04-08-2025, 04:51 PM
(Última modificación: 04-08-2025, 04:51 PM por Zhang Guolao.)
Zhang vertió el agua caliente sobre las hojas secas con la solemnidad de un monje en su altar, observando cómo el vapor se elevaba por aquel aire húmedo del reino de Sorbet. Tenía dos tazas de cerámica desgastada; nunca se sabía cuándo alguien necesitaría una taza de té para sanar los dolores del alma. La taza resonaba levemente al contacto con el agua hirviendo, como si también ella exhalara un suspiro aliviado. Había escogido hojas de una planta con propiedades calmantes, propia de la región. No era un té de lujo, pero sí uno que sabía de trabajo y tradición.
Poco a poco, el olor fue ascendiendo en el aire, mezclándose con la dulzura que emanaba de Cao. Zhang alzó su ceja buena y sonrió por el simple placer de estar vivo. El humo de la pipa de Cao aún flotaba en el ambiente, suave y con un aroma peculiar que el olfato animal de Zhang no podía ignorar. —Hmmm… esa hierba tuya... tiene espíritu —dijo Zhang sin juzgar, más como alguien curioso—. Yo prefiero lo que se bebe... pero si te calma, es medicina igual —agregó suavemente, con ese tono que tanto lo caracterizaba.
Silencio, por su parte, parecía agradarle mucho aquel aroma. Casi por instinto, se fue acercando a Cao con cautela, para aspirar un poco de su fragancia. —A Silencio le gusta —confirmó el burro, mientras servía el té con una reverencia simple, colocando aquella taza frente a su invitado con un respeto solemne y un silencio ceremonial. El mono Silencio se había acomodado al lado de Cao, con los ojos entrecerrados, arrullado por el calor, el olor y los vapores.
Las palabras de Cao, sin embargo, hicieron que Zhang detuviera el movimiento de su pierna por un momento. “Romper el yo”. Zhang se sorprendió de inmediato, y por un segundo perdió la serenidad que lo caracterizaba. Inclinó su cabeza con respeto y lo miró con su único ojo bueno. Había escuchado muchas definiciones de lo que era sanar: unas llenas de fe, otras de ciencia, pero… —… Hmmm… —Golpeo el suelo como de costumbre.… pero esta última lo tocó.
—Sanar… —repitió con voz suave y ronca, dejando que el silencio se posara entre ellos—. Es cierto. El ego se rompe en mil partes cuando uno vive el dolor del mundo. A veces… sanar es no decir nada. A veces es dar una planta, como dices. A veces es escuchar. Y otras... es saber cuándo no hacer nada. —Se inclinó hacia Cao, bajando la voz y encogiéndose en sus brazos peludos—. Pero lo dijiste bien. Lo que no se rompe… no puede entender lo roto.
Zhang terminó de servir, y allí tomó su propia taza, rota por el uso y los recuerdos. Sopló suavemente y tomó un largo sorbo de aquel cálido elixir. —Yo me dedico a curar personas, de todo tipo de mal. Para algunos, un brujo; para otros, un chamán. Algunos me han llamado doctor. Yo solo me reconocería como Mink anciano que aun tiene mucho por aprender. —Aquel joven tenía una idea del mundo que hacía que aquel viejo se llenara de esperanza por seguir viviendo. —¿Y cuéntame?, ¿ya estás lo suficientemente roto como para ayudar a otros? —preguntó, y por unos segundos, la herida de su rostro dolió por el recuerdo del pasado.
Zhang Guolao
"El vacío no se mueve, pero lo contiene todo"
❄ La Calma del Vacío
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