[ Pasado con Heissiani] El aroma más dulce.
#8
No tomó la carta de inmediato, como tampoco había hecho con la pipa. La observó sobre la hierba, permitiendo que el viento jugueteara con uno de sus bordes. Las invitaciones, pensó, son como semillas: algunas germinan, otras esperan, y algunas viajan más lejos de lo que quien las ofrece imagina.

Na’ali, siempre atenta a lo que no podía explicarse solo con palabras, se deslizó desde su brazo hasta la carta, rozándola con la lengua bífida. La inspeccionó con calma, siguiendo el borde del papel, como si pudiera detectar en él huellas invisibles: la calidez de las manos que lo habían escrito, el perfume de un lugar que aún no conocían, el leve pulso de una intención sincera. La joven Kuja observó el gesto sin apartar la vista de Cao, como si la reacción de su compañera formara parte de la respuesta. Solo cuando la serpiente relajó su postura y regresó a enroscarse en el antebrazo de su dueña, Heissiani extendió la mano.

— Heissiani —dijo por fin, presentándose con la naturalidad de quien entrega un nombre como una llave, no como una etiqueta — Kuja de nacimiento, viajera por elección… y, al parecer, invitada por destino.

No se apresuró a abrir la carta. La colocó sobre su regazo, apoyando una mano sobre ella como si fuera una piedra caliente recogida de la orilla — No acostumbro a aceptar invitaciones que no entiendo… pero esta no necesita explicación.

Con el cuidado que se reserva a un objeto frágil, Heissiani deslizó la uña bajo el sello y abrió la carta, dejando que el aroma tenue del papel envejecido y la tinta fresca la envolviera. Sus ojos recorrieron las líneas con la calma de quien degusta cada palabra, y una ligera curva suavizó sus labios al descubrir la invitación: una fiesta de té. Las frases estaban trazadas con delicadeza, prometiendo no solo el sabor de las infusiones, sino también la compañía de almas afines, en un encuentro que parecía hecho para su espíritu errante.

Hubo un silencio breve, un espacio de observación mutua, antes de que añadiera — Iré. No porque crea que debamos forzar un lazo… sino porque si el mar pone una botella en mis manos, sería una necedad no abrirla.

Sus palabras fueron acompañadas de una mirada directa, sin velos, donde la serenidad y la firmeza se encontraron. Luego, sin dramatismo, volvió a recostarse contra la base del árbol, dejando que su hombro rozara apenas la corteza.

Cerró y guardó la carta con cuidado dentro de su faja, junto al cuaderno de sueños, como si ambas cosas formaran parte del mismo hilo invisible que la había conducido hasta ese claro. Na’ali acomodó su cabeza junto al loto de su colgante, en una quietud que parecía un sello de aprobación.

—El destino… — murmuró, con un dejo de reflexión — a veces es un mapa sin letras. Y hoy, parece que caminamos en la misma dirección.

Su mirada se alzó nuevamente hacia las ramas del árbol, como si buscara en ellas la siguiente señal.
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RE: [ Pasado con Heissiani] El aroma más dulce. - por Heissiani - 14-08-2025, 02:59 PM

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