Día 70 de primavera, año 16
En la serenidad del amanecer, cuando el sol comienza su ascenso, alejando lentamente a la oscuridad mientras ilumina con sus suaves destellos dorados este inmenso mundo, Li Yuan, el pequeño monje Gyojin, se sienta a reflexionar sobre la esencia misma de la vida. Con la quietud de aquella pequeña ermita, rodeado por la majestuosa naturaleza, su simple meditación introspectiva se convierte en un espejo donde sus pensamientos adquieren forma y profundidad, mientras los pequeños recuerdos del sueño desaparecen con el amanecer.
Cada día es el comienzo de un nuevo capítulo, cada instante una nueva lección que invita a la contemplación.
Gracias a la amabilidad del Pastor en la pequeña iglesia de la isla de Sorbet, Li Yuan se había podido quedar unos días a descansar del viaje y a esconderse de algunos marines, naturalmente no se estaba quedando de gratis, y había ofrecido sus servicios como carpintero, actualmente la iglesia esta restaurada y lucia como si el edificio estuviera nuevo gracias a sus trabajos y cuidados, aunque podría estar mucho mejor si tuviera mejores habilidades.
Por eso hoy, Li Yuan estaba descansando, y se permitía considerar sus opciones, pensando en las palabras que había tenido el otro día con aquel extraño individuo, mientras por otro lado consideraba que hacer a partir de ahora, quería seguir peleando y luchando por la liberación de los esclavos del mundo, pero aun no tenia ni la fuerza ni la habilidad de seguir ese propósito de momento. Entonces por obviedad su destino deberia empezar por mejorar su estilo de pelea, pero... ¿Cómo se supone que debería hacer eso? ¿se metía a un dojo a entrenar bajo las ordenes de un sensei? no le gustaba denegar su propia libertad para que otro lo gobernase para instaurar reglas y doctrinas de entrenamiento en su mente, pero tampoco se creía lo bastante disciplinado para evolucionar su Karate Gyojin sin cierta orientación.
Pero, la fuerza no es la única manera de hacerse fuerte, los amigos, los aliados, la fuerza de un equipo podría multiplicar sus fuerzas exponencialmente, no todo se basaba meramente en lo físico, a veces bastaba con poder compartir.
En la serenidad del amanecer, cuando el sol comienza su ascenso, alejando lentamente a la oscuridad mientras ilumina con sus suaves destellos dorados este inmenso mundo, Li Yuan, el pequeño monje Gyojin, se sienta a reflexionar sobre la esencia misma de la vida. Con la quietud de aquella pequeña ermita, rodeado por la majestuosa naturaleza, su simple meditación introspectiva se convierte en un espejo donde sus pensamientos adquieren forma y profundidad, mientras los pequeños recuerdos del sueño desaparecen con el amanecer.
Cada día es el comienzo de un nuevo capítulo, cada instante una nueva lección que invita a la contemplación.
Gracias a la amabilidad del Pastor en la pequeña iglesia de la isla de Sorbet, Li Yuan se había podido quedar unos días a descansar del viaje y a esconderse de algunos marines, naturalmente no se estaba quedando de gratis, y había ofrecido sus servicios como carpintero, actualmente la iglesia esta restaurada y lucia como si el edificio estuviera nuevo gracias a sus trabajos y cuidados, aunque podría estar mucho mejor si tuviera mejores habilidades.
Por eso hoy, Li Yuan estaba descansando, y se permitía considerar sus opciones, pensando en las palabras que había tenido el otro día con aquel extraño individuo, mientras por otro lado consideraba que hacer a partir de ahora, quería seguir peleando y luchando por la liberación de los esclavos del mundo, pero aun no tenia ni la fuerza ni la habilidad de seguir ese propósito de momento. Entonces por obviedad su destino deberia empezar por mejorar su estilo de pelea, pero... ¿Cómo se supone que debería hacer eso? ¿se metía a un dojo a entrenar bajo las ordenes de un sensei? no le gustaba denegar su propia libertad para que otro lo gobernase para instaurar reglas y doctrinas de entrenamiento en su mente, pero tampoco se creía lo bastante disciplinado para evolucionar su Karate Gyojin sin cierta orientación.
Pero, la fuerza no es la única manera de hacerse fuerte, los amigos, los aliados, la fuerza de un equipo podría multiplicar sus fuerzas exponencialmente, no todo se basaba meramente en lo físico, a veces bastaba con poder compartir.
