12-08-2025, 06:29 PM
Krysser escuchó la respuesta del lunarian sin interrumpirlo, dejando que cada palabra se acomodara en su mente. Había algo en aquella confesión que resonaba con fuerza dentro de él. Tenía una motivación pura, nacida de la necesidad de proteger, no de conquistar. Sus orejas se movieron levemente, un gesto casi imperceptible que en él equivalía a una señal de aprobación.
-No podría pensar una razón mejor para hacerlo. -Murmuró finalmente tras oír las razones del tirador, relajándose casi instintivamente y con un destello de aprobación en sus ojos dorados. -No todo el que empuña un arma lo hace por un motivo así.
Se enderezó un poco, cruzando los brazos mientras su cola felina se movía lentamente de un lado a otro, como marcando el ritmo de sus pensamientos, mientras el lunariancontinuó, para acabar preguntando por las razones del propio tigre. Krysser vaciló unos segundos, dubitativo, hasta que al final rompió el breve silencio.
-Tal vez lo sea. Un arma, digo. -Alzó la vista levemente, rememorando. -Desde que tengo memoria he entrenado este cuerpo mío para luchar. -Su voz sonaba tranquila, pero con el peso de la convicción de alguien que había vivido incluso más de lo que contaba. Sin embargo, las razones por las cuales se había empujado más allá de sus límites no eran las mismas que cuando entrenaba desde niño, aunque tenían algo en común. Siempre fue para proteger a alguien. Su aldea, cuando soñaba con ser un mosquetero en Zou, o a los desamparados que habían sufrido ante un destino tan cruel como el que le apartó a él de su hogar. -Se podría decir que me hice fuerte para proteger, al igual que tú. Mi familia, mi hogar, mis amigos. Todo lo que me importa. Pero, también, para que aquellos que no pueden defenderse no tengan que inclinar la cabeza ante quienes usan su fuerza de forma injusta.
Por un instante, su mirada se perdió en un recuerdo invisible para el lunarian, uno que parecía oscurecer sus facciones antes de volver a relajarse.
-Demasiadas veces he visto la misma historia... -Continuó, bajando el tono, casi como si hablara para sí mismo. -Los débiles sufriendo porque los que se consideran fuertes así lo deciden. El fuerte tiene derechos que al débil se le niegan, eso es natural. Es la ley del más fuerte, la que impera en el mundo entero. Pero la verdadera fuerza no necesita abusar de los débiles para demostrar su poder, no tiene necesidad de actuar así... Por miedo. -El Mink sentenció aquella frase con algo que su padre le había dicho muchas veces antes, y se le había quedado grabado. -Los hombres fuertes se cuidan a si mismos, los más fuertes protegen a los demás.
Volvió a clavar su mirada en Fyodor, midiendo cada reacción como un cazador que estudia a otro depredador.
-Si de verdad quieres ese mundo mejor que dices, entonces quizá nuestros caminos no sean tan distintos. Tal vez juntos podamos lograr hacer de este un mundo mejor. Aunque haya que destruirlo primero para ello.
Sus palabras no sonaban como una promesa todavía, pero sí como la apertura de una puerta que muy pocos habían conseguido que el mink dejara entreabierta. La posibilidad de tener, después de tanto tiempo, un amigo en el cual confiar.
-No podría pensar una razón mejor para hacerlo. -Murmuró finalmente tras oír las razones del tirador, relajándose casi instintivamente y con un destello de aprobación en sus ojos dorados. -No todo el que empuña un arma lo hace por un motivo así.
Se enderezó un poco, cruzando los brazos mientras su cola felina se movía lentamente de un lado a otro, como marcando el ritmo de sus pensamientos, mientras el lunariancontinuó, para acabar preguntando por las razones del propio tigre. Krysser vaciló unos segundos, dubitativo, hasta que al final rompió el breve silencio.
-Tal vez lo sea. Un arma, digo. -Alzó la vista levemente, rememorando. -Desde que tengo memoria he entrenado este cuerpo mío para luchar. -Su voz sonaba tranquila, pero con el peso de la convicción de alguien que había vivido incluso más de lo que contaba. Sin embargo, las razones por las cuales se había empujado más allá de sus límites no eran las mismas que cuando entrenaba desde niño, aunque tenían algo en común. Siempre fue para proteger a alguien. Su aldea, cuando soñaba con ser un mosquetero en Zou, o a los desamparados que habían sufrido ante un destino tan cruel como el que le apartó a él de su hogar. -Se podría decir que me hice fuerte para proteger, al igual que tú. Mi familia, mi hogar, mis amigos. Todo lo que me importa. Pero, también, para que aquellos que no pueden defenderse no tengan que inclinar la cabeza ante quienes usan su fuerza de forma injusta.
Por un instante, su mirada se perdió en un recuerdo invisible para el lunarian, uno que parecía oscurecer sus facciones antes de volver a relajarse.
-Demasiadas veces he visto la misma historia... -Continuó, bajando el tono, casi como si hablara para sí mismo. -Los débiles sufriendo porque los que se consideran fuertes así lo deciden. El fuerte tiene derechos que al débil se le niegan, eso es natural. Es la ley del más fuerte, la que impera en el mundo entero. Pero la verdadera fuerza no necesita abusar de los débiles para demostrar su poder, no tiene necesidad de actuar así... Por miedo. -El Mink sentenció aquella frase con algo que su padre le había dicho muchas veces antes, y se le había quedado grabado. -Los hombres fuertes se cuidan a si mismos, los más fuertes protegen a los demás.
Volvió a clavar su mirada en Fyodor, midiendo cada reacción como un cazador que estudia a otro depredador.
-Si de verdad quieres ese mundo mejor que dices, entonces quizá nuestros caminos no sean tan distintos. Tal vez juntos podamos lograr hacer de este un mundo mejor. Aunque haya que destruirlo primero para ello.
Sus palabras no sonaban como una promesa todavía, pero sí como la apertura de una puerta que muy pocos habían conseguido que el mink dejara entreabierta. La posibilidad de tener, después de tanto tiempo, un amigo en el cual confiar.
