16-08-2025, 06:04 PM
La mink esperó en silencio, podía determinar que esas presencias eran claramente unas hormigas a su lado, pero pese a esa superioridad no podía asumir que fueran enemigos. Sí, era sospechoso ver a dos desconocidos montando guardia a mitad de la nada en una casa de juguetes pero no por eso tenían que ser piratas. La zorra esperó, vigilando el patrón hasta saber cuando moverse, cuando pudo sentir que se alejaban no perdió tiempo y saltó a la ventana que quedaría sin vigilar con un buen salto que bastó para aterrizar sin mucho escándalo en la habitación interior. La infiltración de la zorra había sido exitosa, pero todavía necesitaba información. Su kaki no le había mostado más presencias, podían haberse ido o quizás estaban en algún lugar escondidos ya fuera dentro de la casa o en algún lugar donde no había llegado a sentir. Prefirió aguardar en las sombras, camuflada gracias a su pelaje y entonces cuando los vigías volvían saltó desde la sombra sin darles tiempo a reaccionar pero usando su pierna solo para mantenerlos contra el suelo desde su espalda. Los necesitaba vivos, al menos hasta que pudiera obtener información, llevó su mano al hocico para chistar señal de que no gritasen o sería lo último que fuesen a hacer. — ¿Son los piñatas? ¿Tienen al perrito? Si se portan bien les dejaré vivir y además podrán acariciarme si es que me ayudan, no me hagan enojar lindos. — preguntó con voz seductora dejando ver su cuerpo a la suave luz que ingresaba por la ventana, a veces la violencia no era la solución y un cuerpo tan delicioso junto con una actitud persuasiva podían abrir puertas inimaginables.
Pateó con suavidad el piso al costado de la cabeza de uno de los hombres, haciendo que el leve temblor bastase de advertencia, no era necesario abrir un agujero en el suelo y caerse de quien sabe cuantos pisos de altura. Además al tenerlos sometidos bastaba con pisar el cuerpo de uno con su pie para que el peso de una mink de casi dos metros hiciera el resto para persuadirlos de hacer alguna tontería. — No tengo malas intenciones, solo busco al perro longaniza y los piñatas que lo tienen prisionero, si me dan información o me ayudan a rescatarlo ya sea con posiciones o un plan puedo dejarlos vivir. Pero si intentan algo, no me cuesta nada ensuciarme las botas. — concluyó cruzando sus brazos bajo sus pechos, todo dependía de cuanto valorasen su vida los humanos, si al final debía matarlos no le costaría nada seguir su camino y encontrar a alguien que tuviese mejor gusto o al menos aprecio por la vida. Suspiró con suavidad, un poco impaciente por la decisión que fuesen a tomar, si algo le molestaba era cuando las cosas se alargaban pero confiaba en poder obtener jugosa información al seguir sus instintos en aquella ocasión.
Pateó con suavidad el piso al costado de la cabeza de uno de los hombres, haciendo que el leve temblor bastase de advertencia, no era necesario abrir un agujero en el suelo y caerse de quien sabe cuantos pisos de altura. Además al tenerlos sometidos bastaba con pisar el cuerpo de uno con su pie para que el peso de una mink de casi dos metros hiciera el resto para persuadirlos de hacer alguna tontería. — No tengo malas intenciones, solo busco al perro longaniza y los piñatas que lo tienen prisionero, si me dan información o me ayudan a rescatarlo ya sea con posiciones o un plan puedo dejarlos vivir. Pero si intentan algo, no me cuesta nada ensuciarme las botas. — concluyó cruzando sus brazos bajo sus pechos, todo dependía de cuanto valorasen su vida los humanos, si al final debía matarlos no le costaría nada seguir su camino y encontrar a alguien que tuviese mejor gusto o al menos aprecio por la vida. Suspiró con suavidad, un poco impaciente por la decisión que fuesen a tomar, si algo le molestaba era cuando las cosas se alargaban pero confiaba en poder obtener jugosa información al seguir sus instintos en aquella ocasión.
Resumen
Karmas
Inventario
Akuma
