11-06-2025, 04:49 PM
Las palabras de Karl resonaron en mis oídos mientras sentía con mi haki de observación cómo se preparaba para transformarse usando el poder de su fruta, esa imponente figura emplumada que ya había visto en acción durante la batalla contra Akahige y en entrenamientos anteriores. A lo lejos, una bandada de gaviotas pasó volando en formación hacia el manglar 70, sus graznidos mezclándose con el sonido constante de las olas contra el casco. Su propuesta de combate había encendido algo en mi interior, esa chispa de determinación que me había llevado a entrenar sin descanso durante estos últimos días.
"Te demostrare lo que he aprendido, Karl" – dije, mientras sentía cómo el haki de observación se expandía naturalmente desde mi centro, como ondas invisibles que abarcaban cada centímetro de la cubierta en un radio de 10 metros. A mi izquierda, un grupo de marines transportaba suministros médicos hacia la enfermería del barco, sus pasos apresurados contrastando con el ritmo pausado de los marineros que fregaban la cubierta inferior. Karl seguía su discurso y estaba a nada de realizar su transformación.
En ese preciso instante, y antes de que Karl comenzara a transformarse, con un ligero cambio en la tensión muscular de mis pantorrillas me lance hacia donde se encontraba Karl apuntando al costado donde siempre llevaba esa daga que la había acompañado en tantas batallas. Fue un movimiento rápido, sutil, y efectivo. Sin vacilar, me lancé hacia adelante con una velocidad que me sorprendió incluso a mí mismo. Mis brazos que se habían teñido instantáneamente del negro metálico del haki de armadura hacía unos momentos mientras entablaba esta discusión con mis compañeros de división. En un movimiento fluido, mi mano derecha se dirigió directamente hacia el costado de Karl, donde mis dedos, reforzados con haki, se cerraron alrededor del mango de su daga.
"Lo siento, Comodoro" – murmuré mientras completaba el movimiento, separándome de ella con la daga ahora en mi poder, cuando, justo en ese momento, un delfín gigante emergió del agua a unos cien metros del barco, su cuerpo masivo brillando bajo el sol de mediodía antes de volver a sumergirse con un estruendo que hizo vibrar ligeramente la cubierta bajo nuestros pies. – "pero si vamos a hacer esto, será sin involucrar ninguna arma, solo nuestros puños resonaran este día."
Me alejé varios pasos, dejando otros dos metros de separación entre mí y Karl y aumentando la distancia con Joe a 3 metros en diagonal, manteniendo ambos tipos de haki activos. El de armadura recorría mis brazos como una segunda piel, mientras que el de observación se mantenía expandido, permitiéndome sentir cada movimiento, cada respiración, cada cambio en la postura de mis compañeros en un radio de 10 metros. Era agotador mantener ambos simultáneamente, pero era exactamente el tipo de entrenamiento que necesitaba.
"Joe, acepto también tu desafío" – declaré, girándome hacia el Vicealmirante mientras guardaba la daga de Karl en un bolsillo del kit médico que traía conmigo – "vengan ambos a la vez. Quiero ver si realmente he alcanzado su nivel." – declaré, con una sonrisa que mezclaba desafío y confianza.
La brisa marina golpeaba mi uniforme mientras adoptaba una postura de combate, con los pies ligeramente separados y los brazos semi-flexionados. Desde la cofa del barco, podía escuchar las voces de los vigías reportando el estado de los otros manglares, mientras que en cubierta inferior resonaban los martillazos de los carpinteros reparando los daños de la batalla anterior. Mi respiración se había vuelto más intensa, no por nerviosismo, sino por la adrenalina que empezaba a correr por mis venas. Podía sentir el pulso acelerado de Karl, probablemente sorprendida por mi movimiento inicial, y la calma expectante de Joe, quien parecía estar evaluando mis capacidades.
"Apolo" – dije, sin quitar los ojos de mis oponentes – "si realmente planeas abrir una churrería, mejor será que primero veas lo que un simple soldado puede hacer cuando se decide a pelear en serio."
El haki de observación me susurraba constantemente información: la tensión creciente en los músculos de Karl, la forma en que Joe se preparaba para su propia transformación, incluso el latido ligeramente más acelerado de Apolo, quien a pesar de sus heridas y medicamentos, estaba prestando atención al desarrollo de los eventos. En la distancia, el grito de un oficial dando órdenes para la distribución de raciones se mezclaba con el chirrido metálico de las poleas que izaban velas de repuesto. Incluso podía percibir el aroma de la comida que se preparaba en la cocina del barco, contrastando con el persistente olor salino del mar abierto.
"Te demostrare lo que he aprendido, Karl" – dije, mientras sentía cómo el haki de observación se expandía naturalmente desde mi centro, como ondas invisibles que abarcaban cada centímetro de la cubierta en un radio de 10 metros. A mi izquierda, un grupo de marines transportaba suministros médicos hacia la enfermería del barco, sus pasos apresurados contrastando con el ritmo pausado de los marineros que fregaban la cubierta inferior. Karl seguía su discurso y estaba a nada de realizar su transformación.
En ese preciso instante, y antes de que Karl comenzara a transformarse, con un ligero cambio en la tensión muscular de mis pantorrillas me lance hacia donde se encontraba Karl apuntando al costado donde siempre llevaba esa daga que la había acompañado en tantas batallas. Fue un movimiento rápido, sutil, y efectivo. Sin vacilar, me lancé hacia adelante con una velocidad que me sorprendió incluso a mí mismo. Mis brazos que se habían teñido instantáneamente del negro metálico del haki de armadura hacía unos momentos mientras entablaba esta discusión con mis compañeros de división. En un movimiento fluido, mi mano derecha se dirigió directamente hacia el costado de Karl, donde mis dedos, reforzados con haki, se cerraron alrededor del mango de su daga.
"Lo siento, Comodoro" – murmuré mientras completaba el movimiento, separándome de ella con la daga ahora en mi poder, cuando, justo en ese momento, un delfín gigante emergió del agua a unos cien metros del barco, su cuerpo masivo brillando bajo el sol de mediodía antes de volver a sumergirse con un estruendo que hizo vibrar ligeramente la cubierta bajo nuestros pies. – "pero si vamos a hacer esto, será sin involucrar ninguna arma, solo nuestros puños resonaran este día."
Me alejé varios pasos, dejando otros dos metros de separación entre mí y Karl y aumentando la distancia con Joe a 3 metros en diagonal, manteniendo ambos tipos de haki activos. El de armadura recorría mis brazos como una segunda piel, mientras que el de observación se mantenía expandido, permitiéndome sentir cada movimiento, cada respiración, cada cambio en la postura de mis compañeros en un radio de 10 metros. Era agotador mantener ambos simultáneamente, pero era exactamente el tipo de entrenamiento que necesitaba.
"Joe, acepto también tu desafío" – declaré, girándome hacia el Vicealmirante mientras guardaba la daga de Karl en un bolsillo del kit médico que traía conmigo – "vengan ambos a la vez. Quiero ver si realmente he alcanzado su nivel." – declaré, con una sonrisa que mezclaba desafío y confianza.
La brisa marina golpeaba mi uniforme mientras adoptaba una postura de combate, con los pies ligeramente separados y los brazos semi-flexionados. Desde la cofa del barco, podía escuchar las voces de los vigías reportando el estado de los otros manglares, mientras que en cubierta inferior resonaban los martillazos de los carpinteros reparando los daños de la batalla anterior. Mi respiración se había vuelto más intensa, no por nerviosismo, sino por la adrenalina que empezaba a correr por mis venas. Podía sentir el pulso acelerado de Karl, probablemente sorprendida por mi movimiento inicial, y la calma expectante de Joe, quien parecía estar evaluando mis capacidades.
"Apolo" – dije, sin quitar los ojos de mis oponentes – "si realmente planeas abrir una churrería, mejor será que primero veas lo que un simple soldado puede hacer cuando se decide a pelear en serio."
El haki de observación me susurraba constantemente información: la tensión creciente en los músculos de Karl, la forma en que Joe se preparaba para su propia transformación, incluso el latido ligeramente más acelerado de Apolo, quien a pesar de sus heridas y medicamentos, estaba prestando atención al desarrollo de los eventos. En la distancia, el grito de un oficial dando órdenes para la distribución de raciones se mezclaba con el chirrido metálico de las poleas que izaban velas de repuesto. Incluso podía percibir el aroma de la comida que se preparaba en la cocina del barco, contrastando con el persistente olor salino del mar abierto.
Resumen
Belico
Gastos
Inventario

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