18-07-2025, 05:48 AM
(Última modificación: 18-07-2025, 06:06 AM por Sigurd Haakon.)
La batalla ha terminado. Apenas ha sido un desafío para mí. Todos los hombres de Magnus han sido derrotados de un plumazo, sin mucha dificultad. Me planto frente a él, pidiéndole más sangre, pero este ya ha visto lo que quería ver. Ya sabe que ha apostado por el caballo ganador. Sin más rodeos, me ofrece una dirección y me pide que descanse allí los próximos días. A cambio de discreción, me ofrece comida, bebida y mujeres. Todo lo que un guerrero de valor necesita. Con una sonrisa en la cara acepto complacido. Esto es lo que uno obtiene cuando es el más fuerte. Lo que desea. Un lugar donde hartarse a comer y a chuscar. Y solo salir para seguir luchando. Cuando cumpla con mi parte y salga de aquí en el barco de los Soles Púrpura... Admito que echaré de menos Whisky Peak.
Los días pasan rápido. Me he dedicado durante todo este tiempo a descansar los músculos, a llenar el estómago y a los rituales más salvajes con las mujeres más provocativas que mi benefactor me ha podido conseguir. Han sido días de ensueño. Pero ya toca trabajar. Mientras maquino tranquilamente sobre mis siguientes pasos para abandonar la isla, aparece el feo de Magnus atravesando el patio. El día está nublado, pero él parece feliz, sonriente. Con solo verle cruzar la puerta y venir hacia mi, ya sé que sucede. Ha llegado el momento de demostrar lo que valgo. Pero esta vez, no contra un puñado de peleles. Sino contra verdaderos peleadores experimentados. Es el momento de ganarme el billete de partida. Con su pregunta, me levanto lentamente y le devuelvo la sonrisa, impaciente por empezar a pelear. Con su orden, recojo a Yggdrasil, que está clavada en la gran roca del centro del patio y, a paso ligero, avanzo tras él.
El paseíto por las calles de Whisky Peak es digno de un Bucanero como yo. Todos se giran al verme, al ver la potencia de mis músculos y mi enorme tamaño. No son conscientes aún del espectaculo sangriento que pienso liar. Llegamos pronto a una plaza de gran tamaño, en mitad del pueblo. Allí se aglomeran un montón de personas que quieren verme ganar el torneo. Más que nada porque no habrá otro resultado posible. La plaza se divide en tres zonas muy diferenciadas. En los exteriores, unas gradas donde se ve a gente con dinero y buenas ropas. Gente a la que impresionar. En el centro, un pequeño escenario cuadrado lleno de barro, de no mucho más de 10 metros por lado. Ahí es donde pienso matar a mis adversarios. El resto de la plaza, gente llegada desde todas partes, murmurando y rugiendo por ver los mejores combates. Un público estupendo.
Con una mueca asesina, espero en mi esquina a que me den la orden de acabar con mi rival. Este espera en la esquina opuesta. Un hombre, de inmenso tamaño para los suyos, pero no más grande que Yggdrasil. Medirá unos 2 metros y medio. 3 como mucho. Es ancho, de buena espalda y cara de pocos amigos. Porta una espada tan grande como él. Parece devastadora, pero poco práctica para un hombrecito. Lo miro con altanero. Parece frío y aterrador, pero esa es la cara de aquellos que saben que van a morir. Las batallas se esperan con deseo y euforia, no con cara de culo.
Un hombre aguarda entre nosotros, un humano diminuto y bien vestido. Tras un gesto autoritario, se hace el silencio, y el anciano empieza a hablar. Con una voz poderosa, empieza presentándome al público. Y con los vítores a mi nombre, yo alzo el puño derecho, levantando a Yggdrasil, orgulloso y fiero como una bestia. Es mi momento. Todos me van a conocer. Van a ver el poder de un guerrero del mar. Al acabar las presentaciones, el viejo se retira y hace sonar un gong. El combate comienza.
Conrad desenvaina su espada. La maneja con una sola mano y se pone en guardia, sin moverse del sitio. Me lanza una mirada desafiante, así que le respondo con una sonrisa infernal. Agarro con fuerza el mango de Yggdrasil, cargándola con ambas manos frente a mi pecho, con una hoja apuntando al calvo y la opuesta apuntándome a mí. -Ten mucho cuidado, cazador...- empiezo a gritar una frase con recochineo y en tono burlesco. Entonces, sin esperar un segundo más, flexiono las rodillas y cargo contra el espadachín con un bote casi paralelo al suelo. Un desplazamiento que apenas me levanta centímetros del suelo, en un salto poderoso pero lento. Mientras sucede , cargo a Yggdrasil por detrás de mi nuca, dejando el filo atrasado para lanzar un poderoso tajo horizontal. Los músculos de los brazos se tensan como un resorte a punto de estallar. Cuando tengo a tiro a hombrecillo, apoyo ambos pies de nuevo en el barro y descargo toda mi fuerza en un ataque devastador contra su cuello, como si fuera a partir un tronco de un solo golpe. El viento silba con la trayectoria del acero, hasta que que impacta, desgarrando carne y hueso. El arma entra por un lado del y sale por el otro, mandando a volar la cabeza del tipo a varios metros por la pura fuerza devastadora. Entonces, mientras el cuerpo decapitado se desploma, termino de humillar a mi adversario terminando la frase con la que empecé unos segundos antes -...No vayas a perder la cabeza. ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL JUL...!!!-
Me empiezo a descojonar de forma salvaje mientras me retiro a mi esquina. El público puede gritar emocionado, aterrorizado o como le de la gana. Eso me da igual. Todos han sido testigos de lo letal que puedo llegar a ser, y que me alzo victorioso una vez más. Eso es lo único que importa. Una vez en mi esquina, señalo con mi hacha a la grada de la gente con dinero. A los que mueven el cotarro. A los que manejan los hilos en los bajos mundos y en los comercios. Los miro desafiante y altanero, como aquel que busca ser una leyenda. Y tras pegar un fuerte pisotón , rujo con fuerza -¡¡¡Me llaman Sigurd. Contemplad la fuerza de la tribu más poderosa del mundo!!!-
Aún queda día. Aún quedan combates. Eso espero, si no, que dinero más fácil. El furor de la batalla me invade y necesito saciar esta sed de sangre y peleas que me consume.
Día 20 de Primavera, año 16
Los días pasan rápido. Me he dedicado durante todo este tiempo a descansar los músculos, a llenar el estómago y a los rituales más salvajes con las mujeres más provocativas que mi benefactor me ha podido conseguir. Han sido días de ensueño. Pero ya toca trabajar. Mientras maquino tranquilamente sobre mis siguientes pasos para abandonar la isla, aparece el feo de Magnus atravesando el patio. El día está nublado, pero él parece feliz, sonriente. Con solo verle cruzar la puerta y venir hacia mi, ya sé que sucede. Ha llegado el momento de demostrar lo que valgo. Pero esta vez, no contra un puñado de peleles. Sino contra verdaderos peleadores experimentados. Es el momento de ganarme el billete de partida. Con su pregunta, me levanto lentamente y le devuelvo la sonrisa, impaciente por empezar a pelear. Con su orden, recojo a Yggdrasil, que está clavada en la gran roca del centro del patio y, a paso ligero, avanzo tras él.
El paseíto por las calles de Whisky Peak es digno de un Bucanero como yo. Todos se giran al verme, al ver la potencia de mis músculos y mi enorme tamaño. No son conscientes aún del espectaculo sangriento que pienso liar. Llegamos pronto a una plaza de gran tamaño, en mitad del pueblo. Allí se aglomeran un montón de personas que quieren verme ganar el torneo. Más que nada porque no habrá otro resultado posible. La plaza se divide en tres zonas muy diferenciadas. En los exteriores, unas gradas donde se ve a gente con dinero y buenas ropas. Gente a la que impresionar. En el centro, un pequeño escenario cuadrado lleno de barro, de no mucho más de 10 metros por lado. Ahí es donde pienso matar a mis adversarios. El resto de la plaza, gente llegada desde todas partes, murmurando y rugiendo por ver los mejores combates. Un público estupendo.
Con una mueca asesina, espero en mi esquina a que me den la orden de acabar con mi rival. Este espera en la esquina opuesta. Un hombre, de inmenso tamaño para los suyos, pero no más grande que Yggdrasil. Medirá unos 2 metros y medio. 3 como mucho. Es ancho, de buena espalda y cara de pocos amigos. Porta una espada tan grande como él. Parece devastadora, pero poco práctica para un hombrecito. Lo miro con altanero. Parece frío y aterrador, pero esa es la cara de aquellos que saben que van a morir. Las batallas se esperan con deseo y euforia, no con cara de culo.
Un hombre aguarda entre nosotros, un humano diminuto y bien vestido. Tras un gesto autoritario, se hace el silencio, y el anciano empieza a hablar. Con una voz poderosa, empieza presentándome al público. Y con los vítores a mi nombre, yo alzo el puño derecho, levantando a Yggdrasil, orgulloso y fiero como una bestia. Es mi momento. Todos me van a conocer. Van a ver el poder de un guerrero del mar. Al acabar las presentaciones, el viejo se retira y hace sonar un gong. El combate comienza.
Conrad desenvaina su espada. La maneja con una sola mano y se pone en guardia, sin moverse del sitio. Me lanza una mirada desafiante, así que le respondo con una sonrisa infernal. Agarro con fuerza el mango de Yggdrasil, cargándola con ambas manos frente a mi pecho, con una hoja apuntando al calvo y la opuesta apuntándome a mí. -Ten mucho cuidado, cazador...- empiezo a gritar una frase con recochineo y en tono burlesco. Entonces, sin esperar un segundo más, flexiono las rodillas y cargo contra el espadachín con un bote casi paralelo al suelo. Un desplazamiento que apenas me levanta centímetros del suelo, en un salto poderoso pero lento. Mientras sucede , cargo a Yggdrasil por detrás de mi nuca, dejando el filo atrasado para lanzar un poderoso tajo horizontal. Los músculos de los brazos se tensan como un resorte a punto de estallar. Cuando tengo a tiro a hombrecillo, apoyo ambos pies de nuevo en el barro y descargo toda mi fuerza en un ataque devastador contra su cuello, como si fuera a partir un tronco de un solo golpe. El viento silba con la trayectoria del acero, hasta que que impacta, desgarrando carne y hueso. El arma entra por un lado del y sale por el otro, mandando a volar la cabeza del tipo a varios metros por la pura fuerza devastadora. Entonces, mientras el cuerpo decapitado se desploma, termino de humillar a mi adversario terminando la frase con la que empecé unos segundos antes -...No vayas a perder la cabeza. ¡¡¡JARUL JUL JUL JUL JUL...!!!-
Me empiezo a descojonar de forma salvaje mientras me retiro a mi esquina. El público puede gritar emocionado, aterrorizado o como le de la gana. Eso me da igual. Todos han sido testigos de lo letal que puedo llegar a ser, y que me alzo victorioso una vez más. Eso es lo único que importa. Una vez en mi esquina, señalo con mi hacha a la grada de la gente con dinero. A los que mueven el cotarro. A los que manejan los hilos en los bajos mundos y en los comercios. Los miro desafiante y altanero, como aquel que busca ser una leyenda. Y tras pegar un fuerte pisotón , rujo con fuerza -¡¡¡Me llaman Sigurd. Contemplad la fuerza de la tribu más poderosa del mundo!!!-
Aún queda día. Aún quedan combates. Eso espero, si no, que dinero más fácil. El furor de la batalla me invade y necesito saciar esta sed de sangre y peleas que me consume.
En efecto, cajita feliz
