31-07-2025, 09:22 PM
Krysser no interrumpió mientras Cao hablaba. En cambio, permaneció en su rincón, apoyado contra la columna, siguiendo el ir y venir del noble con la mirada. Incluso
Aquel tipo hablaba con calma, pero con la seguridad de alguien que creía en lo que decía. No parecía un charlatán, ni un idealista perdido. Era más como un arquitecto improvisando planos para un puente mientras el río crecía. Sin embargo, en esta ocasión la crecida era demasiado rápida.
El Mink ladeó ligeramente la cabeza cuando escuchó la propuesta. Campos de arroz en la colina, abastecer a los suyos y pagar con excedente. Ingenioso. Muy ingenioso, incluso. Sin embargo, no tenían tiempo ni recursos para prometer algo así, únicamente la promesa de un extranjero. Era inviable. Al menos, si pretendieran cumplirlo realmente.
Cuando Cao terminó de hablar y el silencio volvió a llenar la sala del templo, Krysser bajó la mirada hacia el suelo unos segundos. Sus garras golpearon suavemente contra la piedra, rítmicas, como si acompasaran su pensamiento.
-Es una buena idea. -Dijo finalmente, sin sarcasmo, y con un leve asentimiento que no era fácil de obtener de alguien como él. -Comida, suficiente comida en abundancia... Eso calma el hambre y la rabia. Amansa hasta al más salvaje de los hombres. -Comparaba en el refrán a los hombres con las bestias, y no era para menos dada su experiencia. Su voz era reflexiva, casi respetuosa. Luego alzó los ojos, fijándolos en Cao. -Pero no tenemos tiempo, ni los recursos para algo así. Sería prometer algo que no podremos cumplir...
Se separó de la columna y dio unos pasos por la estancia, recorriendo el pasillo central con su imponente figura mientras hablaba, tratando de explicar el porqué de su razonamiento.
-No tenemos tierras aradas, no tenemos herramientas apropiadas, ni manos suficientes para trabajar un cultivo tan grande sin desatender los que ya labran. Ni siquiera sabemos si esa colina aguantaría el peso de terrazas de agua. -Krysser sabía bien de lo que hablaba, pues en su isla natal era frecuente ser inundados por el gran Zunisha, y no era algo que todo terreno pudiera soportar. -No hay ingenieros, ni materiales. Además... -Se detuvo, girándose hacia el noble, soltando un suspiro de resignación. -¿Crees de verdad que los nobles dejarán pasar todo por una promesa?
Hubo entonces una breve pausa. No era rechazo, sino la voz de alguien que había aprendido a sobrevivir con poco, y que había visto fracasar demasiadas buenas ideas por falta de medios. Si solo esperaban que la realidad fuera suficiente, probablemente no lo sería. Había que adornarla un poco, hacer más dulce aquel anzuelo antes de lanzarlo.
-No estoy diciendo que no sea posible. -Agregó, con tono más bajo. -Lo que propones podría funcionar... Al menos, como una distracción, una forma de ganar tiempo. Si logramos que te escuchen, si consigues convencer a ese noble de que puede ganar más dejando vivir a esta gente que echándolos, tal vez sea posible ganar tiempo. Pero no basta con venderles un poco de arroz, no les importa que su pueblo no pase hambre. No, debe ser algo que tiente a esos egoistas, que los haga pensar que se harán ricos. Y, si vas a venderles esa idea, más te vale hacerlo rápido. Y sonar muy convincente. -Se cruzó de brazos, su mirada fija en la puerta como si ya pudiera oír las botas acercándose a lo lejos.
-Usar tu plan no como solución, sino como distracción. Una falsa promesa. Algo que los mantenga ocupados mientras nosotros buscamos una salida real. -Lo miró de reojo. -¿Podrías venderlo así?
La última frase no tenía tono de desafío. Era una pregunta honesta, un gesto de confianza. Porque por primera vez, Krysser empezaba a creer que aquel extraño vestido de noble tal vez no era solo un viajero con buenos modales, sino un aliado con una forma similar de ver el mundo y lo que era la justicia.
Aquel tipo hablaba con calma, pero con la seguridad de alguien que creía en lo que decía. No parecía un charlatán, ni un idealista perdido. Era más como un arquitecto improvisando planos para un puente mientras el río crecía. Sin embargo, en esta ocasión la crecida era demasiado rápida.
El Mink ladeó ligeramente la cabeza cuando escuchó la propuesta. Campos de arroz en la colina, abastecer a los suyos y pagar con excedente. Ingenioso. Muy ingenioso, incluso. Sin embargo, no tenían tiempo ni recursos para prometer algo así, únicamente la promesa de un extranjero. Era inviable. Al menos, si pretendieran cumplirlo realmente.
Cuando Cao terminó de hablar y el silencio volvió a llenar la sala del templo, Krysser bajó la mirada hacia el suelo unos segundos. Sus garras golpearon suavemente contra la piedra, rítmicas, como si acompasaran su pensamiento.
-Es una buena idea. -Dijo finalmente, sin sarcasmo, y con un leve asentimiento que no era fácil de obtener de alguien como él. -Comida, suficiente comida en abundancia... Eso calma el hambre y la rabia. Amansa hasta al más salvaje de los hombres. -Comparaba en el refrán a los hombres con las bestias, y no era para menos dada su experiencia. Su voz era reflexiva, casi respetuosa. Luego alzó los ojos, fijándolos en Cao. -Pero no tenemos tiempo, ni los recursos para algo así. Sería prometer algo que no podremos cumplir...
Se separó de la columna y dio unos pasos por la estancia, recorriendo el pasillo central con su imponente figura mientras hablaba, tratando de explicar el porqué de su razonamiento.
-No tenemos tierras aradas, no tenemos herramientas apropiadas, ni manos suficientes para trabajar un cultivo tan grande sin desatender los que ya labran. Ni siquiera sabemos si esa colina aguantaría el peso de terrazas de agua. -Krysser sabía bien de lo que hablaba, pues en su isla natal era frecuente ser inundados por el gran Zunisha, y no era algo que todo terreno pudiera soportar. -No hay ingenieros, ni materiales. Además... -Se detuvo, girándose hacia el noble, soltando un suspiro de resignación. -¿Crees de verdad que los nobles dejarán pasar todo por una promesa?
Hubo entonces una breve pausa. No era rechazo, sino la voz de alguien que había aprendido a sobrevivir con poco, y que había visto fracasar demasiadas buenas ideas por falta de medios. Si solo esperaban que la realidad fuera suficiente, probablemente no lo sería. Había que adornarla un poco, hacer más dulce aquel anzuelo antes de lanzarlo.
-No estoy diciendo que no sea posible. -Agregó, con tono más bajo. -Lo que propones podría funcionar... Al menos, como una distracción, una forma de ganar tiempo. Si logramos que te escuchen, si consigues convencer a ese noble de que puede ganar más dejando vivir a esta gente que echándolos, tal vez sea posible ganar tiempo. Pero no basta con venderles un poco de arroz, no les importa que su pueblo no pase hambre. No, debe ser algo que tiente a esos egoistas, que los haga pensar que se harán ricos. Y, si vas a venderles esa idea, más te vale hacerlo rápido. Y sonar muy convincente. -Se cruzó de brazos, su mirada fija en la puerta como si ya pudiera oír las botas acercándose a lo lejos.
-Usar tu plan no como solución, sino como distracción. Una falsa promesa. Algo que los mantenga ocupados mientras nosotros buscamos una salida real. -Lo miró de reojo. -¿Podrías venderlo así?
La última frase no tenía tono de desafío. Era una pregunta honesta, un gesto de confianza. Porque por primera vez, Krysser empezaba a creer que aquel extraño vestido de noble tal vez no era solo un viajero con buenos modales, sino un aliado con una forma similar de ver el mundo y lo que era la justicia.
