hombre en brazos, con los gritos de los Lunaria resonando por delante, y con una canción en la garganta que ya no era solo suya, sino la de todos los encadenados:
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