03-08-2025, 02:15 PM
El efecto del discurso de Cao es inmediato y poderoso. Los comerciantes, que ya conocían al elegante extranjero por sus meses de convivencia pacífica y generosa ayuda, y quienes no le tenían ningún aprecio a Abis pues les trataba con aires de superioridad, reaccionan con una mezcla de indignación y determinación. El primer en responder es un fornido vendedor de mangos de cabello canoso y brazos curtidos por años de cargar cajas de frutas. Sus manos, manchadas permanentemente del jugo dulce de sus productos, se cierran en puños que golpean la mesa donde mostraba sus productos.
“¡Ese desgraciado se robó la pipa del señor Cao!” – grita, golpeando su puño contra el mostrador de su puesto – “Hay que ponerle un alto absoluto a ese ladrón ¡No podemos dejar que se salga con la suya!”
“¡Y ni que decir de que siempre nos trata con respeto el señor Cao!” – añade una vendedora de cocos de mediana edad cuyo delantal blanco está salpicado de agua de coco. Sus ojos negros brillan con indignación mientras limpia sus manos en un trapo húmedo – “¡No vamos a permitir que un maldito ladrón con aires de superioridad se salga con la suya!”
Uno tras otro, diez comerciantes abandonen sus puestos y se acercan a Cao con expresiones decididas. Entre ellos hay un panadero, un hombre robusto con los antebrazos cubiertos de harina y una sonrisa que normalmente no abandona su rostro redondo, quien ahora muestra una expresión seria mientras se quita su delantal manchado. También una florista, una mujer menuda con las uñas siempre sucias de tierra y flores silvestres trenzadas en su cabello castaño, quien deja caer el ramo de orquídeas que estaba preparando y agarra el cuchillo que le sirve para limpiar las rosas de espinas. Un hombre enorme con brazos como troncos y un mandil manchado de sangre, pues es carnicero, se limpia las manos en su delantal antes de tomar una de esas hachas que utiliza para cortar las piezas de carne que le piden, preparado para poner fin a los robos de Abis.
“Señor Cao, nosotros lo conocemos y sabemos que es un hombre de palabra” – declara el vendedor de mangos, a lo que el resto de los comerciantes asienten con la cabeza – “Si dice que ese hombre le robó algo tan importante, le creemos sin dudarlo.”
“Salió corriendo ¡Yo vi hacia dónde se fue!” —exclama un joven vendedor de especias y de frutas exóticas con ojos brillantes llenos de admiración por la indiscutible belleza del noble extranjero – “Se metió por el callejón del este, pero hay otra entrada por el norte. Si algunos van por ahí, lo tendremos acorralado.”
“Todos vengan conmigo por el callejón norte” – declara el vendedor de mangos quien tenía experiencia en liderar a sus compañeros comerciantes siendo el representante del gremio ante las autoridades locales de Sorbet – “Señor Cao, usted vaya por donde entró ese ladrón. Lo empujaremos hacia usted.”
Dentro del callejón este, Abis se encuentra agachado detrás de unos barriles apilados, aproximadamente a quince metros de la entrada del callejón, jadeando por la carrera. En sus manos sudorosas sostiene la pipa dorada, admirando su peso y brillo. Sus ojos pequeños brillan con codicia mientras escucha el discurso de Cao resonando desde la plaza.
“Maldito seas, noble entrometido” – murmura entre dientes – “Pero esta belleza valdrá más que cualquier tesoro enterrado. Si la logro vender al precio correcto podre terminar lo que mi padre empezó…”
Es entonces cuando escucha las voces de los comerciantes organizándose y el sonido de pasos múltiples acercándose desde diferentes direcciones. Su expresión cambia de satisfacción a pánico cuando se da cuenta de que será rodeado en unos instantes pues aquellos comerciantes conocían a la perfección cada rincón de aquellos callejones donde se escondía el ladrón.
“¡No, no, no!” – susurra desesperadamente, guardándose la pipa en el bolsillo interior de su camisa.
Sus manos se dirigen inmediatamente a sus bolsillos laterales, donde extrae un par de puños americanos de metal pulcro y sólido. Se los coloca rápidamente en ambas manos, el metal frío contrastando con sus palmas sudorosas. Son armas sencillas pero efectivas, un gran refuerzo para los nudillos que prometen causar daño considerable. El sonido de pasos se acerca por ambos extremos del callejón. Abis mira hacia ambos lados y se da cuenta de que su única opción es enfrentar a quien venga del frente antes de que lleguen los refuerzos.
Con los puños americanos firmemente ajustados, Abis se posiciona delante de unos barriles que había usado como barricada improvisada para cortar el paso a los comerciantes, quedando a escasos 2 metros de la entrada del callejón y 8 metros por delante de dicha barricada con las paredes del callejón a 1.5metros de este a cada lado, listo para lanzar un ataque sorpresa tan pronto como su víctima entre en el callejón. Su respiración es agitada, pero sus ojos muestran la determinación desesperada de un ladrón acorralado.
“Si quieres tu pipa de vuelta, noble idiota” – masculla para sí mismo – “tendrás que pasar por encima de mi cadáver.”
El callejón, de 3 metros de ancho y con barriles formando una barricada a 10 metros de distancia de la entrada, con sus paredes de madera tropical de 10 metros de altura creando sombras densas, se convierte en el escenario perfecto para un enfrentamiento que decidirá el destino tanto de la preciada pipa como de los dos hombres que están a punto de enfrentarse.
“¡Ese desgraciado se robó la pipa del señor Cao!” – grita, golpeando su puño contra el mostrador de su puesto – “Hay que ponerle un alto absoluto a ese ladrón ¡No podemos dejar que se salga con la suya!”
“¡Y ni que decir de que siempre nos trata con respeto el señor Cao!” – añade una vendedora de cocos de mediana edad cuyo delantal blanco está salpicado de agua de coco. Sus ojos negros brillan con indignación mientras limpia sus manos en un trapo húmedo – “¡No vamos a permitir que un maldito ladrón con aires de superioridad se salga con la suya!”
Uno tras otro, diez comerciantes abandonen sus puestos y se acercan a Cao con expresiones decididas. Entre ellos hay un panadero, un hombre robusto con los antebrazos cubiertos de harina y una sonrisa que normalmente no abandona su rostro redondo, quien ahora muestra una expresión seria mientras se quita su delantal manchado. También una florista, una mujer menuda con las uñas siempre sucias de tierra y flores silvestres trenzadas en su cabello castaño, quien deja caer el ramo de orquídeas que estaba preparando y agarra el cuchillo que le sirve para limpiar las rosas de espinas. Un hombre enorme con brazos como troncos y un mandil manchado de sangre, pues es carnicero, se limpia las manos en su delantal antes de tomar una de esas hachas que utiliza para cortar las piezas de carne que le piden, preparado para poner fin a los robos de Abis.
“Señor Cao, nosotros lo conocemos y sabemos que es un hombre de palabra” – declara el vendedor de mangos, a lo que el resto de los comerciantes asienten con la cabeza – “Si dice que ese hombre le robó algo tan importante, le creemos sin dudarlo.”
“Salió corriendo ¡Yo vi hacia dónde se fue!” —exclama un joven vendedor de especias y de frutas exóticas con ojos brillantes llenos de admiración por la indiscutible belleza del noble extranjero – “Se metió por el callejón del este, pero hay otra entrada por el norte. Si algunos van por ahí, lo tendremos acorralado.”
“Todos vengan conmigo por el callejón norte” – declara el vendedor de mangos quien tenía experiencia en liderar a sus compañeros comerciantes siendo el representante del gremio ante las autoridades locales de Sorbet – “Señor Cao, usted vaya por donde entró ese ladrón. Lo empujaremos hacia usted.”
Contenido Oculto
Dentro del callejón este, Abis se encuentra agachado detrás de unos barriles apilados, aproximadamente a quince metros de la entrada del callejón, jadeando por la carrera. En sus manos sudorosas sostiene la pipa dorada, admirando su peso y brillo. Sus ojos pequeños brillan con codicia mientras escucha el discurso de Cao resonando desde la plaza.
“Maldito seas, noble entrometido” – murmura entre dientes – “Pero esta belleza valdrá más que cualquier tesoro enterrado. Si la logro vender al precio correcto podre terminar lo que mi padre empezó…”
Contenido Oculto
Es entonces cuando escucha las voces de los comerciantes organizándose y el sonido de pasos múltiples acercándose desde diferentes direcciones. Su expresión cambia de satisfacción a pánico cuando se da cuenta de que será rodeado en unos instantes pues aquellos comerciantes conocían a la perfección cada rincón de aquellos callejones donde se escondía el ladrón.
“¡No, no, no!” – susurra desesperadamente, guardándose la pipa en el bolsillo interior de su camisa.
Sus manos se dirigen inmediatamente a sus bolsillos laterales, donde extrae un par de puños americanos de metal pulcro y sólido. Se los coloca rápidamente en ambas manos, el metal frío contrastando con sus palmas sudorosas. Son armas sencillas pero efectivas, un gran refuerzo para los nudillos que prometen causar daño considerable. El sonido de pasos se acerca por ambos extremos del callejón. Abis mira hacia ambos lados y se da cuenta de que su única opción es enfrentar a quien venga del frente antes de que lleguen los refuerzos.
Con los puños americanos firmemente ajustados, Abis se posiciona delante de unos barriles que había usado como barricada improvisada para cortar el paso a los comerciantes, quedando a escasos 2 metros de la entrada del callejón y 8 metros por delante de dicha barricada con las paredes del callejón a 1.5metros de este a cada lado, listo para lanzar un ataque sorpresa tan pronto como su víctima entre en el callejón. Su respiración es agitada, pero sus ojos muestran la determinación desesperada de un ladrón acorralado.
“Si quieres tu pipa de vuelta, noble idiota” – masculla para sí mismo – “tendrás que pasar por encima de mi cadáver.”
El callejón, de 3 metros de ancho y con barriles formando una barricada a 10 metros de distancia de la entrada, con sus paredes de madera tropical de 10 metros de altura creando sombras densas, se convierte en el escenario perfecto para un enfrentamiento que decidirá el destino tanto de la preciada pipa como de los dos hombres que están a punto de enfrentarse.
Datos de la Aventura
Aclaraciones
Ficha de Abis

![[Imagen: nlkkt7q.jpeg]](https://i.imgur.com/nlkkt7q.jpeg)
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