10-08-2025, 11:20 PM
Al parecer su tribu parecía venir de tierras legendarias bajo la comprensión de estos nomadas, lo cual solo acariciaba el ego de la mink un poquito más a medida de que se interesaban más en ella. Era algo que siempre le había gustado, el sentirse especial, el creer que era algo salido de otro mundo incluso entre sus propios colegas de raza. — Lejos o cerca, esa es la gracia, recuerdo solo un poco de mis tierras pero sé que se movía por eso puede que esté cerca a unos pocos metros o muy lejos casi en el fin del mundo. ¿No es divertido? — bromeó un poco pero era la verdad, si bien no creía que su isla fuese capaz de viajar hasta donde ella estuviera y encontrarla si conocía que se movía y que no siempre el aire o las estrellas se veían de la misma manera en la espesura del bosque. Mientras caminaban Berry se quedó con las palabras de la muchacha, no quería conquistar y eso le parecía algo encantador, la libertad era el camino que ella siempre había seguido y por lo que podía recordar nunca le había dado malos resultados aunque quizás una o dos palizas que tuvo que sortear a base de ingenio. ¡No siempre todo resultaba como uno quería!
— Un perrito... y es legendario... — murmuró casi para sí misma la mink cuando le explicaban la situación, Berry no conocía nada de leyendas ni de mitos tampoco sabía si esa criatura existiese o le estaban hablando de algún perro raro que simplemente se imaginaban. Pero sí notó sus rostros, la tristeza de las mujeres al contarle la situación y como esa criatura por muy extraña que pudiese resultar significaba mucho para ellos. Berry no tenía dioses en su tribu, para esta la almas de un mink reencarnaban en la siguiente generación, las cenizas se grababan en tatuajes para que dieran fuerzas para que esa alma se mantuviese en el mundo y empujase al sobreviviente más allá de sus límites. Por eso se debían tatuar un círculo en la frente al crecer, para que al momento de enfrentar al Sulong y aceptar a la bestia que les intentaba devorar las almas de los antepasados vinieran a darles claridad. Tan inmersa estaba en la comparación silenciosa que sin darse cuenta se había sentado ya alrededor de la fogata, con un plato entre sus garras y fue el aroma lo que la trajo a la realidad. — Mmm... sabe delicioso y huele todavía mejor, me llamo Berry ¿Se lo dije? Creo... Bueno tampoco me haga mucho caso, nuestra memoria puede ser gemela. — bromeó mientras disfrutaba la comida, tal como un animal la mink hundía el hocico en el plato y devoraba su contenido para luego relamerse satisfecha. Necesitaba ese empujón y sentía como todo su cuerpo era recorrido nuevamente por el calor del picante, de los nutrientes y de la energía que tanto disfrutaba gastar corriendo a la velocidad más rápida que fuese capaz de alcanzar.
— Volviendo al perrito, me ha hablado de ¿Pirañas? ¿Piñatas? ¡Oh piratas! No tengo idea de lo que son, pero recuerdo que los puedo golpear y todos me aplauden por hacerlo. ¿Un barco? A lo mejor pueda ir a buscar al perrito, no merece sufrir a manos de nadie y si su naturaleza le hace vivir en la libertad no deberían intentar encerrarlo. — comentó tras la comida para volver a acercarse a Lara y a la matriarca del lugar, Berry parecía no comprender bien como funcionaba el mundo ni que era en realidad un pirata, simplemente pensaba que la palabra venía de piñata y por eso estaba bien golpearlos hasta hacerlos reventar. — ¿Qué sabe de ellos? Quizás vieron a sus tripulantes, su cantidad o donde suelen pasar el rato... No quisiera lanzarme sin saber bien que estoy golpeando a la gente correcta, me ha pasado de confundirme. — preguntó con una sonrisa mientras se limpiaba los dientes con un huesito, no quería equivocarse o lanzarse a un combate a ciegas y aquella gente parecía mucho más enterada del caso de los piratas de lo que ella podía estarlo incluso tras saber sobre un barco. La mink tenía decidido volver a llevar al perro a la naturaleza, esa gente le había dado comida y hospitalidad, lo menos que podía hacer era ayudar y si la tarea requería dar patadas no podían elegir a mejor candidata.
— Un perrito... y es legendario... — murmuró casi para sí misma la mink cuando le explicaban la situación, Berry no conocía nada de leyendas ni de mitos tampoco sabía si esa criatura existiese o le estaban hablando de algún perro raro que simplemente se imaginaban. Pero sí notó sus rostros, la tristeza de las mujeres al contarle la situación y como esa criatura por muy extraña que pudiese resultar significaba mucho para ellos. Berry no tenía dioses en su tribu, para esta la almas de un mink reencarnaban en la siguiente generación, las cenizas se grababan en tatuajes para que dieran fuerzas para que esa alma se mantuviese en el mundo y empujase al sobreviviente más allá de sus límites. Por eso se debían tatuar un círculo en la frente al crecer, para que al momento de enfrentar al Sulong y aceptar a la bestia que les intentaba devorar las almas de los antepasados vinieran a darles claridad. Tan inmersa estaba en la comparación silenciosa que sin darse cuenta se había sentado ya alrededor de la fogata, con un plato entre sus garras y fue el aroma lo que la trajo a la realidad. — Mmm... sabe delicioso y huele todavía mejor, me llamo Berry ¿Se lo dije? Creo... Bueno tampoco me haga mucho caso, nuestra memoria puede ser gemela. — bromeó mientras disfrutaba la comida, tal como un animal la mink hundía el hocico en el plato y devoraba su contenido para luego relamerse satisfecha. Necesitaba ese empujón y sentía como todo su cuerpo era recorrido nuevamente por el calor del picante, de los nutrientes y de la energía que tanto disfrutaba gastar corriendo a la velocidad más rápida que fuese capaz de alcanzar.
— Volviendo al perrito, me ha hablado de ¿Pirañas? ¿Piñatas? ¡Oh piratas! No tengo idea de lo que son, pero recuerdo que los puedo golpear y todos me aplauden por hacerlo. ¿Un barco? A lo mejor pueda ir a buscar al perrito, no merece sufrir a manos de nadie y si su naturaleza le hace vivir en la libertad no deberían intentar encerrarlo. — comentó tras la comida para volver a acercarse a Lara y a la matriarca del lugar, Berry parecía no comprender bien como funcionaba el mundo ni que era en realidad un pirata, simplemente pensaba que la palabra venía de piñata y por eso estaba bien golpearlos hasta hacerlos reventar. — ¿Qué sabe de ellos? Quizás vieron a sus tripulantes, su cantidad o donde suelen pasar el rato... No quisiera lanzarme sin saber bien que estoy golpeando a la gente correcta, me ha pasado de confundirme. — preguntó con una sonrisa mientras se limpiaba los dientes con un huesito, no quería equivocarse o lanzarse a un combate a ciegas y aquella gente parecía mucho más enterada del caso de los piratas de lo que ella podía estarlo incluso tras saber sobre un barco. La mink tenía decidido volver a llevar al perro a la naturaleza, esa gente le había dado comida y hospitalidad, lo menos que podía hacer era ayudar y si la tarea requería dar patadas no podían elegir a mejor candidata.
Resumen
Karmas
Inventario
Akuma
