[Aventura T2][Presente Absoluto] Punto de Fuga
#8
Tengo el pulso tan acelerado que siento como si el corazón estuviera saltando para salir disparado por mi boca. Por unos instantes, la música parece alejarse, sonando como si tan solo se tratase de un eco arrastrado por el aire. Ni yo mismo me puedo creer que me haya delatado frente a un hombre de la marina. Y uno tan imponente, nada más. 

El gesto del Contramaestre va variando con mis palabras. En un principio muestra curiosidad, pero poco a poco se va transformando hacia algo mucho menos deseado. Parece no comprender lo que le digo, al menos, todo lo que digo después de confesarle que he robado el collar. Me grita y la gente alrededor crea espacio con nosotros, si gesto de incomprensión. Y el tiempo se detiene.

Los siguientes segundos se alargan y el propio local parece contener la respiración. DaSilva permanece parado, analizando lo que le he contado, como si no llegase a entender lo que le digo. Pero pronto, la quietud se rompe, y, en un movimiento que apenas puedo seguir, atrapa mi mano que aún seguía extendida. La fuerza que ejerce sobre mi muñeca me hace olvidar cualquier intención de resistirme, pues parece que fuese capaz de partirme los huesos si así se lo propusiera. Gira a mí espalda sin soltar el brazo y atrapa mi otra mano y las juntas tras de mi. Oigo un chasquido metálico y me dice que estoy arrestado con una voz apagada, como la de alguien que descubre que le han estado engañando, con el matiz de una confianza rota en añicos. 

Comienza a empujarme. La gente se abre a nuestro paso, como un banco de peces que deja espacio a un tiburón, sin movimientos repentinos que puedan llamar la atención, pero cuidándose de no permanecer en su camino. Me sorprende notar que las esposas no están excesivamente apretadas, nada que ver con cuando los hombres de Reena las usaban sobre mi. Sus empujones no son tampoco agresivos, pero dejan claro la seriedad de la situación. Avanzó sin resistirme, sabedor de que puedo haber disfrutado de mis últimos días de libertad por un tiempo. No hay posibilidad de que pueda enfrentarme a él, verdad?

Bajamos las escaleras. Mis pasos son cuidadosos, pues el contraste con las luces del interior hace que mis ojos tarden en adaptarse. Además, no tener la ayuda de las manos para balancear el peso o ayudarme del pasamanos, no facilita el proceso. Me agrada ver qué DaSilva no apresura mi ritmo lanzándome escalones abajo. Ni siquiera me dice que acelere. Simplemente se limita a bajar tras de mí.

Un grupo de hombres se encuentran con nosotros en las escaleras. Unos miran desconcertados y otros prefieren no cruzar la mirada con mi captor. Se trata de los hombres de Reena, confusos ante la situación y con pocas ganas de que el marine los identifique. Incluso se puede ver una ligera chispa de temor en sus ojos, como si temiesen más las represalias de este hombre que las de Reena.

Ya en la calle, DaSilva guía mi marcha con un empujón. Me invita a tomar la ruta de la calle iluminada, la que había descartado en primera instancia. Aquella que dirige al puerto, sin sombras y sin escondites. Totalmente expuesto. Y entonces todo se oscurece, no en la calle, no. La avenida permanece tan iluminada como las ferias de las grandes ciudades. Lo que se oscurece es mi mente al darse cuenta de que este camino no solo lleva hasta el puerto. El cuartel de la marina está en esa misma dirección.

Mi cabeza comienza a hervir, como lo hace cuando busca soluciones. Reviso el callejón, oscuro, aquel por el que no quise escapar, y el que ahora me parece el paraíso. Me planteo mis posibilidades. Tal vez pueda crear una distracción y echar a correr por allí. Una vez en las sombras podría intentar huir y ocultarme. Mis piernas se tensan para comenzar mi carrera, pero vuelve a mí memoria la velocidad con la que el Contramaestre se movió a mí espalda. Si salgo a correr no tardaría en atraparme.

Continúo andando, cabizbajo. Solo espero que la marina tenga leyes para proteger a los presos. Seguro que me tratan mejor de lo que hicieron los hombres de Reena. Y mucho mejor de lo que me harían si me hubieran capturado...

-Al menos me has salvado de los hombres de Reena -digo sin entender muy bien el porqué-. Ya estuve mucho tiempo preso por ellos cuando me arrebataron mi collar. No me quiero imaginar como me tratarían ahora que les hice enfadar.

Una pequeña carcajada burlona se escapa de dentro de mi. No algo exagerado, más bien aire que sale de mi como si lo expulsase la tensión. Y ese aire trae consigo una tromba, no de agua, de palabras. Algo incontenible, que deja en mi una sensación de alivio, como si se tratase de la última confesión de un preso.

Puedo pedirte un favor? No le entreguéis mi collar a la familia Reena. Es lo único que me queda. Mi última esperanza para dar con mis padres. Reena me lo quitó para obligarme a trabajar para él, pero solo se limitó a engañarme. No aguantaba más y sentía que tenía que recuperarlo. Pero... A quien se le ocurre confesar algo así a un marine? Debo estar loco jaja.

Ni si quiera giro mi cabeza para mirar a DaSilva. Solo me limitó a avanzar sin resistencia. Tal vez sea el rugido de mis tripas lo que nubla mi sentido, ya hace bastante que no como nada. Debí haber preguntado a esos atareados camareros si tenían algo de comer antes de meter así la pata. Me resigno a mí destino, pues se que el Contramaestre podría hacer conmigo como lo hace un niño con su peluche. Cuanto tiempo me caerá? Espero no sea mucho...

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RE: [Aventura T2][Presente Absoluto] Punto de Fuga - por Varoganchin - 17-08-2025, 11:27 PM

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