Balanceó el hacha de arriba hacia abajo, descargando un tajo sobre el grueso trozo de madera que tenía frente a ella; este se partió a la mitad y ambos pedazos salieron volando a los costados. Levantó uno de ellos, lo colocó sobre el tronco cortado que usaba como mesa y repitió el procedimiento.
El sudor le corría por la frente; desde las nueve de la mañana llevaba apilando pequeños trozos a su derecha, ayudando a la iglesia con una tarea que nadie le había pedido, pero ella no era una mujer de quedarse quieta y sentada si no era para meditar, o fumar.
De un corte dejó clavado el hacha en el tronco que servía como mesa y se limpió la frente con el Obi que llevaba desabrochado —Debo darme un baño —pensó en voz alta mientras respiraba profundamente para recobrar el aliento que había gastado tras tantas horas cortando madera.
Caminó hasta la terraza donde había dejado su piel de lobo, de la que sustrajo entonces una pipa, colocándose la boquilla entre los labios y poniendo en el cuenco un poco de su planta favorita para la meditación; usando su propio dedo, encendió la hierba desde arriba, dándole una calada profunda.
Con una sonrisa calma, se colocó la piel de lobo a la espalda y salió de allí hasta el empedrado principal de la iglesia, donde encontró un cuchicheo y tumulto repentino. Sus pies se encaminaron sin pensarlo hasta detrás de la multitud.
“Un huevo”, repitió en su mente y la curiosidad afloró, abriéndose paso a la vez en que observaba disiparse en el aire una especie de humo hasta el cielo; —¿Una fruta? —se preguntó, intuyendo las posibilidades; sin embargo, para cuando se dio cuenta, el grupo le había dejado al menos un metro de espacio entre sus cuerpos y el de ella.
Desprendía su característico olor que todos notaban menos ella; aun así, se atrevió a preguntar —¿Qué pasa? —dijo, mientras uno de los miembros de la iglesia explicaba —Nos hemos encontrado este huevo hace un rato, pero no hemos querido moverlo —dijo, y tras otra calada de la pipa, que dejaba el humo a hierba y su característico olor, Lan se colocó de cuclillas y con la mano formó un espacio casi circular alrededor del cascarón que comenzó a calentarse —Creo que… si está por nacer, lo sabremos, y si no; bueno… alguien se lo quedará para comérselo —dijo, mientras comenzaba a salir cierto vapor desde el piso.
Lan despegó la mano y compuso una sonrisa, espectante al mismo tiempo en que subía la vista para ver que aquella nube seguía sobre sus cabezas, observándola con curiosidad, tratando de diagnosticar qué debía hacer al respecto. Mientras… esperaría.
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