15-08-2025, 11:54 PM
El equipo parecía comenzar a funcionar.
Joe, con sus dotes deductivas y su coeficiente intelectual versado en las más enrevesadas artes sobre enigmas y puzzles pudo deducir lo evidente: cinco hendiduras, cinco elementos, cinco piedras. Una única llave para encender el faro. La cuestión ahora era encontrar las dichosas piedras en una isla nada despreciablemente pequeña y, para colmo, con miles de ubicaciones. Podrían estar en lugares representativos o, simplemente en el camino. Pero eso era suponer demasiado y los marines comenzaron a conjeturar. No durante mucho tiempo pues, ambos equipos sufrieron un revés. En el faro, los tres integrantes del equipo deductivo pudieron detectar una manada de hienas que se dirigía hacia ellos. El hambre voraz la empujó al faro intentando comer por primera vez en días y, para desgracia de los animales, el trío de marines respondió con crudeza. Fuguwu, lanzándose al centro y golpeando a diestra y siniestra a los animales dejó a un tercio de ellas en el suelo, prácticamente al borde de la muerte. Joe esperó estoicamente el ataque y respondió como una serpiente: atacando rápido y certero, dejando otro tercio fuera de combate. Apolo por su parte exhibió su poder como Logia y siendo prácticamente invulnerable al pobre ataque de las hienas aprovechó para golpearlas como una tormenta de arena golpea con cada grano. Brutal e implacable. Con esto, la manada quedó reducida y el equipo indemne. Mientras tanto, Karl tenía sus propios problemas. Al aterrizar en el borde del lago, sin mirar demasiado donde, rompió los enormes huevos de un nido de arañas y sufrió sus picaduras, provocando daños que pese a ser severos, la semioni usuaria del fénix podría curar en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo esto había evidenciado que en Mystoria todo parecía querer comerte o matarte y debían ir con precaución. Tras unos pisotones y golpes sobre sus piernas, las arañas quedaron reducidas a pulpa de insecto que bañaba la tierra. Después de eso, la artesana pudo llenar las cantimploras y observar el agua detenidamente. Ahora con su Haki activado estaría más atenta del entorno mientras buscaba un poco a través de la maleza para enccontrar con suerte algo que cazar. Lamentablemente para la semioni, que poco podía camuflarse con su enorme estatura, carecía de los conocimientos necesarios para moverse en ese tipo de terreno con el sigilo suficiente para predar. Los animales -los pocos que había- ante su presencia, que era ampliamente reconocible, salían espantados a toda prisa. Por un lado los Aqualopes, ciervos azul turquesa que desprendían gotas de agua por sus cuernos espirales al moverse y por otro los Plumacuáticos, aves grandes que, pareciéndose a grullas, tenían plumas iridiscentes y picos anchos para coger insectos del agua. Ambos huían despavoridos ante la presencia de la semioni quedando fuera de su alcance.
Por otra parte en el faro los Marines decidieron dividirse. Joe, quien sabía perfectamente donde estaría Karl, cargó una hiena y se dispuso a encontrarla para después reunirse con Apolo y Fuguwu, quienes se dirigirían al otro lago, que estaba más al oeste de la isla. Con un pacto de encontrarse allí, el trío se dividió y ambos bajaron la cordillera del faro para desplegarse en dos equipos. Pasadas tres horas, ambos grupos llegaron a su destino. Joe llegó al lago donde pudo observar a Karl mientras trataba de cazar -sin éxito, claramente- y Apolo y Fuguwu al lago, que carecía de una flora tan predominante como el otro, pero sí zonas verdes de pasto y algunos árboles. Estos últimos, cuando llegaron optaron por dos opciones distintas. Mientras Apolo fue cauto y dada su condición de usuario de fruta del diablo -y más de la Suna Suna no mi- decidió quedarse observando desde las alturas con su Haki activo. Desde esa altura, Apolo pudo observar con más detenimiento el volcán, ahora más cercano. También, incluso con su vista algo mermada, podía llegar a distinguir en la lejanía el otro lago. Con algo mejor visión, quizás hubiera podido identificar a sus compañeros. También pudo ver parte de la fauna de Mystoria como los Aqualopes, pero también algunos Brillopes, pequeños anfibios del tamaño de conejos de color rojo intenso que brillaban con un fulgor dorado en su panza. Además lo que ambos integrantes de la dupla oeste podían ver era la inmensidad de la formación montañosa a cuyos pies estaba el lago. Esta, parecía invitar a entrar en sus valles rocosos, pudiendo observar, si se miraba con atención, una entrada en la base de esta. Fuguwu, quien tenía ganas de volver a su elemento, se lanzó en picado al lago, que más que lago era una charca pues, apenas tenía unos palmos de profundidad. Esto provocó que el gyojin se golpeara de frente contra la tierra y encontrar en el lago una pobre cantidad de agua. El “lago” que se extendía largo y tendido por la zona oeste, apenas tenía unas zonas donde cubría un metro en el centro de este, siendo que en las demás zonas no llegaba la medio metro. El médico se pasó largo rato buscando por el lago, intentando buscar alguna piedra que pudiera parecerse a las que se requerían en el pedestal pero, sin suerte, no encontró más que agua… agua en el desierto.
El sol azotaba con fuerza justo encima de la cabeza de la División 9, aún sin piedras en su poder.
Joe, con sus dotes deductivas y su coeficiente intelectual versado en las más enrevesadas artes sobre enigmas y puzzles pudo deducir lo evidente: cinco hendiduras, cinco elementos, cinco piedras. Una única llave para encender el faro. La cuestión ahora era encontrar las dichosas piedras en una isla nada despreciablemente pequeña y, para colmo, con miles de ubicaciones. Podrían estar en lugares representativos o, simplemente en el camino. Pero eso era suponer demasiado y los marines comenzaron a conjeturar. No durante mucho tiempo pues, ambos equipos sufrieron un revés. En el faro, los tres integrantes del equipo deductivo pudieron detectar una manada de hienas que se dirigía hacia ellos. El hambre voraz la empujó al faro intentando comer por primera vez en días y, para desgracia de los animales, el trío de marines respondió con crudeza. Fuguwu, lanzándose al centro y golpeando a diestra y siniestra a los animales dejó a un tercio de ellas en el suelo, prácticamente al borde de la muerte. Joe esperó estoicamente el ataque y respondió como una serpiente: atacando rápido y certero, dejando otro tercio fuera de combate. Apolo por su parte exhibió su poder como Logia y siendo prácticamente invulnerable al pobre ataque de las hienas aprovechó para golpearlas como una tormenta de arena golpea con cada grano. Brutal e implacable. Con esto, la manada quedó reducida y el equipo indemne. Mientras tanto, Karl tenía sus propios problemas. Al aterrizar en el borde del lago, sin mirar demasiado donde, rompió los enormes huevos de un nido de arañas y sufrió sus picaduras, provocando daños que pese a ser severos, la semioni usuaria del fénix podría curar en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo esto había evidenciado que en Mystoria todo parecía querer comerte o matarte y debían ir con precaución. Tras unos pisotones y golpes sobre sus piernas, las arañas quedaron reducidas a pulpa de insecto que bañaba la tierra. Después de eso, la artesana pudo llenar las cantimploras y observar el agua detenidamente. Ahora con su Haki activado estaría más atenta del entorno mientras buscaba un poco a través de la maleza para enccontrar con suerte algo que cazar. Lamentablemente para la semioni, que poco podía camuflarse con su enorme estatura, carecía de los conocimientos necesarios para moverse en ese tipo de terreno con el sigilo suficiente para predar. Los animales -los pocos que había- ante su presencia, que era ampliamente reconocible, salían espantados a toda prisa. Por un lado los Aqualopes, ciervos azul turquesa que desprendían gotas de agua por sus cuernos espirales al moverse y por otro los Plumacuáticos, aves grandes que, pareciéndose a grullas, tenían plumas iridiscentes y picos anchos para coger insectos del agua. Ambos huían despavoridos ante la presencia de la semioni quedando fuera de su alcance.
Por otra parte en el faro los Marines decidieron dividirse. Joe, quien sabía perfectamente donde estaría Karl, cargó una hiena y se dispuso a encontrarla para después reunirse con Apolo y Fuguwu, quienes se dirigirían al otro lago, que estaba más al oeste de la isla. Con un pacto de encontrarse allí, el trío se dividió y ambos bajaron la cordillera del faro para desplegarse en dos equipos. Pasadas tres horas, ambos grupos llegaron a su destino. Joe llegó al lago donde pudo observar a Karl mientras trataba de cazar -sin éxito, claramente- y Apolo y Fuguwu al lago, que carecía de una flora tan predominante como el otro, pero sí zonas verdes de pasto y algunos árboles. Estos últimos, cuando llegaron optaron por dos opciones distintas. Mientras Apolo fue cauto y dada su condición de usuario de fruta del diablo -y más de la Suna Suna no mi- decidió quedarse observando desde las alturas con su Haki activo. Desde esa altura, Apolo pudo observar con más detenimiento el volcán, ahora más cercano. También, incluso con su vista algo mermada, podía llegar a distinguir en la lejanía el otro lago. Con algo mejor visión, quizás hubiera podido identificar a sus compañeros. También pudo ver parte de la fauna de Mystoria como los Aqualopes, pero también algunos Brillopes, pequeños anfibios del tamaño de conejos de color rojo intenso que brillaban con un fulgor dorado en su panza. Además lo que ambos integrantes de la dupla oeste podían ver era la inmensidad de la formación montañosa a cuyos pies estaba el lago. Esta, parecía invitar a entrar en sus valles rocosos, pudiendo observar, si se miraba con atención, una entrada en la base de esta. Fuguwu, quien tenía ganas de volver a su elemento, se lanzó en picado al lago, que más que lago era una charca pues, apenas tenía unos palmos de profundidad. Esto provocó que el gyojin se golpeara de frente contra la tierra y encontrar en el lago una pobre cantidad de agua. El “lago” que se extendía largo y tendido por la zona oeste, apenas tenía unas zonas donde cubría un metro en el centro de este, siendo que en las demás zonas no llegaba la medio metro. El médico se pasó largo rato buscando por el lago, intentando buscar alguna piedra que pudiera parecerse a las que se requerían en el pedestal pero, sin suerte, no encontró más que agua… agua en el desierto.
El sol azotaba con fuerza justo encima de la cabeza de la División 9, aún sin piedras en su poder.
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