21-06-2025, 02:30 PM
(Última modificación: 21-06-2025, 02:44 PM por Atlas Gomes Lupus.)
Atlas subió las ultimas escaleras con el torso inclinado hacia adelante, como si emergiera por fin del túnel despues de una jornada entera.. a su espalda, los tablones crujían bajo el peso desigual de las personas que había dejado atrás ahora siendo nuevos aliados. El aire nocturno impactó en su rostro al momento en el se encontró el patio destrozado.. las puertas principales que dejaban entrar el fulgor blanco de los focos que inundaban el patio.. había gritos, pólvora, olor a sangre... y una ráfaga de viento cargada por el olor de pétalos marchitos que se colaba por la estancia, no supo de donde venía pero por alguna razón se le helaba la columna, como si la naturaleza soltara algun tipo de suspiro antes de desmoronarse.
Se volvería hacia la luz exterior, allí, sobre el empedrado del patio, vio al tirano: Muzán, traje rojo sangre, ojos como carbones encendidos, una pierna aprisionada por la sustancia pegajosa disparada desde la distancia. Y frente a él, se encontraba Kelo, por el otro, Berry y un puñado se esclavos sujetaban a una chica peliblanca, a la cual había visto antes de adentrarse a la mansión pero claramente no la conocía, supuso que era del grupo de Muzan, así que no le importaba demasiado, eso sí. La chica parecía forcejear a dentelladas entre súplicas histéricas.... patético.
Atlas inhaló. Sintió la camisa prestada pegada al torso y, por primera vez en mucho tiempo, se percató de la pieza de tela que llevaba al cuello, la verdad es que no se acordaba de haberse puesto aquella ropa: una simple corbata negra, fina, absurda sobre su piel de luchador. Sonrió con dientes afilados. Dio un paso al frente. Otro. Y mientras caminaba, alzó ambas manos hasta el cuello, aflojando el nudo con parsimonia, dejando que todos vieran el gesto, como un rito. Alzando la voz para dirigirse al esclavista que ahora estaba atrapado.
-Eu vi correntes quebradas esta noite- Arrancó en su idioma natal, claro como un hachazo de agua fría... pero paro al segundo, sabiendo que muzan no le iba a entender. -Vi voces silenciosas elevarse como truenos, vi el coraje nacer donde la muerte había plantado raíces....
Su voz era grave y serena; respaldada por la sinfonía lejana de grilletes rotos, reverberó bajo la cúpula rota del cielo de otoño. Siguió avanzando poco a poco, sin prisa. A cada zancada, la corbata se deslizó un poco más hasta quedar colgando de dos dedos, como un insecto moribundo.
-Muzan, construiste este palacio sobre huesos y miedo…- escupió, deteniéndose a pocos metros, dando un salto para acercarse donde estaba Berry. -…pero olvidaste que incluso el suelo que pisas puede rebelarse....- Levantó el brazo. Dejó caer la corbata al polvo, aplastándola con la planta descalza como si fuese una serpiente degollada. El silencio se hizo un segundo entre los estertores del combate.... -Hoy, has ganado muchos enemigos, demonio en la tierra...- el sabueso se quedaría enfrente de berry y de aki. -Es hora de que te des cuenta... es hora de que presencies...- tronó entonces, alzando la voz hacia todos, hacia los vivos, los caídos, los que vendrían después -LA VOLUNTAD DE LOS DEBILES.
Atlas no le dio margen para replicar. Giró de golpe sobre el talón derecho y observó a Aki, dando unos ligeros saltitos mientras preparaba su cuerpo, daría una pequeña vuelta sobre si mismo para apoyar las manos en el suelo y levantar su pierna derecha en un arco ascendente que trataría de golpear el rostro de Aki desde la mandíbula. Para despues girar sobre mi mismo y acabar con un ataque descendente a su cabeza. -Bicha louca, acabou tua dança! WOOF. Por cierto, hay un olor floral raro.
En ese momento sonreiría a muzan y su cuerpo empezaría a desvanecerse bajo tierra.
Se volvería hacia la luz exterior, allí, sobre el empedrado del patio, vio al tirano: Muzán, traje rojo sangre, ojos como carbones encendidos, una pierna aprisionada por la sustancia pegajosa disparada desde la distancia. Y frente a él, se encontraba Kelo, por el otro, Berry y un puñado se esclavos sujetaban a una chica peliblanca, a la cual había visto antes de adentrarse a la mansión pero claramente no la conocía, supuso que era del grupo de Muzan, así que no le importaba demasiado, eso sí. La chica parecía forcejear a dentelladas entre súplicas histéricas.... patético.
Atlas inhaló. Sintió la camisa prestada pegada al torso y, por primera vez en mucho tiempo, se percató de la pieza de tela que llevaba al cuello, la verdad es que no se acordaba de haberse puesto aquella ropa: una simple corbata negra, fina, absurda sobre su piel de luchador. Sonrió con dientes afilados. Dio un paso al frente. Otro. Y mientras caminaba, alzó ambas manos hasta el cuello, aflojando el nudo con parsimonia, dejando que todos vieran el gesto, como un rito. Alzando la voz para dirigirse al esclavista que ahora estaba atrapado.
-Eu vi correntes quebradas esta noite- Arrancó en su idioma natal, claro como un hachazo de agua fría... pero paro al segundo, sabiendo que muzan no le iba a entender. -Vi voces silenciosas elevarse como truenos, vi el coraje nacer donde la muerte había plantado raíces....
Su voz era grave y serena; respaldada por la sinfonía lejana de grilletes rotos, reverberó bajo la cúpula rota del cielo de otoño. Siguió avanzando poco a poco, sin prisa. A cada zancada, la corbata se deslizó un poco más hasta quedar colgando de dos dedos, como un insecto moribundo.
-Muzan, construiste este palacio sobre huesos y miedo…- escupió, deteniéndose a pocos metros, dando un salto para acercarse donde estaba Berry. -…pero olvidaste que incluso el suelo que pisas puede rebelarse....- Levantó el brazo. Dejó caer la corbata al polvo, aplastándola con la planta descalza como si fuese una serpiente degollada. El silencio se hizo un segundo entre los estertores del combate.... -Hoy, has ganado muchos enemigos, demonio en la tierra...- el sabueso se quedaría enfrente de berry y de aki. -Es hora de que te des cuenta... es hora de que presencies...- tronó entonces, alzando la voz hacia todos, hacia los vivos, los caídos, los que vendrían después -LA VOLUNTAD DE LOS DEBILES.
Atlas no le dio margen para replicar. Giró de golpe sobre el talón derecho y observó a Aki, dando unos ligeros saltitos mientras preparaba su cuerpo, daría una pequeña vuelta sobre si mismo para apoyar las manos en el suelo y levantar su pierna derecha en un arco ascendente que trataría de golpear el rostro de Aki desde la mandíbula. Para despues girar sobre mi mismo y acabar con un ataque descendente a su cabeza. -Bicha louca, acabou tua dança! WOOF. Por cierto, hay un olor floral raro.
En ese momento sonreiría a muzan y su cuerpo empezaría a desvanecerse bajo tierra.
casinha de cachorro
