14-08-2025, 01:09 AM
Joe fue el último en llegar y, tras reunirnos, nos informó de que debería haber un volcán cerca por el olor a azufre que detectaba. A pesar de estar en una posición alta, no podía ver muy lejos debido a la distorsión del intenso calor que hacía en el paisaje por lo que, si el volcán estuviese cerca, eso podría implicar a que también hubiese un río de lava. Rezaba porque no lo fuese, el barco estaba preparado para aguantar la posible tormenta pero no creo que fuese ignífugo. Tras ello, la opción de nuestro líder fue sugerir acercarnos a un edificio blanco, en una altura — Me parece buen plan... aquí lo único que puedo ver es que la marea está subiendo y que nos puede pillar una tormenta.
Se notaba que en esa isla poca civilización podría haber, apenas había vegetación y los caminos eran escarpados y si hubiese una ciudad cerca todo estaría mejor preparado. Subir aquella cordillera con el método tradicional era un trabajo y esfuerzo innecesario por mi parte por lo que, aún propulsado por mi propia arena, me desplazaba por el aire a unos diez metros por encima de mis compañeros. Así no tendría que caminar y quizás podría ver algo. Ojalá ser de arena me ayudase a evitar el calor infernal, pero no era así por lo que notaba cómo mi energía se agotaba más rápido que de costumbre.
Tras la hora de caminata ya estábamos cerca del edificio. De cerca ya podía verse que se trataba de un faro por lo pude ver que tenía una puerta. De forma impulsiva debido a la curiosidad que me provocaba saber qué podría haber allí dentro, me fui adelantando al grupo — Tranquilos muchachos, soy experto cerrajero, lo tengo todo bajo control ¿me seguís? —. No había puerta que se me pudiese resistir, tan sólo bastaba con deshidratar cualquier superficie para que ésta se desintegrase ante mí. Posé mi diestra sobre la puerta pero al comenzar a aplicar fuerza, ésta comenzó a ceder y empezó a abrirse — Olvidadlo, no hace falta ¡kakahaha! — La puerta realmente no estaba cerrada así que pude evitar el destrozarla. Una vez abierta, dejé que mis compañeros entrasen primero.
Lo que más me sorprendió en la primera impresión, era ver el blanco inmaculado que tenía el faro viendo las condiciones y situación de la isla. Lo que menos me apetecía, era tener que subir sus largas escaleras de caracol hasta la cima — Nos vemos arriba, ¡que camine otro por mí! — y, con una sonrisa extendiendo los dedos pulgar y meñique de mi diestra, con un saludo surfero hacia el grupo comencé a ascender por el aire al igual que había llegado hasta allí.
En lo alto no vi el sistema convencional que conocía de los típicos faros, sólo vi un pedestal en el centro con un mural en una de las paredes. Me acerqué al mural y pasé mi mano derecha por los dibujos, sin entender absolutamente nada de lo que estaba viendo. — Una roca, una hoja, el sol, el mar y una llama — decía para mí mismo mientras oía los pasos de mis compañeros ascendiendo por las escaleras, estando cada vez más cerca. En cuanto llegaron, me giré hacia ellos — Lo he entendido — de mi mano derecha empezaron a bailar dos pequeños sedimentos de arena como si canicas se tratasen — esa roca me dice que si apedreo al sol, quizás lo pueda apagar y así dejará de hacer tanto calor en esta puta isla ¡kakahaha! — empecé a bromear referenciando al suceso que vivimos en Sabaody, resultando un recuerdo menos traumático a medida que los años pasaron — No tengo ni idea de qué debemos hacer... quizás vosotros saquéis algo más en claro — Levité hasta una de las ventanas del lugar, la abrí y volé hasta el exterior — A lo mejor podemos sacar algo en claro desde esta posición, ¿me seguís? — Y acto seguido, tras expandir mi haki de observación a doscientos metros a mi redonda, comencé a otear el horizonte a mi alrededor, esperando que desde lo alto del faro, en lo alto de aquella cordillera, pudiese ver algún punto de interés que pudiese ayudarnos.
Se notaba que en esa isla poca civilización podría haber, apenas había vegetación y los caminos eran escarpados y si hubiese una ciudad cerca todo estaría mejor preparado. Subir aquella cordillera con el método tradicional era un trabajo y esfuerzo innecesario por mi parte por lo que, aún propulsado por mi propia arena, me desplazaba por el aire a unos diez metros por encima de mis compañeros. Así no tendría que caminar y quizás podría ver algo. Ojalá ser de arena me ayudase a evitar el calor infernal, pero no era así por lo que notaba cómo mi energía se agotaba más rápido que de costumbre.
Tras la hora de caminata ya estábamos cerca del edificio. De cerca ya podía verse que se trataba de un faro por lo pude ver que tenía una puerta. De forma impulsiva debido a la curiosidad que me provocaba saber qué podría haber allí dentro, me fui adelantando al grupo — Tranquilos muchachos, soy experto cerrajero, lo tengo todo bajo control ¿me seguís? —. No había puerta que se me pudiese resistir, tan sólo bastaba con deshidratar cualquier superficie para que ésta se desintegrase ante mí. Posé mi diestra sobre la puerta pero al comenzar a aplicar fuerza, ésta comenzó a ceder y empezó a abrirse — Olvidadlo, no hace falta ¡kakahaha! — La puerta realmente no estaba cerrada así que pude evitar el destrozarla. Una vez abierta, dejé que mis compañeros entrasen primero.
Lo que más me sorprendió en la primera impresión, era ver el blanco inmaculado que tenía el faro viendo las condiciones y situación de la isla. Lo que menos me apetecía, era tener que subir sus largas escaleras de caracol hasta la cima — Nos vemos arriba, ¡que camine otro por mí! — y, con una sonrisa extendiendo los dedos pulgar y meñique de mi diestra, con un saludo surfero hacia el grupo comencé a ascender por el aire al igual que había llegado hasta allí.
En lo alto no vi el sistema convencional que conocía de los típicos faros, sólo vi un pedestal en el centro con un mural en una de las paredes. Me acerqué al mural y pasé mi mano derecha por los dibujos, sin entender absolutamente nada de lo que estaba viendo. — Una roca, una hoja, el sol, el mar y una llama — decía para mí mismo mientras oía los pasos de mis compañeros ascendiendo por las escaleras, estando cada vez más cerca. En cuanto llegaron, me giré hacia ellos — Lo he entendido — de mi mano derecha empezaron a bailar dos pequeños sedimentos de arena como si canicas se tratasen — esa roca me dice que si apedreo al sol, quizás lo pueda apagar y así dejará de hacer tanto calor en esta puta isla ¡kakahaha! — empecé a bromear referenciando al suceso que vivimos en Sabaody, resultando un recuerdo menos traumático a medida que los años pasaron — No tengo ni idea de qué debemos hacer... quizás vosotros saquéis algo más en claro — Levité hasta una de las ventanas del lugar, la abrí y volé hasta el exterior — A lo mejor podemos sacar algo en claro desde esta posición, ¿me seguís? — Y acto seguido, tras expandir mi haki de observación a doscientos metros a mi redonda, comencé a otear el horizonte a mi alrededor, esperando que desde lo alto del faro, en lo alto de aquella cordillera, pudiese ver algún punto de interés que pudiese ayudarnos.
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Bélico
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Gastos
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