04-08-2025, 12:54 AM
(Última modificación: 04-08-2025, 12:55 AM por Dongryong Lu Yan.)
Era consciente de que había otra persona bajo el árbol. Por supuesto, no había prestado demasiada atención sobre quien era en rostro o forma sino en cambio había dibujado con imaginación al mismo como pueblerino, habiendo asumido sin detalle que la voz gentil que me nombraba debía tener sus propias razones para creer naturalmente que un hombre llamado Dongbin Lu había sido asignado hasta este lugar solo para encontrarlo. Debo admitir principalmente para mí mismo qué si me intrigaba su cuestionamiento pero tampoco imaginaba como este pueblerino de la isla de sorbet fuera consciente de mi apodo autoimpuesto, razón por la que pensé.
Sin interés de enfocar la mirada sobre aquel,
rebuscado en mi mente alguna petición sutil,
alguna mujer doliente de un marido borracho,
o tal vez algún sin hogar que hubiese ayudado.
No obstante, por los momentos no recordaba haber actuado de tal manera admirable en lo que he estado en nuestro pequeño reino de sorbert, a pesar de ello, también acabe aceptando qué: era imposible se confundiera, porque probablemente había escuchado de la descripción excéntrica de los lunarian, de manera que descarte resultase ser alguien que realmente me conociera y ni me esforcé en observarle porque no tenia menor interés, sencillamente guiado por su manera de preguntar, entendiendo sin esfuerzo que la palabra del hermano era algo valioso para aquel hombre desconocido quien se animaba a cuestionar de cada cosa sin siquiera presentarse.
Debo haber inhalado con calma por lo menos una vez durante el tiempo en el cual reflexione sus palabras que aparentemente parecían faltos de carácter o sentido, pero, claro, luego de haber masticado el primer dumpling, también debí haberme planteado ignorar sus palabras sin sentido con mucha seriedad, por lo menos hasta que llegue a la conclusión de qué si en verdad estaba seguro de conocerme podía divertirme siguiendo a su juego, aunque ¿acaso eso no significaba admitir que servia a alguien?, aquella idea me molestaba lo suficiente como para fruncir el ceño incluso cuando seguía sin dirigir la mirada hacia el desconocido, a quien solo escuchaba.
-Escucha, pequeño Imberbe sin pelotas, si tu hermano, ese saco de pulgas, quisiera mandarme a por ti, ¡primero tendría que encontrar sus pelotas! y créeme, nunca seguiría las órdenes de una pulga.- acabaría explicando, exhalando un refunfuño, para entonces tomar finalmente con suma delicadeza el siguiente dumpling esta vez como sí hubiera sido insultado o agraviado por la suposición de qué fuera a servir yo, Lu Ya, a cualquier otro.
