31-07-2025, 02:55 PM
El sonido de la lluvia apagándose se mezclaba con el crujido húmedo de las botas sobre el césped, como si incluso el clima contuviera la respiración ante lo que estaba por suceder. Desde la puerta de la iglesia, Krysser observó en silencio.
El desconocido no parecía apresurado. Fumaba con calma, como quien no tenía prisa por llegar a ninguna conclusión, o tal vez, como quien la analizaba con detenimiento. La escena habría sido casi cómica, si no fuera por los dos guardias que lo escoltaban, con manos nerviosas en la empuñadura de sus armas y la arrogancia dibujada en los ojos. Cuando las espadas comenzaron a salir de sus vainas, el Mink tensó los hombros de forma instintiva, pero no dio ni un paso. Aun así, estaba preparado. Siempre lo estaba.
Sin embargo, no hizo falta intervenir. El hombre de la pipa levantó la mano y los que parecían ser sus subordinados detuvieron el avance, obedeciendo con reticencia. Krysser alzó una ceja con disimulo. Aquello no era lo habitual. Casi nadie ponía freno a las espadas una vez desenvainadas.
El forastero avanzó solo, sin escolta, y se detuvo a un metro del umbral. Estaba cerca, pero no lo suficiente como para que Krysser sintiera su espacio invadido. Inteligente.
Se trataba de un extranjero, de eso no había duda. Alzaba alrededor de metro noventa, y aunque delgado, parecía ser un guerrero. Su aspecto noble y sus ropas de seda de alta calidad lo delataban, aunque Krysser no reparó demasiado en el valor de aquellas telas.
-Cao Guojiu es mi nombre , me han traído hasta aquí por despejar esta iglesia, pero yo he venido para escuchar que está sucediendo aquí, ¿Puedo saber tu nombre?
El Mink no respondió al instante. Miró la mano extendida durante unos segundos. No con desconfianza, sino con una calma que parecía medida al milímetro. Finalmente, sin apartar la vista de los ojos del hombre, alzó su enorme garra y estrechó la mano de forma firme, pero sin violencia.
-Krysser. -Dijo, con su voz grave.
-Pareces extranjero, ¿Tú sabes que está sucediendo en este reino? No me han explicado mucho más allá de que están siendo un problema...quiero escuchar vuestra versión.
Dio un paso fuera del marco de la puerta, permitiendo que la luz bañara por completo su figura. A sus espaldas, el sacerdote permanecía en silencio, pero atento. Los niños ya no estaban a la vista.
-Efectivamente, tampoco soy de aquí. Llegué hace poco. Pero ya he visto suficiente. -Sus ojos se entrecerraron, evaluando al recién llegado, buscando signos de arrogancia o mentira en su mirada. Sin embargo, no parecía haber rastro evidente de ninguno, de modo que decidió creer las palabras de Cao Guojiu, al menos por el momento.
-Dijeron que aquí vivían “delincuentes”, ¿no es así? -Krysser ladeó el rostro, como un animal midiendo a su presa. -Pero lo único que encontré fueron niños, gente anciana, y personas que aún creen que hay lugar para la compasión. -Dijo, refiriéndose al sacerdote, e hizo una pausa breve. -No sé por qué estás aquí, ni si estás con ellos... -Añadió, señalando con la cabeza a los soldados detrás. -Pero si eres alguien que realmente quiere entender, entonces, entra. El viejo te lo explicará todo.
Hizo una seña a Thoren para dejar pasar al desconocido, y le había instado a contarle la historia que él mismo escuchó momentos antes. Con eso Krysser se dio media vuelta, entrando nuevamente en el templo, no sin antes volverse y lanzar una mirada amenazante a los soldados que aguardaban fuera, un aviso claro. No era una invitación a cualquiera.
El desconocido no parecía apresurado. Fumaba con calma, como quien no tenía prisa por llegar a ninguna conclusión, o tal vez, como quien la analizaba con detenimiento. La escena habría sido casi cómica, si no fuera por los dos guardias que lo escoltaban, con manos nerviosas en la empuñadura de sus armas y la arrogancia dibujada en los ojos. Cuando las espadas comenzaron a salir de sus vainas, el Mink tensó los hombros de forma instintiva, pero no dio ni un paso. Aun así, estaba preparado. Siempre lo estaba.
Sin embargo, no hizo falta intervenir. El hombre de la pipa levantó la mano y los que parecían ser sus subordinados detuvieron el avance, obedeciendo con reticencia. Krysser alzó una ceja con disimulo. Aquello no era lo habitual. Casi nadie ponía freno a las espadas una vez desenvainadas.
El forastero avanzó solo, sin escolta, y se detuvo a un metro del umbral. Estaba cerca, pero no lo suficiente como para que Krysser sintiera su espacio invadido. Inteligente.
Se trataba de un extranjero, de eso no había duda. Alzaba alrededor de metro noventa, y aunque delgado, parecía ser un guerrero. Su aspecto noble y sus ropas de seda de alta calidad lo delataban, aunque Krysser no reparó demasiado en el valor de aquellas telas.
-Cao Guojiu es mi nombre , me han traído hasta aquí por despejar esta iglesia, pero yo he venido para escuchar que está sucediendo aquí, ¿Puedo saber tu nombre?
El Mink no respondió al instante. Miró la mano extendida durante unos segundos. No con desconfianza, sino con una calma que parecía medida al milímetro. Finalmente, sin apartar la vista de los ojos del hombre, alzó su enorme garra y estrechó la mano de forma firme, pero sin violencia.
-Krysser. -Dijo, con su voz grave.
-Pareces extranjero, ¿Tú sabes que está sucediendo en este reino? No me han explicado mucho más allá de que están siendo un problema...quiero escuchar vuestra versión.
Dio un paso fuera del marco de la puerta, permitiendo que la luz bañara por completo su figura. A sus espaldas, el sacerdote permanecía en silencio, pero atento. Los niños ya no estaban a la vista.
-Efectivamente, tampoco soy de aquí. Llegué hace poco. Pero ya he visto suficiente. -Sus ojos se entrecerraron, evaluando al recién llegado, buscando signos de arrogancia o mentira en su mirada. Sin embargo, no parecía haber rastro evidente de ninguno, de modo que decidió creer las palabras de Cao Guojiu, al menos por el momento.
-Dijeron que aquí vivían “delincuentes”, ¿no es así? -Krysser ladeó el rostro, como un animal midiendo a su presa. -Pero lo único que encontré fueron niños, gente anciana, y personas que aún creen que hay lugar para la compasión. -Dijo, refiriéndose al sacerdote, e hizo una pausa breve. -No sé por qué estás aquí, ni si estás con ellos... -Añadió, señalando con la cabeza a los soldados detrás. -Pero si eres alguien que realmente quiere entender, entonces, entra. El viejo te lo explicará todo.
Hizo una seña a Thoren para dejar pasar al desconocido, y le había instado a contarle la historia que él mismo escuchó momentos antes. Con eso Krysser se dio media vuelta, entrando nuevamente en el templo, no sin antes volverse y lanzar una mirada amenazante a los soldados que aguardaban fuera, un aviso claro. No era una invitación a cualquiera.
