31-07-2025, 02:57 AM
Las cartas están sobre la mesa. Poca negociación hay que esperar cuando por un lado tienes un ejercicio sediento de sangre y por el otro un coloso Buccaneer sin miedo a la muerte. Aunque esta vez he sido más astuto que el resto. He sabido esquivar un choque directo que acabaría con Magnus y sus hombres y he atacado directamente a la cabeza de la serpiente. Un duelo singular, como se ha hecho toda la vida.
Retar al líder ha sido todo un acierto. En sus ojos se dibuja el miedo de saber que no tiene oportunidad de vencerme, de acabar igual que el más fuerte de su clan aliado. Su destino no sería mejor que el de Conrad, que acabó decapitado por Yggdrasil. Con la certeza de la muerte en caso de aceptar, y la responsabilidad de tomar la decisión como representante de todos los gremios presentes, no le queda más remedio que hincar la rodilla frente a los Soles Púrpura y aceptar la derrota. Magnus ha ganado.
Sonrío burlón y altivo al ver que todos los estandartes rivales van cayendo. Todos se rinden frente a mí y eso me gusta. Con soltura, manteniendo mi posición, recojo la enorme hacha que se encontraba incrustada en el suelo. La apoyo en mi hombro de vuelta, aunque noto su peso más cargante que de costumbre. Ha sido sin duda una gran batalla. No he tenido la suerte de enfrentar a ningún oponente digno, pero el enrome número de mercenarios que han pasado hoy por el filo de Yggdrasil ha sido más que considerable. Me siento algo fatigado.
El ambiente es aún tenso. El tener que doblegarse por la fuerza suele ser algo que no acaba muy bien a la larga. Y menos cuando lo han hecho por mi, que tarde o temprano continuaré mi travesía hasta llegar a la tierra de los dioses en busca de grandes batallas. Pero incluso para eso, Magnus tiene un plan. Camina lento, con ese aire de tener siempre la sartén por el mango. Con su soberbia habitual de saber que es más listo que yo, me lanza un juego de palabras que no se cree ni él, pero que le queda muy bien tirado. Y luego, avanzando un poco más, se planta frente a los conquistados. Con liderazgo pero corazón de guerrero, suelta un discurso que disuelve el odio y tensión entre los presentes.
Sin titubeos ni esperas, el jefe y ganador del torneo de gremios lanza su primera orden. Una orden que sirve para reafirmar su carácter y como es realmente. Su primer mandato es cumplir con su parte del trato y ofrecerme lo que había prometido. No duda en hacerlo delante de todos. En elogiar y entender que esta victoria no es solo suya, sino nuestra. Mientras se amontona el premio y las riquezas las miro con todo el deseo del mundo, como si un niño mirara una bolsa de caramelos. No dejo de pensar en qué pienso derrochar la fortuna acumulada. Pero antes...
-¡¡¡JARUL JUL JUL JUL!!!- me río a carcajadas mientras las bolsas de oro no paran de llegar. -Eres un hombre de palabra, Magnus, aunque no olvides el barco con uno de tus hombres o te las verás conmigo. ¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- suelto el comentario de forma jocosa a modo de broma. Es humor de piratas. Humor de Bucaneros. No espero que los demás lo entiendan, como cuando nos conocimos en la guarida días atrás. Pero sé que Magnus me conoce en lo profundo. Con suerte le sacaré una sonrisa. -Y una cosa más... Un regalo especial que quiero que me hagas por hacer tan bien mi trabajo...- me acerco hacia él. Cada paso hace temblar el suelo, como si fuera a iniciar una pelea en este mismo momento. Y cuando lo tengo en frente... Extiendo el puño cerrado, buscando el choque, sellando una amistad. -Quiero que me regales una bandera con el símbolo de tu gremio. La llevaré a mi lado en mis aventuras y recorrerá el mundo conmigo. ¡JARUL JUL JUL JUL...!-
Quizás en un futuro nuestras espadas choquen. Pero he de admitir que Magnus es un hombre al que respeto. Ha elegido mal el bando por el que luchar. Pero me llevaré un buen recuerdo de este hombre. El líder de los Soles Púrpura.
Retar al líder ha sido todo un acierto. En sus ojos se dibuja el miedo de saber que no tiene oportunidad de vencerme, de acabar igual que el más fuerte de su clan aliado. Su destino no sería mejor que el de Conrad, que acabó decapitado por Yggdrasil. Con la certeza de la muerte en caso de aceptar, y la responsabilidad de tomar la decisión como representante de todos los gremios presentes, no le queda más remedio que hincar la rodilla frente a los Soles Púrpura y aceptar la derrota. Magnus ha ganado.
Sonrío burlón y altivo al ver que todos los estandartes rivales van cayendo. Todos se rinden frente a mí y eso me gusta. Con soltura, manteniendo mi posición, recojo la enorme hacha que se encontraba incrustada en el suelo. La apoyo en mi hombro de vuelta, aunque noto su peso más cargante que de costumbre. Ha sido sin duda una gran batalla. No he tenido la suerte de enfrentar a ningún oponente digno, pero el enrome número de mercenarios que han pasado hoy por el filo de Yggdrasil ha sido más que considerable. Me siento algo fatigado.
El ambiente es aún tenso. El tener que doblegarse por la fuerza suele ser algo que no acaba muy bien a la larga. Y menos cuando lo han hecho por mi, que tarde o temprano continuaré mi travesía hasta llegar a la tierra de los dioses en busca de grandes batallas. Pero incluso para eso, Magnus tiene un plan. Camina lento, con ese aire de tener siempre la sartén por el mango. Con su soberbia habitual de saber que es más listo que yo, me lanza un juego de palabras que no se cree ni él, pero que le queda muy bien tirado. Y luego, avanzando un poco más, se planta frente a los conquistados. Con liderazgo pero corazón de guerrero, suelta un discurso que disuelve el odio y tensión entre los presentes.
Sin titubeos ni esperas, el jefe y ganador del torneo de gremios lanza su primera orden. Una orden que sirve para reafirmar su carácter y como es realmente. Su primer mandato es cumplir con su parte del trato y ofrecerme lo que había prometido. No duda en hacerlo delante de todos. En elogiar y entender que esta victoria no es solo suya, sino nuestra. Mientras se amontona el premio y las riquezas las miro con todo el deseo del mundo, como si un niño mirara una bolsa de caramelos. No dejo de pensar en qué pienso derrochar la fortuna acumulada. Pero antes...
-¡¡¡JARUL JUL JUL JUL!!!- me río a carcajadas mientras las bolsas de oro no paran de llegar. -Eres un hombre de palabra, Magnus, aunque no olvides el barco con uno de tus hombres o te las verás conmigo. ¡JARUL JUL JUL JUL...!!!- suelto el comentario de forma jocosa a modo de broma. Es humor de piratas. Humor de Bucaneros. No espero que los demás lo entiendan, como cuando nos conocimos en la guarida días atrás. Pero sé que Magnus me conoce en lo profundo. Con suerte le sacaré una sonrisa. -Y una cosa más... Un regalo especial que quiero que me hagas por hacer tan bien mi trabajo...- me acerco hacia él. Cada paso hace temblar el suelo, como si fuera a iniciar una pelea en este mismo momento. Y cuando lo tengo en frente... Extiendo el puño cerrado, buscando el choque, sellando una amistad. -Quiero que me regales una bandera con el símbolo de tu gremio. La llevaré a mi lado en mis aventuras y recorrerá el mundo conmigo. ¡JARUL JUL JUL JUL...!-
Quizás en un futuro nuestras espadas choquen. Pero he de admitir que Magnus es un hombre al que respeto. Ha elegido mal el bando por el que luchar. Pero me llevaré un buen recuerdo de este hombre. El líder de los Soles Púrpura.
En efecto, cajita feliz
