21-06-2025, 02:55 PM
El joven, pero no pequeño, Kelvin se encuentra en el poblado de los gigantes en Korossasu, su idea es conseguir materiales para hacer unas cuantas cosas con su oficio, claramente, de su tamaño, pues por el momento no tiene a mucha gente con la cual interactuar y a la cual hacerle nada, básicamente viaja en solitario, aunque está más que acostumbrado a ello, lleva mucho tiempo solo, desde que su familia fue asesinada, hasta que se encontró con la revolucionaria, y posteriormente cuando comenzó sus viajes como revolucionario, siempre estuvo prácticamente solo, apenas acompañado por una criatura que era casi como una pulga para él, pero que le hacía bastante compañía y hacía que se sintiera a gusto.
Tiene un arma de asta que puede usar para pelear en caso de necesitarlo, pero es consciente de que se puede romper, y necesitaría de otra arma o algo que le permita arreglarla, salvo que la ruptura sea irreparable, pero igualmente buscará materiales suficientes para hacer algo. Y si puede, que sobre para arreglar.
Teniendo un bisento como arma, su idea es mantenerse en algo así, pero quizás con algún diseño más práctico para según que situaciones. Busca una guan dao, algo similar a lo que ya tiene, pero con el filo mejor posicionado, dando una vertiente diferente de movimientos y posibilidades para el gigante, teniendo en cuenta su tamaño y que su arma tendrá un tamaño acorde, los daños que pueda causar son realmente considerables si alguien los recibe de lleno.
Los pasos del revolucionario son calmados y acompasados con un leve tarareo, mientras Mdofarak se encuentra escondido en uno de los muchos bolsillos de los ropajes del gigante, donde tiene cobijo, comida, y cuando necesita, Kelvin le entrega agua. La comodidad de ese animalito es asombrosa, en comparación, era como si una persona viviera constantemente en un castillo con comida y bebida servidas.
Su mirada se dirigía por todos lados, procuraba entrar solo en aquellas construcciones que claramente no tenían dueño, no fuera a robarle algo a alguien que simplemente había salido de viaje. Acero, madera, cualquier cosa que le sirviera para hacer un arma era lo que buscaba.
Sus pasos eran calculados, no quería pisar por accidente algo útil. Sus ojos se fijaban en todos lados, con mucha atención al suelo, para no pisar nada que le molestara o causara daños por no andar con cuidado a la hora de pisar. No tardó en dar con un buen listón de madera en una de las edificaciones vacías, no tenía puertas, tampoco ventanas, así que era plausible y factible asumir que no tenía dueño, o que el dueño no se importaba con aquello ni con lo que le pasara.
El chico tomó el listón y lo colocó en un petate improvisado para recoger materiales, ya encontraría una forma más eficiente y menos miserable de transportar los materiales. Obviamente, había revisado el listón para asegurarse de que se encontrara en buen estado, y que no fuera casi como pedir para que se le rompiera el arma que fabricara o reparara con aquella madera.
El acero por otra parte, sería algo más complicado de conseguir, siendo un material más difícil de encontrarse, al no ser algo natural. Un listón de madera tampoco es que fuera natural encontrárselo, pero era más sencillo hacer un listón de madera que acero.
Sus pasos buscarían cualquier edificio que fuera similar a una forja, pues si en algún lugar debía de haber acero, era en una forja o herrería, pues era el lugar donde se fabricaba todo, desde utensilios del hogar, hasta armas, y muchos de esos eran forjados en hierro o acero. Para algunos herreros les valía con encontrar hierro, pero el procedimiento para convertirlo en acero era delicado y largo, por lo que el gigante preferiría encontrar directamente el acero.
No tardó demasiado en encontrar un lugar que aparentemente, a la distancia, podía ser una forja. Una larga chimenea, una zona aislada del resto de la construcción, y ubicada en uno de los extremos del poblado, igualmente lejos de la zona boscosa, no fuera a provocar un incendio por accidente al salir volando alguna chispa o viruta al rojo vivo de la forja. Los pasos de Einstein lo llevaron hasta el lugar, encontrándose con un horno, un yunke y una especie de bañera o estanque, claramente donde mantenían el agua para enfriar el metal.
Sus ojos escrutaron todo el lugar, buscando cualquier indicio de vida actual o reciente en él. Cuando hubo comprobado que nadie estaba, se adentró en la zona del horno, donde solían guardar los productos antes de mandarlos a la zona comercial para su venta. Con cuidado de no pisar nada que pudiera quemarlo o cortarlo, se dio una vuelta por el horno, encontrando varias rocas de acero, las llamaba rocas pues no tenían forma de lingote, tampoco de lozas, parecían rocas que encontrarías en el campo. Quizás las dejaron enfriar así porque no tenían ninguna solicitud en la cual trabajar para usarlas.
Las tomó y las guardó junto a la madera, con cuidado de que no se partiera la madera al introducir el acero. Ahora quedaba descansar un poco, había caminado bastante y tenía que comer, además, sería más sencillo para él planificar qué hacer con cada cosa, y qué sería lo primero que haría, si construir un arma o preparar medidas para arreglar una.
El joven valoró que aquella zona era ideal para un descanso, realmente tenía un horno, una mesa, un yunke, y no parecía que molestara a nadie que estuviera por allí, así que se sentó como pudo en el suelo del taller y comenzó a escribir en un cuaderno planes, ideas, dejando salir cualquier idea que surgiera en su mente, luego las ordenaría y vería cual de ellas era más factible a corto-medio plazo, luego analizaría las ideas a largo plazo y elaboraría un plan para hacer acopio de todo lo necesario para cumplirlas, pero por el momento, comería algo que tenía ya algo de hambre, por suerte, siempre llevaba algo como una ración de comida por si lo necesitaba. Quizás en otro momento preparara algo en un horno, pero el de la herrería no era ideal para comidas no.
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