03-08-2025, 10:03 PM
La propuesta de Cao resuena en el callejón estrecho como una sentencia que pasa un juez a un pobre infortunado. Abis, con sus antenas skypeanas antes expuestas a la luz filtrada y de nuevo escondidas debajo de su gorro, siente cómo el color se drena de su rostro bronceado. Sus ojos pequeños se abren con una mezcla de terror y comprensión pues el noble Cao no es tan pacífico como aparenta.
“¡Tú... tú no entiendes nada!” – escupe Abis con voz tan temblorosa como irritada por aquella afronta, retrocediendo hasta que su espalda toca los barriles – “¡No puedes saber la verdad! ¡Nadie puede saberlo!”
Cuando Cao comienza a acercarse con esa tranquilidad amenazante y levanta su mano derecha, Abis comprende que no tiene opción. El sonido de los comerciantes desmantelando la barricada se hace más fuerte, y la desesperación lo consume por completo.
“¡Mi padre era un erudito respetado hasta que el Gobierno Mundial lo silenció por descubrir verdades que no debía conocer!” – grita Abis, las palabras saliendo de su boca como una confesión desesperada que no pueden escuchar los comerciantes detrás de la barricada por el ruido que ellos mismo generaban – “¡Lo mataron delante de mis ojos por sus investigaciones prohibidas! ¡Y ahora yo... yo solo quiero completar lo que él empezó! ¡Pero si descubren quién soy realmente...!”
En ese momento, mientras veía como Cao lanzaba una bofeta al aire, consumido por completo en la desesperación cual presa que está a punto de ser cazada, con manos temblorosas, Abis se arranca el chaleco gris donde había guardado la pipa dorada y se lo arroja a los pies de Cao.
“¡Tómala! ¡Pero no puedo quedarme! ¡Si me capturan, si me interrogan, descubrirán todo!” – su voz se quiebra mientras las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas – “¡Mi venganza... la investigación de mi padre... todo se perdería!”
En ese preciso instante, el sonido de madera cayendo indica que los comerciantes han logrado abrir un paso en la barricada. Las voces se acercan rápidamente gritando – “¡Ahí están! ¡Tenemos al ladrón acorralado!”
Abis, consumido por una furia desesperada, se ajusta los puños americanos y se prepara para lo impensable. Cuando los diez comerciantes aparecen por el hueco en la barricada, encabezados por el vendedor de mangos y la vendedora de cocos, Abis se lanza contra ellos como un animal acorralado.
La pelea es tan brutal en su inicio como rápida en su fin. Abis, aprovechando su agilidad de skypeano y la sorpresa de su ataque desesperado, conecta golpes certeros con sus puños americanos. Los comerciantes, valientes, pero sin experiencia en combate real, caen uno tras otro tras el embate desesperado de Abis. El vendedor de mangos recibe un golpe en la sien que lo deja inconsciente, la vendedora de cocos se tambalea tras un impacto en el estómago, el panadero cae de rodillas, y uno tras otro en un acto de desesperación y adrenalina pura Abis conecta 10 golpes críticos que deja a la horda de comerciantes tumbada en el suelo. En menos de dos minutos, los diez comerciantes yacen en el suelo del callejón, noqueados pero respirando. Abis, jadeando y con lágrimas aún en los ojos, mira hacia Cao una última vez.
“Esto no ha terminado. Algún día completaré la venganza de mi padre, y entonces el mundo sabrá la verdad que el Gobierno Mundial trata de ocultar.” – exclama, y, sin esperar respuesta, Abis salta por encima de los cuerpos de los comerciantes caídos y desaparece por el extremo norte del callejón, sus antenas skypeanas asoman nuevamente en su desenfrenado escape brillando bajo el sol mientras se aleja a toda velocidad.
Cao se queda solo en el callejón, con su preciada pipa de oro a sus pies y rodeado de los comerciantes que arriesgaron su seguridad para ayudarlo. Lentamente, los más resistentes comienzan a recuperar la consciencia, gimiendo y tocándose las zonas doloridas.
“Señor Cao” – murmura el carnicero, incorporándose lentamente – “¿Se... se escapó? Qué vergüenza, no se preocupe por lo que había dicho de la recompensa, no nos debe nada. Lo importante es que ha recuperado lo que ese ladrón le había robado.”
La aventura ha terminado, pero las palabras de Abis Mal resuenan en el aire: secretos del Gobierno Mundial, investigaciones prohibidas, y una venganza que aún no ha llegado a su fin.
“¡Tú... tú no entiendes nada!” – escupe Abis con voz tan temblorosa como irritada por aquella afronta, retrocediendo hasta que su espalda toca los barriles – “¡No puedes saber la verdad! ¡Nadie puede saberlo!”
Cuando Cao comienza a acercarse con esa tranquilidad amenazante y levanta su mano derecha, Abis comprende que no tiene opción. El sonido de los comerciantes desmantelando la barricada se hace más fuerte, y la desesperación lo consume por completo.
“¡Mi padre era un erudito respetado hasta que el Gobierno Mundial lo silenció por descubrir verdades que no debía conocer!” – grita Abis, las palabras saliendo de su boca como una confesión desesperada que no pueden escuchar los comerciantes detrás de la barricada por el ruido que ellos mismo generaban – “¡Lo mataron delante de mis ojos por sus investigaciones prohibidas! ¡Y ahora yo... yo solo quiero completar lo que él empezó! ¡Pero si descubren quién soy realmente...!”
En ese momento, mientras veía como Cao lanzaba una bofeta al aire, consumido por completo en la desesperación cual presa que está a punto de ser cazada, con manos temblorosas, Abis se arranca el chaleco gris donde había guardado la pipa dorada y se lo arroja a los pies de Cao.
“¡Tómala! ¡Pero no puedo quedarme! ¡Si me capturan, si me interrogan, descubrirán todo!” – su voz se quiebra mientras las lágrimas comienzan a rodar por sus mejillas – “¡Mi venganza... la investigación de mi padre... todo se perdería!”
En ese preciso instante, el sonido de madera cayendo indica que los comerciantes han logrado abrir un paso en la barricada. Las voces se acercan rápidamente gritando – “¡Ahí están! ¡Tenemos al ladrón acorralado!”
Abis, consumido por una furia desesperada, se ajusta los puños americanos y se prepara para lo impensable. Cuando los diez comerciantes aparecen por el hueco en la barricada, encabezados por el vendedor de mangos y la vendedora de cocos, Abis se lanza contra ellos como un animal acorralado.
La pelea es tan brutal en su inicio como rápida en su fin. Abis, aprovechando su agilidad de skypeano y la sorpresa de su ataque desesperado, conecta golpes certeros con sus puños americanos. Los comerciantes, valientes, pero sin experiencia en combate real, caen uno tras otro tras el embate desesperado de Abis. El vendedor de mangos recibe un golpe en la sien que lo deja inconsciente, la vendedora de cocos se tambalea tras un impacto en el estómago, el panadero cae de rodillas, y uno tras otro en un acto de desesperación y adrenalina pura Abis conecta 10 golpes críticos que deja a la horda de comerciantes tumbada en el suelo. En menos de dos minutos, los diez comerciantes yacen en el suelo del callejón, noqueados pero respirando. Abis, jadeando y con lágrimas aún en los ojos, mira hacia Cao una última vez.
“Esto no ha terminado. Algún día completaré la venganza de mi padre, y entonces el mundo sabrá la verdad que el Gobierno Mundial trata de ocultar.” – exclama, y, sin esperar respuesta, Abis salta por encima de los cuerpos de los comerciantes caídos y desaparece por el extremo norte del callejón, sus antenas skypeanas asoman nuevamente en su desenfrenado escape brillando bajo el sol mientras se aleja a toda velocidad.
Cao se queda solo en el callejón, con su preciada pipa de oro a sus pies y rodeado de los comerciantes que arriesgaron su seguridad para ayudarlo. Lentamente, los más resistentes comienzan a recuperar la consciencia, gimiendo y tocándose las zonas doloridas.
“Señor Cao” – murmura el carnicero, incorporándose lentamente – “¿Se... se escapó? Qué vergüenza, no se preocupe por lo que había dicho de la recompensa, no nos debe nada. Lo importante es que ha recuperado lo que ese ladrón le había robado.”
La aventura ha terminado, pero las palabras de Abis Mal resuenan en el aire: secretos del Gobierno Mundial, investigaciones prohibidas, y una venganza que aún no ha llegado a su fin.
Datos de la Aventura
Aclaraciones
Ficha de Abis
OFF

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