08-08-2025, 05:09 PM
El pelirrojo había crecido en mitad del bosque, aprendiendo a cazar y enfrentarse a criaturas y situaciones que superaban las capacidades normales de un humano. Al principio el miedo le podía, su instinto era correr, resguardarse y alejarse de las bestias, pero con paciencia su abuelo le enseñó a manejar el arco, a controlar su respiración y sus emociones, de forma que pese a que parte de él quisiera huir aprendió a sobreponerse al miedo, estudiar la situación y decidir si es recomendable retirarse o puede seguir, pues si bien para cazar necesitaba sobreponerse al miedo inicial y al instinto de huir, pero había momentos en los que era sabio retirarse y no forzar la situación, bien por falta de munición o por la presencia de más circunstancias peligrosas además de la criatura en cuestión. En este caso, pese a que la situación era un peligro claro para el arquero, sabía que los superiores no permitirían un asesinato a sangre fría en lo que se supone era un encuentro de entrenamiento, pero además de eso, frente a él había un sujeto que pese a haber ganado el combate y amenazara tanto en realidad era un cobarde.
Cuando el pelirrojo respondió de esa manera a las provocaciones de su rival pudo ver en su cara su rabia y frustración, se veía claramente que el joven arquero había calado al sujeto, no parecía entender la tesón y valentía del marine siendo que él en su posición estaría llorando y suplicando ayuda. Lamentablemente la situación no permitió que Bertram pudiera disparar en condiciones, por lo que el agarre se hizo más fuerte y el otro apenas y notó el daño. La continua falta de aire hacía que el joven poco a poco perdiera aún más la capacidad de moverse, su vista estaba nublada, apagándose lentamente mientras el otro parecía estar intentando compensar su complejo con palabras y amenazas vacías, hablando de cosas que realmente al joven arquero no le importaban y le parecían sin valor alguno, recompensas vacías.
De pronto un dolor inmenso inundó el cuerpo del pelirrojo al notar el puño partirle la nariz de un puñetazo y haciendo que la sangre empezara a brotar de su nariz mientras su vista se apagaba brevemente y su consciencia desapareciendo poco a poco, pero incluso en esa situación el joven arquero no iba a ceder ni traicionar sus principios, no tenía fuerza para librarse del agarre, y debido a la falta de aire y ahora el dolor sabía que todo terminaba ahí, pero lejos de quejarse, de suplicar Bertram hizo una única cosa, sonrió satisfecho y con honor, orgulloso de haber peleado honradamente y haberlo dado todo, sin rendirse, sin jugar sucio, manteniendo su dignidad e integridad en todo momento. No le importaba perder el combate, el dolor pasaría y ya se recuperaría de las heridas, pero para él una vez pierdes tu honor y dignidad recuperarlas es prácticamente imposible.
Cuando el pelirrojo respondió de esa manera a las provocaciones de su rival pudo ver en su cara su rabia y frustración, se veía claramente que el joven arquero había calado al sujeto, no parecía entender la tesón y valentía del marine siendo que él en su posición estaría llorando y suplicando ayuda. Lamentablemente la situación no permitió que Bertram pudiera disparar en condiciones, por lo que el agarre se hizo más fuerte y el otro apenas y notó el daño. La continua falta de aire hacía que el joven poco a poco perdiera aún más la capacidad de moverse, su vista estaba nublada, apagándose lentamente mientras el otro parecía estar intentando compensar su complejo con palabras y amenazas vacías, hablando de cosas que realmente al joven arquero no le importaban y le parecían sin valor alguno, recompensas vacías.
De pronto un dolor inmenso inundó el cuerpo del pelirrojo al notar el puño partirle la nariz de un puñetazo y haciendo que la sangre empezara a brotar de su nariz mientras su vista se apagaba brevemente y su consciencia desapareciendo poco a poco, pero incluso en esa situación el joven arquero no iba a ceder ni traicionar sus principios, no tenía fuerza para librarse del agarre, y debido a la falta de aire y ahora el dolor sabía que todo terminaba ahí, pero lejos de quejarse, de suplicar Bertram hizo una única cosa, sonrió satisfecho y con honor, orgulloso de haber peleado honradamente y haberlo dado todo, sin rendirse, sin jugar sucio, manteniendo su dignidad e integridad en todo momento. No le importaba perder el combate, el dolor pasaría y ya se recuperaría de las heridas, pero para él una vez pierdes tu honor y dignidad recuperarlas es prácticamente imposible.
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