07-08-2025, 04:33 AM
No hay manera de disimular la felicidad de nuestro aventurero. Tras una vida de soledad y crimen de guante blanco, puede sentir el calor de la gente. El abrazo acogedor de un grupo de personas que valoran de buen grado lo que estás haciendo. La posibilidad de ser el bueno. Del reconocimiento por lo justo. Aunque tampoco eres un iluso o un necio. Sabes que tú vida es dura y que, si sigues por ese camino, pocos entenderán tus actos. Así que, por un poquito de aprecio general... No nos vamos a quejar. Pese a todo, tu preocupación sigue siendo el estado del animal. Cosa de lo que la gente se da cuenta y recordará. Que no ha sido un acto desintegrado e impulsivo. Sino que realmente esté Mink tiene preocupación e interés por los necesitados.
Pero algo está por suceder. Algo que puede cambiar el destino de nuestro aventurero para siempre. Los elogios van disminuyendo poco a poco, y por el norte del camino, en dirección del Palacio Real, se empieza a escuchar una tonadilla de mujeres cantando. Aún no eres capaz de verlo por el tumulto de gente, pero se empiezan a escuchar gritos sordos. Bocanadas de sorpresa ante la llegada de algo más grande, más peligroso y más respetado que un par de marines rasos y abusones que golpean a un chucho callejero.
Se van apartando a medida que se acerca a tu posición. La música va creciendo y creciendo, y las voces de las mujeres son casi contagiosas. Puedes notar como el ritmo se engancha a tus huesos. Tal vez Varo no baila, pero si que puede observar como algunos, pese a la preocupación de saber quién se presenta, mueven el pié o la cadera de forma involuntaria. Y ahí está. Cuando la última linea de civiles que te separa del recién llegado se aparta, aparece una figura intimidante. Es un hombre, un hombre de metro noventa. Tiene una envergadura que dobla a cualquier persona y sus músculos de ébano están forjados en horas de entrenamiento. El rostro demuestra un exceso de confianza desmedido, con una sonrisa exagerada y una mirada que asustaría a la muerte. Porta unas ropas singulares, con mangas cortadas y un diseño único. Aunque sus colores le delatan. Azul y blanco, el color clásico de la Marina. Tras él, 5 mujeres variopintas, cada una de su madre y de su padre. Pero todas bien uniformadas, con una voz angelical y un ritmo digno de la isla en donde estamos. Con su llegada, empiezan los susurros y los murmullos.
-Mirad, es el Contramaestre DaSilva Robingo-
-Si... Dicen por ahí que tiene el poder de un Capitán...-
-Es tan guapo, tan estiloso, tan perfecto...-
-¿A qué ha venido?¿A detener al mink?-
-Tengo entendido que es gran fan del Almirante Tucrow-
Entonces levanta la palma de la mano derecha. Con ese gesto, todos se callan. Incluso las mujeres que le acompañan cesan en su canto y en su baile. -En efecto...- dice con una voz gangosa pero con autoridad. -Soy fan number one del god Tucrow, ¡¡check It out!!- Tras su muletilla, mira la escena con desdén. Mira al pobre animal moribundo, a los dos compañeros de trabajo y luego a nuestro héroe, que todavía va armado. -¿Anyone can tell me que jogo bonito ha pasado aquí?- y mira primero a los marines derrotados con una mirada de decepción.
El que está tirado en el suelo mordido, el más pequeño del infame dúo, mira a DaSilva aterrado. Igualmente, viendo la incapacidad de su amigo para enfrentarse a esta situación, decide dar la cara por ambos. -Señor Robingo, señor.- comienza a justificarse tembloroso. -Este animal descontrolado me ha mordido la pierna. Ronald me ha defendido y este...- pausa un segundo mientras te señala. Tras ordenar las palabras en su mente, prosigue -Dueño irresponsable, nos ha atacado armado por defendernos de su chucho con rabia y después a...-
-Na moral, para com isso.- interrumpe el Contramaestre. Entonces guarda sus manos en los bolsillos de su uniforme. Y no tarda en mirarte. Si pudiera disparar con la mirada, ya estarías muerto. Sonríe ampliamente, mostrando una dentadura perfecta, pero con un semblante amenazador. Si tranquilidad y postura relajada no reflejan desinterés, sino confianza. Una seguridad pasmosa de que este malentendido se va a justificar ahora, y no le va a temblar la mano con el que haya sido el responsable. Entonces te pregunta. -Dime, mink with a gun... - su tono es sorpresivamente amistoso. Sus palabras bailan por tu cabeza como si las hubiera compuesto con tonadilla musical. Pero eso genera más tensión en el ambiente. Esa disonancia entre su cara amenazadora, su postura relajada y unas palabras agradables. -¿Que tienes que decir en tu defensa? ¡Check It out!-
Todos son expectantes de tu verdad. ¿Que harás ahora? ¿Huir? ¿Justificar tu verdad? ¿Mentir? Solo tú tienes la respuesta. El destino de nuestro héroe pasa por su declaración y carisma.
Pero algo está por suceder. Algo que puede cambiar el destino de nuestro aventurero para siempre. Los elogios van disminuyendo poco a poco, y por el norte del camino, en dirección del Palacio Real, se empieza a escuchar una tonadilla de mujeres cantando. Aún no eres capaz de verlo por el tumulto de gente, pero se empiezan a escuchar gritos sordos. Bocanadas de sorpresa ante la llegada de algo más grande, más peligroso y más respetado que un par de marines rasos y abusones que golpean a un chucho callejero.
Se van apartando a medida que se acerca a tu posición. La música va creciendo y creciendo, y las voces de las mujeres son casi contagiosas. Puedes notar como el ritmo se engancha a tus huesos. Tal vez Varo no baila, pero si que puede observar como algunos, pese a la preocupación de saber quién se presenta, mueven el pié o la cadera de forma involuntaria. Y ahí está. Cuando la última linea de civiles que te separa del recién llegado se aparta, aparece una figura intimidante. Es un hombre, un hombre de metro noventa. Tiene una envergadura que dobla a cualquier persona y sus músculos de ébano están forjados en horas de entrenamiento. El rostro demuestra un exceso de confianza desmedido, con una sonrisa exagerada y una mirada que asustaría a la muerte. Porta unas ropas singulares, con mangas cortadas y un diseño único. Aunque sus colores le delatan. Azul y blanco, el color clásico de la Marina. Tras él, 5 mujeres variopintas, cada una de su madre y de su padre. Pero todas bien uniformadas, con una voz angelical y un ritmo digno de la isla en donde estamos. Con su llegada, empiezan los susurros y los murmullos.
-Mirad, es el Contramaestre DaSilva Robingo-
-Si... Dicen por ahí que tiene el poder de un Capitán...-
-Es tan guapo, tan estiloso, tan perfecto...-
-¿A qué ha venido?¿A detener al mink?-
-Tengo entendido que es gran fan del Almirante Tucrow-
Entonces levanta la palma de la mano derecha. Con ese gesto, todos se callan. Incluso las mujeres que le acompañan cesan en su canto y en su baile. -En efecto...- dice con una voz gangosa pero con autoridad. -Soy fan number one del god Tucrow, ¡¡check It out!!- Tras su muletilla, mira la escena con desdén. Mira al pobre animal moribundo, a los dos compañeros de trabajo y luego a nuestro héroe, que todavía va armado. -¿Anyone can tell me que jogo bonito ha pasado aquí?- y mira primero a los marines derrotados con una mirada de decepción.
El que está tirado en el suelo mordido, el más pequeño del infame dúo, mira a DaSilva aterrado. Igualmente, viendo la incapacidad de su amigo para enfrentarse a esta situación, decide dar la cara por ambos. -Señor Robingo, señor.- comienza a justificarse tembloroso. -Este animal descontrolado me ha mordido la pierna. Ronald me ha defendido y este...- pausa un segundo mientras te señala. Tras ordenar las palabras en su mente, prosigue -Dueño irresponsable, nos ha atacado armado por defendernos de su chucho con rabia y después a...-
-Na moral, para com isso.- interrumpe el Contramaestre. Entonces guarda sus manos en los bolsillos de su uniforme. Y no tarda en mirarte. Si pudiera disparar con la mirada, ya estarías muerto. Sonríe ampliamente, mostrando una dentadura perfecta, pero con un semblante amenazador. Si tranquilidad y postura relajada no reflejan desinterés, sino confianza. Una seguridad pasmosa de que este malentendido se va a justificar ahora, y no le va a temblar la mano con el que haya sido el responsable. Entonces te pregunta. -Dime, mink with a gun... - su tono es sorpresivamente amistoso. Sus palabras bailan por tu cabeza como si las hubiera compuesto con tonadilla musical. Pero eso genera más tensión en el ambiente. Esa disonancia entre su cara amenazadora, su postura relajada y unas palabras agradables. -¿Que tienes que decir en tu defensa? ¡Check It out!-
DaSilva Robingo
Todos son expectantes de tu verdad. ¿Que harás ahora? ¿Huir? ¿Justificar tu verdad? ¿Mentir? Solo tú tienes la respuesta. El destino de nuestro héroe pasa por su declaración y carisma.
Datos de interés

![[Imagen: JTCEmXp.jpeg]](https://i.imgur.com/JTCEmXp.jpeg)