18-08-2025, 07:47 PM
Una vez empezamos a atravesar la entrada de la montaña, fui avanzando mientras me acercaba al suelo para aterrizar de una forma ligera y fluida, haciendo que la arena que me propulsaba se tornase en mis propias piernas. A medida que caminábamos observaba que, ante la ausencia de una fuente de agua cercana, la poca vegetación con la que nos habíamos topado se iba transformando en un ecosistema más rocoso y seco, algo más afín al demonio de la Suna Suna. Cuantos más minutos pasaban en nuestra marcha, más oscuro se empezaba a tornar el día, como si esa zona viviese en un día nublado. Los restos esqueléticos de los animales indicaban que por ahí tuvo que haber vida, las calaveras con aspecto humano, indicaba que también tuvo que haber civilización... pero desde lo alto del faro jamás pude llegar a ver ningún rastro de civilización más allá del propio faro.
Para entretenerme por el camino hice rodar una de las calaveras humanas que había por el suelo con la planta de mi pie derecho. Con la punta, lo levanté y empecé a caminar dando toquecitos a lo que años atrás había sido una cabeza. Alternaba mis pasos enviándola de forma acrobática de un pie a otro, inmerso en mis propios pensamientos con una actividad que yacía siempre en mi subconsciente. Volví en mi ser cuando empecé a oír la voz de Fuguwu, como si recitase algún tipo de frase creada por un poeta porque hablaba de forma misteriosa. — ¿Muertos? ¿Qué? — elevé la calavera que estaba usando como pelota, la agarré con las manos y pasé mi diestra sobre ella en círculos, como si quisiese sacarle el polvo. Finalmente la dejé sobre una roca cercana — Mis disculpas ¡kakahaha! — Fuguwu parecía animado a entrar en esa especie de sendero creado a través de la piedra de la montaña y, dándole la razón, entré sin dudar — Nada nos ha detenido... pero resulta curioso ver restos humanos y faroles en los caminos. Los animales de la isla no podrían construir algo así pero tampoco hemos visto poblados en ningún momento, ¿me sigues?
La parte positiva era que, dentro de la montaña, la sensación de calor que tanto fatigaba iba desapareciendo. La parte negativa era que si ya de por sí veía de forma regular, ahí dentro apenas podía observar nada más allá que plena oscuridad y una pequeña lucecilla en la lejanía. El ser humano es extraño, inconscientemente nos dirigimos hacia esa pequeña luz como si fuese la solución a los problemas, como si de serie estuviésemos programados para acercarnos a la luz y huir de la oscuridad y, una vez cerca, Fuguwu y yo fluimos en la misma sintonía — Me has leído la mente — estiré mi mano derecha, empezando a emitir arena a través de mis dedos — no me fío de nada de lo que pueda ocurrir aquí y no sé si esto es una trampa... así que mejor poner en riesgo la arena que a nosotros mismos — Y de forma en la que mi cuerpo pudiese expandirse a voluntad, la arena siendo una extensión de mi propia mano derecha agarró la luz y la trajo hacia nosotros. Sujeté la piedra con la palma de mi mano derecha, al mismo tiempo que la observaba — Brilla... y tiene forma de medialuna. Nunca había visto una piedra tan extraña así que debe de ser una de las que dices que tenemos que encontrar — Cuando quise darme cuenta, los ecos se transformaron en una especie de risas y, cuando me giré para salir por dónde habíamos entrado, por arte de magia el camino se bifurcó en dos. — Qué cojones está pasando aquí — la situación empezaba a transmitirme una sensación incómoda, de yuyu
Como estaba medio ciego y medio sordo tenía que dejar todo en manos de mi instinto y del waki que Karl me había enseñado por si conseguía ayudarme a sentir algo. Fuguwu se jugó la decisión de elegir uno de los dos caminos lanzando una moneda al aire — Yo, como podrás imaginar, soy más de tirar hacia la izquierda ¡kakahaha! — señalé hacia el lado derecho de mi cara, el cual estaba tapado con mi media máscara ocultando la herida casi mortal — pero si la moneda dice derecha, vayamos por ahí. Si sale bien será nuestro amuleto... si sale mal podemos hacernos grandes, gritar y menear nuestras capas como si fuésemos un fantasma. Si sale peor... ¿corremos?. No te separes de mí — con mi mano diestra sujeté la piedra para intentar alumbrar algo y ver dónde pisábamos. Con mi zurda, comencé a dejar un rastro de arena por el suelo para evitar perdernos o saber por dónde habíamos caminado. — Mi filosofía es que el buen rollo atrae el buen rollo pero como algo se pase de listo, lo encañono. Vamos allá — Cogí aire y empecé a moverme — Tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê,tê-tê-tê. Samba da bahía, Apolo Bahía, Samba da bahía, Apolo bahía... — y, sumido en mi propia canción, la cual resonaba en los ecos de la profundidad de la oscura cueva para intentar ocultar mi incomodidad, comencé a caminar por el camino derecho con Fuguwu acompañándome.
Para entretenerme por el camino hice rodar una de las calaveras humanas que había por el suelo con la planta de mi pie derecho. Con la punta, lo levanté y empecé a caminar dando toquecitos a lo que años atrás había sido una cabeza. Alternaba mis pasos enviándola de forma acrobática de un pie a otro, inmerso en mis propios pensamientos con una actividad que yacía siempre en mi subconsciente. Volví en mi ser cuando empecé a oír la voz de Fuguwu, como si recitase algún tipo de frase creada por un poeta porque hablaba de forma misteriosa. — ¿Muertos? ¿Qué? — elevé la calavera que estaba usando como pelota, la agarré con las manos y pasé mi diestra sobre ella en círculos, como si quisiese sacarle el polvo. Finalmente la dejé sobre una roca cercana — Mis disculpas ¡kakahaha! — Fuguwu parecía animado a entrar en esa especie de sendero creado a través de la piedra de la montaña y, dándole la razón, entré sin dudar — Nada nos ha detenido... pero resulta curioso ver restos humanos y faroles en los caminos. Los animales de la isla no podrían construir algo así pero tampoco hemos visto poblados en ningún momento, ¿me sigues?
La parte positiva era que, dentro de la montaña, la sensación de calor que tanto fatigaba iba desapareciendo. La parte negativa era que si ya de por sí veía de forma regular, ahí dentro apenas podía observar nada más allá que plena oscuridad y una pequeña lucecilla en la lejanía. El ser humano es extraño, inconscientemente nos dirigimos hacia esa pequeña luz como si fuese la solución a los problemas, como si de serie estuviésemos programados para acercarnos a la luz y huir de la oscuridad y, una vez cerca, Fuguwu y yo fluimos en la misma sintonía — Me has leído la mente — estiré mi mano derecha, empezando a emitir arena a través de mis dedos — no me fío de nada de lo que pueda ocurrir aquí y no sé si esto es una trampa... así que mejor poner en riesgo la arena que a nosotros mismos — Y de forma en la que mi cuerpo pudiese expandirse a voluntad, la arena siendo una extensión de mi propia mano derecha agarró la luz y la trajo hacia nosotros. Sujeté la piedra con la palma de mi mano derecha, al mismo tiempo que la observaba — Brilla... y tiene forma de medialuna. Nunca había visto una piedra tan extraña así que debe de ser una de las que dices que tenemos que encontrar — Cuando quise darme cuenta, los ecos se transformaron en una especie de risas y, cuando me giré para salir por dónde habíamos entrado, por arte de magia el camino se bifurcó en dos. — Qué cojones está pasando aquí — la situación empezaba a transmitirme una sensación incómoda, de yuyu
Como estaba medio ciego y medio sordo tenía que dejar todo en manos de mi instinto y del waki que Karl me había enseñado por si conseguía ayudarme a sentir algo. Fuguwu se jugó la decisión de elegir uno de los dos caminos lanzando una moneda al aire — Yo, como podrás imaginar, soy más de tirar hacia la izquierda ¡kakahaha! — señalé hacia el lado derecho de mi cara, el cual estaba tapado con mi media máscara ocultando la herida casi mortal — pero si la moneda dice derecha, vayamos por ahí. Si sale bien será nuestro amuleto... si sale mal podemos hacernos grandes, gritar y menear nuestras capas como si fuésemos un fantasma. Si sale peor... ¿corremos?. No te separes de mí — con mi mano diestra sujeté la piedra para intentar alumbrar algo y ver dónde pisábamos. Con mi zurda, comencé a dejar un rastro de arena por el suelo para evitar perdernos o saber por dónde habíamos caminado. — Mi filosofía es que el buen rollo atrae el buen rollo pero como algo se pase de listo, lo encañono. Vamos allá — Cogí aire y empecé a moverme — Tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê,tê-tê-tê. Samba da bahía, Apolo Bahía, Samba da bahía, Apolo bahía... — y, sumido en mi propia canción, la cual resonaba en los ecos de la profundidad de la oscura cueva para intentar ocultar mi incomodidad, comencé a caminar por el camino derecho con Fuguwu acompañándome.
Resumen
Bélico
Cambio de atributos
Gastos
Karmas aplicados
