[Pr Abs - Aventura T3] 750k Razones Para Morir
#8
La hecatombe primero. Los pies trayendo la verdad que mi corazón buscó ignorar. Las palabras poéticas solo fueron eso, palabras. El infierno se silenció de golpe en mis oídos; un pitido denso y ensordecedor me recordó que seguía vivo. Las explosiones me arrancaron el aire, la firmeza de los pies, la noción del tiempo. El instante del presente se dibujó en pasado. Solo importaba sobrevivir como gesto adrenalínico. La calada de humo y polvo me hacía toser, vomitar ese estado de invalidez que me poseyó. Mi estúpida anatomía comenzó a temblar, a tiritar, y no de frío ni de miedo. El cuerpo ya no era mío, aunque se movía. No era el mismo, no después del estruendo. Los segundos fueron momentos completos.

Dibujada en el humo, una risa perversa. La voz de quien ensaya en el espejo esta situación una y otra vez. No la voz de un compañero. No la del estratega. Era la voz abierta de una grieta. Era un espectro. Dino, el traidor. Se ríe como si la vida se hiciera a latigazos, gritos y papel robado. Lo que no sabe es que yo vengo de más abajo que este sótano.

Apenas respiro. El oxígeno hace de mi cuerpo un ser más torpe, más lento, más frágil. El equilibrio me es arrebatado cada vez que el pitido invade intenso mis tímpanos, música fúnebre. Sin embargo, aún respiro, aún escucho, aún me puedo mover. Aún estoy vivo. No sano, sino roto. Roto de nuevo. El esqueleto arde, igual que las vísceras, los músculos, las cavidades, los tendones, la esperma. Bajo la máscara, mis ojos, escondidos, tímidos, lograron verlo todo. Reaccionaron antes que la grotesca movilidad que me habitaba. Y lo ven a él, el traidor. Radiante. Glorioso. El que piensa que la gloria se logra con unos pocos billetes. Con un poco de papel donde depositamos nuestra voluntad.

Aunque nunca nos entendiera, y se sintiera gigantescamente superior, jamás dejó que lo ganara la confianza. No nos subestimó, aunque sí nos disminuyó. Dedicó su energía a malgastar el tiempo a su favor. A despreciarnos. A arruinarnos emocionalmente. A narrar con más detalles de los necesarios, como un estúpido poeta, que tuvo que sentir el fuego de sus palabras en la piel, ahora era un idiota antisistema.

Instintivamente me muevo, torpe, senil, buscando erróneamente salir por el lugar por donde entré. Me deslizo como puedo, cuerpo entorpecido. Vi radiante la puerta, el umbral que me sacaría de aquel escenario mortal. Camino entre retazos de piedra y loza, con la toz apoderándose del oxígeno y escapando de la máscara como un lamento. “La puerta, la puerta por la que entramos”. La salvación, esa idea se clavo en mis reflejos.

Mi mano toca el pestillo. Me sostengo en él para levantarme, mi bastón. Pero por más que intentaba moverla, la puerta no cedía. Estaba cerrada. Brutalmente sellada. Otro cálculo del traidor.

-No, no puede ser.

le susurro a mi bufanda, en un acto de compañía frente a la desesperación que parecía apoderarse de mí. Golpeo firme con mis puños. Luego, con ambos brazos intento empujarla. El hierro no responde. Solo el eco de mi inutilidad.

-¡AUXILIO!

Grito sin poesía, seco, buscando una respuesta que sabía inútil. Palabras que solo hacían sordas la violencia que ejercía sobre el pestillo, sin soltarlo. Ya no era un baston, ya no era salvacion, era solo una puerta cerrada.

-¡NECESITAMOS REFUERZOS!

Contenido Oculto

No había pasos. Ni palabras. Solo la risa detrás. La risa fea y burlona. La risa de un dios de la traición. Nuestro Loki. El prodigio vuelto villano. El silencio detrás de la madera me recuerda que estábamos solos. El plan había salido a la perfección. Nadie vendría. No queda otra opción. Debíamos luchar. Movernos. Acabar con el ladrón.

Mi pierna derecha buscaba apoyo entre las lozas. Respuestas. Cargado de la ira que se apoderó de mí tras los gritos de auxilio, lo observo a Dino. Con el brazo en alto, como buscando dar escarmiento a los hombres a los que le quito la libertad. Buscando dañar mi cuerpo como capricho. Salto un metro al lateral, buscando acercarme a mi tímido compañero, que parecía no estar seguro si esto era un sueño o la realidad. Me quedé callado. No le dije nada. No sabía qué decir. No soy quien da las órdenes. Soy quien las cumple.

Tomo a Grau con mi diestra, y con un gesto señalo a mi compañero con los setenta y seis centímetros de alas rotas que me mantienen etéreo en este, el prólogo de mi muerte. Con un leve movimiento de mi cuerpo coloco un pie como pivote y fijo mis ojos en mi rival. ¿Quién atacará primero entonces? Mejor dicho, ¿quién atacará ahora? Él ya dio su primer golpe.
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RE: [Pr Abs - Aventura T3] 750k Razones Para Morir - por Caelum Drift - 16-06-2025, 02:20 PM

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