[Pasado] Gecko: Donde el océano se inclina ante el gigante
#1
La embarcación solitaria cortaba el oleaje como una cuchilla de acero bajo la luz gris del amanecer. Las olas se hallaban fuertes, una marea salvaje e inquieta recibía
al joven de una manera que podía percibir como rechazo, cual si el mar mismo quisiera consumirlo. En el horizonte vislumbraba posibilidades, una nueva vida, las aventuras
por venir marcaban su sendero por ese mar de monstruos y piratas. Había pasado demasiado tiempo entre las sombras de su natal Kuraigana, cauto en las murallas
que emitían el eco de tragedias, «Como la de sus padres ». Él lo sabia, no era un lugar para crecer, sino para apagarse lentamente.
El viento marino arrastraba consigo la humedad de la bruma, colándose en sus ropas, impregnando su piel con el salitre del viaje. Para su mala suerte, ahora
el hedor a sal era su única compañía, solo, en ese gran mar, quieto como una estatua y rezando por encontrar tierra firme lo antes posible, tenia hambre y su estómago
no dejaba de gritar locamente por un bocado. Una sinfonía nada grata.  De la nada, vientos huracanados azotaron su navío, se aferro con dureza al timón, tratando de fluir con las aguas turbulentas.
Al finalizar aquella pequeña tormenta llegaría a visualizar tierra firme, estructuras desgastadas y castillos de antaño, el tiempo las había devorado sin clemencia, pero aun estaban allí para recibirle. La isla Gecko, para algunos el comienzo de una aventura, para los menos afortunados un cementerio de sueños y despojos, donde el pasado se mezclaba con los susurros del viento. Llegar al puerto se sentía raro, mareado, como si caminar de por si fuera algo impropio de sí mismo. «Joder, ¿Por cuánto tiempo navegue?» se pregunto antes de balancear su cuerpo. Lo primero que hizo fue entrar a la primera cantina a la vista, gastaría unos cuantos berries ahorrados en un trozo de pan y un bistec medianamente comestible, al menos lo suficientemente cocido para no causarle una salmonela.
El lugar en si mismo no era de su agrado, incluso habiendo vivido en la penumbra de Kuraigana. El aire estaba impregnado de un aroma metálico, mezcla de óxido, salitre y madera podrida. Aunque lo admitía, las casas estaban tan bien alineadas que parecía un pequeño nacimiento. —Si llega una tormenta seguro no la cuentan —.
El avance de Ashveil por la costa fue lento, hasta visualizar algo aparentemente inusual, primero creyó que era una colina: una forma irregular cubierta de tierra y raíces. Pero al fijarse mejor, notaria que eso no era madera sino piel, frente amplia, ojos azules como el mar y lo más llamativo, su cabellera, sucia de polvo y
barro. Como un fuego apagado por la tierra misma.
 —No parece que la estés pasando bien, eh? —
Por su tamaño, era claro, se trataba de un gigante, leyó sobre ellos en la biblioteca que
tenia, pero jamás espero encontrarse con uno tan pronto y menos en esas tierras.
—¿Cómo algo como tú termino así? —  Sin mencionar
que seguramente era ridículamente fuerte solo por su tamaño, vamos… Ashveil tenia que levantar la mirada para verlo.
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[Pasado] Gecko: Donde el océano se inclina ante el gigante - por Lucarne Ashveil - 17-08-2025, 09:01 PM

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