[EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo
#14
El ataque sobre el mink lince parecía tratarse de un mero capricho, pues Oxxy Coon era el único miembro de los Toros Negros que no tenía un precio sobre su cabeza, además de tratarse del más hábil del grupo en los temas referentes al sigilo. Ya fuera un capricho o no, el efecto de este fue palpable en los cuatro revolucionarios. Los tres que todavía seguían con vida no tardaron ni un instante en localizar a la que parecía la única presencia destacable en los alrededores. Los dos más longevos llegaron a la conclusión de que aquel hombre había sido el causante de la situación, mientras que el invidente monje se limitó a percibir y no juzgar. Una vez descubierta la ubicación del misterioso hombre, bien podrían haber ido y acabar con él, atacando todos a la vez mientras aprovechaban que éste se encontraba distraído yaciendo con su hermosa amante. Acabar con él no sólo hubiera servido para vengar la muerte de su camarada y amigo, si no que también habrían podido reducir drásticamente el poder militar de la guardia real a la que parecían tener intención de derrocar.

El comandante revolucionario optó entonces por la opción menos arriesgada. En vez de descartar la idea de tratar de salvar a su amigo y arriesgar la integridad del resto en un deshonroso intento de asesinato, hizo caso de las palabras del forajido y decidió que le seguirían al bosque, mientras prometía venganza al más alto de sus compañeros.

El gigante monje liberó a todos los presentes de su trampa de arcilla antes de comenzar a desaparecer en un charco de barro, lo cual para variar provocó otro escándalo entre los civiles de los alrededores. No fue así para el hombre de la capucha, pues tan pronto pudo moverse cargó el cuerpo del mink y tras hacer una señal al líder revolucionario comenzó a correr por el callejón, en dirección opuesta a la calle principal. La veintena de forajidos consiguieron noquear a los guardias que habían dado el alto anteriormente a los revolucionarios, no sin que cinco de ellos quedaran inconscientes en medio de la trifulca. Aquella pelea, sumada al sonido del impacto que había derribado a Oxxy, fueron suficientes para que dos de las patrullas de guardias se acercaran al callejón a apoyar a sus compañeros. El grupo de forajidos, quienes habían visto cumplida su labor de ayudar a su líder a escapar, optaron por hacer lo propio, recogiendo a sus compañeros inconscientes mientras se dispersaban para huir hacia el bosque.


El hombre de la capucha, quien conocía a la perfección las calles y callejones del pueblo, comprobaba de vez en cuando que Kageyama no le hubiera perdido el rastro - ¡Oh, que guapo es! - dijo una joven, casi desmayándose al ver al líder revolucionario correr. Debido a las prisas y al tener las manos ocupadas por cargar al mink, el hombre no pudo evitar que su capucha cayera hacia atrás, dejando de esa forma a la vista su característico rostro, haciendo que los lugareños le reconocieran. - ¡Si es el mismo Robin! - un señor señaló al hombre de la capucha cuando pasaron a su lado - ¡Oh, es Robin de los Bosques! - un niño llamó a sus amigos, para que admiraran también al famoso forajido. Durante el trayecto hasta salir del Pueblo Bayo, los revolucionarios no encontraron ningún guardia, pues además del conocimiento y la pericia del hombre que les guiaba, los civiles que encontraban por el camino también les ayudaban a moverse por las calles para no ser interceptados.

Tras algo más de un cuarto de hora de intensa carrera, el grupo alcanzó a salir del pueblo y entrar en el bosque. El bosque estaba poblado en su mayoría por abedules y robles, los cuales con el pasar de los años habían alcanzado unos tamaños colosales, superando en su mayoría los veinte metros de alto, aunque en el corazón del bosque los había incluso que llegaban a la treintena. Una vez alcanzaron el bosque, se permitieron reducir algo el ritmo e incluso el mink panda podía abandonar su estratégica posición, pues parecían estar ya relativamente a salvo. Aun así, el tal Robin les instó a seguir, pues hasta que no llegaran al campamento no podrían estar completamente tranquilos. Caminaron por el bosque algo más de una hora, sorteando todo tipo de obstáculos naturales, por un camino que se les haría realmente complicado repetir, aun con las grandes dotes para la orientación que poseían el mink y el humano. Pudieron escuchar, primero el gigante y algo más tarde el resto de miembros como alguien silbaba rítmicamente, como si tarareara una canción, aunque seguramente hubieran sentido con anterioridad la presencia de aquellos hombres quienes estaban haciendo guardia en lo alto de los árboles


- Ya estamos en el campamento - dijo el hombre, permitiéndose descansar mientras se dirigía a los revolucionarios - Ahora podrán tratar a vuestro compañero, y mientras le tratan os contaré todo - sonrió, notablemente cansado por no estar acostumbrado a correr cargando un peso mayor que el suyo. Según cruzaron lo que parecía el umbral, pudieron ver con mayor claridad el campamento. Se encontraba en un claro del bosque, al cual para acceder había que cruzar un pequeño arroyo. En el centro había un hoguera, alrededor de la cual parecía estar organizado todo el campamento. Junto a la hoguera, una improvisada cubierta protegía varias mesas de las inclemencias del tiempo. A lo largo de las lindes del claro, en las copas de los árboles y a los pies de estos, había numerosas cabañas de todo tipo de tamaños, en las cuales varias personas parecían estar trabajando en la fabricación de cierta variedad de utensilios, desde flechas, arcos y botiquines hasta pequeñas bolsas con piedras.

Tan pronto cruzaron el arroyo, un par de hombres se acercaron a ellos. El primero de ellos, de unos cincuenta años, tenía una frondosa barba de color anaranjado, la cual se juntaba con el pelo que le restaba en los laterales de la cabeza, pues la parte superior la ocupaba una gran y brillante calva. Iba vestido con una camisa y un pantalón amarillos, los cuales cubría parcialmente con una túnica acolchada y bastante desgastada. El otro hombre, quien al lado del primero parecía más joven todavía, tenía el pelo de color rubio y una complexión delgada. Su vestimenta consistía en una túnica corta de color rojo, unos pantalones marrones y unas botas del mismo color rojo. En su espalda, portaba un escudo, así como un mangual de bastante buena calidad - Sí que habéis tardado, Robin - dijo el hombre mayor, analizando levemente la situación - ¿Se ha complicado algo? - el hombre de verde le interrumpió entonces, bajando de su espalda al mink lince - Luego te cuento, Stutely, pero antes hay que tratarle - los otros dos hombres cogieron el cuerpo sin vida del revolucionario, dispuestos a llevarle a la tienda que hacía de enfermería. El más joven le tomó el pulso, algo que a causa de las prisas por llegar al campamento el primero no había hecho - Tío, ya no... - el joven habló, antes de mirar a los revolucionarios. Abrió los ojos en un gesto de sorpresa, aunque continuó hablando - ¿Era vuestro amigo? - preguntó, algo dolido. Habían perdido a bastante gente a lo largo de los años, pero tener que informar a otras personas de ese tipo de sucesos le seguían siendo complicados. El hombre mayor comprendió al momento lo que sucedía, por lo que intercedió - Lamento deciros esto, pero no hay nada que podamos hacer por salvar a vuestro amigo - dijo con seriedad. Aquellas palabras hicieron que Robin se llevara la mano a la cara, sin poder contener las lágrimas, fruto de la culpa de sentirse causante de aquel trágico desenlace - Viendo la herida que tiene creo que me hago una idea de qué le ha sucedido... no se si saber esto os ayudaría a encontrar consuelo, pero os puedo asegurar que vuestro amigo no ha sufrido - tras unos breves instantes para recomponerse, el hombre de verde se dirigió nuevamente a los Toros Negros - Os debo muchas respuestas, que prometí os daría cuando llegáramos al campamento y pudiéramos tratar a vuestro amigo - comenzó a hablar, agachando la cabeza al terminar aquella frase - Es posible que queráis llorar primero a vuestro compañero. No conozco vuestras costumbres, pero si precisáis de cualquier cosa, o queréis darle sepultura, puedo hacer llamar al Padre Tuck - ofreció - Sé que no es gran cosa, pero, si no os importa, me gustaría dedicar la comida de hoy a vuestro compañero, pues es una forma que tenemos aquí de honrar a nuestros hermanos que caen luchando contra la tiranía del rey y sus secuaces - explicó, antes de mirar al hombre mayor, recibiendo una respuesta afirmativa por parte de este - Stutely y mi sobrino Will Scarlett os guiarán por el campamento y os proveerán de lo que necesitéis, ya sea agua, comida o útiles. Cuando estéis listos, os esperaré en mi cabaña para contaros todo - se despidió, antes de alejarse apesadumbrado.

- Les pido disculpen a Robin - dijo Stutely - Es un joven muy capaz, y aunque sus métodos a veces son algo poco ortodoxos, valora las vidas de la gente por encima de todo, lo cual hace que le afecten personalmente - analizaba levemente a los revolucionarios - Lamento que esta sea la forma en que nos conocemos, pero igualmente me presento. Yo soy Will Stutely, un artesano a quien Robin salvó de ser ejecutado, y este es su sobrino, Will Scarlett. Como bien os ha dicho, estamos a su completa disposición.



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RE: [EVENTO LOCAL - TOROS NEGROS] - Para el pueblo lo que es del pueblo - por Voz Seductora - 18-08-2025, 05:09 PM

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