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70 de Primavera. Año 11.
Loguetown, Isla Polestar, East Blue ~ 10:20 a.m.
El día comenzaba radiante con el astro rey gobernando los cielos bañando con su calidez los extensos e inalcanzables dominios de los océanos. Un cielo despejado, unos vientos suaves y el gentío habitual en la isla. Sus gentes, sus comercios, su chispa de siempre... Si deambulabais por las calles no encontraríais nada diferente de cualquier otro día del año, aunque el día de hoy fuera a ser recordado en toda la historia de los mares. Pero para eso aún quedaba un poco, y ninguno de vosotros, ni de los que os rodeaban, podían saberlo.
Os encontrabais en las proximidades del puerto, lo suficientemente apartados como para poder estar mezclados aun entre la muchedumbre variopinta con el crisol de razas que danzaba en el lienzo del día, y no destacar entre dicha multitud. Tendríais que salir de dicha marabunta para encaminaros a los muelles y embarcaderos, si es lo que queríais, y recorrer aproximadamente cien metros hasta la zona de embarque, donde había seis barcos, carabelas todos ellos completamente sin supervisión pero todos con una bandera en la cofa, con forma de triángulo isósceles tumbado, de color azul oscuro con un punto blanco blanco en el centro exacto. Los barcos estaban aprovisionados de varias cajas de madera oscura, cubos perfectos cuyos lados medían un metro, que tenían todas el mismo símbolo pintado: Un círculo azul oscuro con otro círculo concéntrico de color blanco, emulando el mismo logo que la bandera que bailaba al viento en cada uno de ellos.
Algunos metros separados de los barcos había un pequeño puesto de control, compuesto por dos Marines muy novatos, seguramente post-adolescentes recién enrolados con más motivación que talento, que revisaban unas listas de forma torpe y caótica hablando con sendos comerciantes que esperaban frente a ellos, rigurosamente organizados en una fila. Los Marines estaban gestionando diversas divisas y tickets de estas personas, sin mucho éxito, escuchando los bramidos de disconformidad de aquellos mercantes y bramando por la calma, mirando nerviosos en derredor esperando la llegada de algún superior que pudiera ayudarles, quien sin duda, estaría por aparecer más pronto que tarde. Pero mientras tanto, si os acercabais lo suficiente para escuchar el tumulto, o si teníais un oído excepcional podríais escuchar que los mercaderes exigían embarcar cuanto antes para no perder la ruta comercial que los llevaría al Grand Line, mientras que los pobres Marines les pedían calma, tranquilidad y sosiego, avisando que los barcos no partirían sin ellos y que más tarde vendrían más para que los que aun no habían llegado o no tenían la documentación en regla, pudieran continuar con su travesía, asegurando que nadie se quedaría en tierra y que todos partirían hacia el Grand Line tal como el Gobierno había autorizado y estaba previsto. De igual modo, tras los comerciantes habían varios grupos de familias y personas de distinta índole y clase social, aunque nadie de alta cuna. Si tenías buena vista podrías discernir que, sobretodo aquellos que no parecieran viajar en familia, tenían un brazalete azul marino con un punto blanco en el medio, sujeto en el biceps del brazo derecho, y algunos iban cargados con fardos o pequeñas cajas con el mismo logotipo.
Aquellos barcos eran tu billete para salir de los herméticos y blindados Blues, y poder dirigirte a surcar el ancho mar en pos de labrarte un nombre, perseguir tus sueños, encontrar tu destino, o ser quien realmente estabas destinado a ser... ¿tomarías con tus manos la oportunidad? ¿de qué forma lo harías? Eso, lamentable o afortunadamente, sólo lo sabes tú.
