09-08-2025, 11:28 AM
La sangre bañó a Gúh Ripa el cual cada vez apretaba con más fuerza, los músculos del arquero rechinaban ante la presión, su respiración se volvía forzosa, sus ojos perdían la vida y así pasaron unos segundos hasta que su resistencia se perdió. Lo último que el joven pelirrojo pudo escuchar tras perder la conciencia fue el silencio, el silencio de una base que le observaba mientras sus brazos caían sin resistencia, mientras su cuerpo se movía como un péndulo a la altura del suelo. Después la oscuridad le invadió y quedó inconsciente, a partir de ese momento no podía recordar nada de lo que había pasado desde que había perdido su combate.
- Mandamos a este chico al matadero Fatigas –
- Lo sé Pik, lo sé – el sargento Fatigas agarraba con fuerza su gorra mientras la estrujaba.
- Todos han visto su sonrisa antes de caer inconsciente, en la base hablan de él, todos quieren conocerle o entrenar con él. Pero esto solo ha hecho que Gúh se enfade más, nadie ha celebrado su ascenso. Nadie le ha dado la enhorabuena. – La cara del contramaestre Pik era un poema.
El sargento Fatigas solo pudo callar, sabía muy bien lo que eso significaba, la ira de la familia Ripa caería sobre Bertralm, no podrían hacer nada para evitarlo.
En la cama, el marine inconsciente empezó a despertar, su cuerpo se movió levemente, podía sentir su boca seca, un dolor opresivo en la garganta con cada respiración y la nariz le acuchillaba cada vez que inspiraba aire, tenía el tabique partido. Cuando sus ojos empezaron a enfocar pudieron ver la enfermería, camas adecentadas y vacías, las paredes eran de tonos blancos y los armarios estaban llenos de vendajes y enseres médicos, a su lado en un sillón de espera estaba sentado el Contramaestre Pik, detrás de él, de pies y con los brazos a la alturas de sus lumbares en un pose totalmente disciplinaria el sargento Fatigas.
- Chico – Dijo el contramaestre Pik cuando se dio cuenta de que Bertralm empezaba a recupera la consciencia – No te muevas mucho, ¿eh? – pronunció con la preocupación que un padre habla con su hijo después de un accidente que ha sido tu culpa – Has sido muy valiente ahí fuera – Guardó silencio – Desgraciadamente, has perdido, pero aún así, mandaré una solicitud para que tu ascenso sea revisado, te enfrentaste a una persona muy fuerte – El contramaestre hizo una mueca de apuro – Y no te avasallaste. Eso podría ser bueno en cualquier otro lugar del mundo, pero te acabas de ganar un enemigo Bertralm uno enemigo de lo más poderoso en esta isla. Ten mucho cuidado a partir de ahora – El contramaestre se levantó de el asiento al lado de la camilla en el que estaba y asintió al sargento Fatigas – Creo que deberíamos darle un respiro, además, no somos los únicos que quieren verle –
Cuando el contramaestre y el sargento salieron de la enfermería abriendo la puerta, detrás de ella se pudo observar como una cuantiosa cantidad de marines se apelotonaba tras ellas.
¿Ya podemos entrar? ¿Cómo está? Las preguntas e instigaciones asediaron a los dos marines que acababan de despedirse del arquero pelirrojo.
- Dadle un momento soldados – Respondió el sargento fatigas – Dejad que recupere la consciencia, estoy seguro de que os agradecerá la visita pero no le atosigues – Y entonces se marcharon mientras Bertralm desde su cama en su estado de convalecencia pudo observar como un montón de caras y cabezas de marines de su mismo rango se asomaban algunos con sonrisas en la cara y otros con muecas de preocupación al ver su estado.
Aunque el joven pelirrojo había perdido el combate, había ganado algo mucho más complicado que conseguir que derrotar a un oponente, se había ganado el respeto de sus iguales.
2 Horas después, en la enfermería de la base G-19.
- Mandamos a este chico al matadero Fatigas –
- Lo sé Pik, lo sé – el sargento Fatigas agarraba con fuerza su gorra mientras la estrujaba.
- Todos han visto su sonrisa antes de caer inconsciente, en la base hablan de él, todos quieren conocerle o entrenar con él. Pero esto solo ha hecho que Gúh se enfade más, nadie ha celebrado su ascenso. Nadie le ha dado la enhorabuena. – La cara del contramaestre Pik era un poema.
El sargento Fatigas solo pudo callar, sabía muy bien lo que eso significaba, la ira de la familia Ripa caería sobre Bertralm, no podrían hacer nada para evitarlo.
En la cama, el marine inconsciente empezó a despertar, su cuerpo se movió levemente, podía sentir su boca seca, un dolor opresivo en la garganta con cada respiración y la nariz le acuchillaba cada vez que inspiraba aire, tenía el tabique partido. Cuando sus ojos empezaron a enfocar pudieron ver la enfermería, camas adecentadas y vacías, las paredes eran de tonos blancos y los armarios estaban llenos de vendajes y enseres médicos, a su lado en un sillón de espera estaba sentado el Contramaestre Pik, detrás de él, de pies y con los brazos a la alturas de sus lumbares en un pose totalmente disciplinaria el sargento Fatigas.
- Chico – Dijo el contramaestre Pik cuando se dio cuenta de que Bertralm empezaba a recupera la consciencia – No te muevas mucho, ¿eh? – pronunció con la preocupación que un padre habla con su hijo después de un accidente que ha sido tu culpa – Has sido muy valiente ahí fuera – Guardó silencio – Desgraciadamente, has perdido, pero aún así, mandaré una solicitud para que tu ascenso sea revisado, te enfrentaste a una persona muy fuerte – El contramaestre hizo una mueca de apuro – Y no te avasallaste. Eso podría ser bueno en cualquier otro lugar del mundo, pero te acabas de ganar un enemigo Bertralm uno enemigo de lo más poderoso en esta isla. Ten mucho cuidado a partir de ahora – El contramaestre se levantó de el asiento al lado de la camilla en el que estaba y asintió al sargento Fatigas – Creo que deberíamos darle un respiro, además, no somos los únicos que quieren verle –
Cuando el contramaestre y el sargento salieron de la enfermería abriendo la puerta, detrás de ella se pudo observar como una cuantiosa cantidad de marines se apelotonaba tras ellas.
¿Ya podemos entrar? ¿Cómo está? Las preguntas e instigaciones asediaron a los dos marines que acababan de despedirse del arquero pelirrojo.
- Dadle un momento soldados – Respondió el sargento fatigas – Dejad que recupere la consciencia, estoy seguro de que os agradecerá la visita pero no le atosigues – Y entonces se marcharon mientras Bertralm desde su cama en su estado de convalecencia pudo observar como un montón de caras y cabezas de marines de su mismo rango se asomaban algunos con sonrisas en la cara y otros con muecas de preocupación al ver su estado.
Aunque el joven pelirrojo había perdido el combate, había ganado algo mucho más complicado que conseguir que derrotar a un oponente, se había ganado el respeto de sus iguales.
INFORMACIÓN DE LA AVENTURA
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