19-08-2025, 05:39 PM
Sin mejor opción para decidir nuestro destino, saqué una moneda de mi bolsillo. El metal frío contrastaba con mis manos sudorosas mientras la lancé al aire, confiando en el destino ante la imposibilidad de elegir con lógica. El símbolo del Berry señaló hacia la derecha, por lo que, tras guardar la moneda en mi pantalón, empezábamos a caminar por ese sendero. Mientras avanzábamos por el estrecho pasaje, Apolo comenzó a cantar, quizás intentando mantener los ánimos arriba o espantar los miedos que nos acechaban. Su voz resonaba en la oscuridad, pero había algo profundamente perturbador en cómo los ecos se multiplicaban, como si los muertos del lugar se burlaran de nosotros.
“Bahía, Bahía, Bahía...” – la repetición resonaba por todo el túnel, creando una sinfonía macabra que hacía que mi piel se erizara aún más.
El camino parecía interminable, y con cada paso que dábamos, la sensación de que algo andaba mal crecía en mi interior. La energía parecía drenar de mi cuerpo, como si las propias sombras se alimentaran de nuestra presencia. Cuando finalmente llegamos a otra bifurcación que se veía extrañamente similar a la anterior, entendí que habíamos elegido el camino equivocado.
Sin embargo, si pude notar algo diferente, nuestros pasos ahora repicaban tres veces en lugar de las dos que habían estado resonando antes. Que resonaran dos veces ya me pareció raro pero no hice comentario alguno, pero que ahora repicara el sonido tres veces no podía ser coincidencia.
“Apolo, espera, tengo la sensación de que nos estamos alejando…” – dije mientras escuchaba con atención mis alrededores – “¿Has notado los ecos? Antes nuestros sonidos se replicaban dos veces, ahora son tres.” – continue mientras mantenía el haki de observación expandido a 150m de nosotros intentando captar rastro alguno de vida dentro de la cueva – “Igual cuando estabas cantando, algo repitió Bahía tres veces, no creo que sea casualidad.”
Luego, señalé hacia atrás, donde aún podía distinguir débilmente el rastro de arena que mi compañero había dejado en nuestro camino, apenas visible bajo la tenue luz de la piedra lunar.
“Sugiero que volvamos sobre nuestros pasos. Tu rastro de arena nos puede guiar de vuelta, y si mi teoría es correcta, deberíamos buscar el camino donde los ecos sean menores o directamente desaparezcan.” – termine de formular mi teoría y quede atento a lo que respondiera Apolo.
Sin embargo Apolo insistió en que probáramos con el camino de la izquierda y, dado que ya me había seguido inicialmente al elegir el camino de la derecha y aunado a que no estaba del todo seguro de que mi razonamiento fuera correcto, decidí confiar en mi compañero de mil batallas por lo que, luego de discutirlo con mi compañero surfista, retomamos el avance. Nos mantuvimos cerca el uno del otro en la opresiva oscuridad, manteniendo la separación de medio metro entre nosotros mientras seguíamos el rastro de arena. Cada paso que dábamos hacia adelante parecía llevarnos un poco más cerca de la esperanza, aunque las risas espectrales que nos rodeaban me hacían sentir que nuestra lucha contra este lugar maldito apenas comenzaba. La piedra lunar en manos de Apolo continuaba siendo nuestra única guía en esta pesadilla, su luz pálida apenas suficiente para no tropezar, pero al menos nos mantenía unidos en medio de la oscuridad que parecía querer encerrarnos para siempre.
“Bahía, Bahía, Bahía...” – la repetición resonaba por todo el túnel, creando una sinfonía macabra que hacía que mi piel se erizara aún más.
El camino parecía interminable, y con cada paso que dábamos, la sensación de que algo andaba mal crecía en mi interior. La energía parecía drenar de mi cuerpo, como si las propias sombras se alimentaran de nuestra presencia. Cuando finalmente llegamos a otra bifurcación que se veía extrañamente similar a la anterior, entendí que habíamos elegido el camino equivocado.
Sin embargo, si pude notar algo diferente, nuestros pasos ahora repicaban tres veces en lugar de las dos que habían estado resonando antes. Que resonaran dos veces ya me pareció raro pero no hice comentario alguno, pero que ahora repicara el sonido tres veces no podía ser coincidencia.
“Apolo, espera, tengo la sensación de que nos estamos alejando…” – dije mientras escuchaba con atención mis alrededores – “¿Has notado los ecos? Antes nuestros sonidos se replicaban dos veces, ahora son tres.” – continue mientras mantenía el haki de observación expandido a 150m de nosotros intentando captar rastro alguno de vida dentro de la cueva – “Igual cuando estabas cantando, algo repitió Bahía tres veces, no creo que sea casualidad.”
Luego, señalé hacia atrás, donde aún podía distinguir débilmente el rastro de arena que mi compañero había dejado en nuestro camino, apenas visible bajo la tenue luz de la piedra lunar.
“Sugiero que volvamos sobre nuestros pasos. Tu rastro de arena nos puede guiar de vuelta, y si mi teoría es correcta, deberíamos buscar el camino donde los ecos sean menores o directamente desaparezcan.” – termine de formular mi teoría y quede atento a lo que respondiera Apolo.
Sin embargo Apolo insistió en que probáramos con el camino de la izquierda y, dado que ya me había seguido inicialmente al elegir el camino de la derecha y aunado a que no estaba del todo seguro de que mi razonamiento fuera correcto, decidí confiar en mi compañero de mil batallas por lo que, luego de discutirlo con mi compañero surfista, retomamos el avance. Nos mantuvimos cerca el uno del otro en la opresiva oscuridad, manteniendo la separación de medio metro entre nosotros mientras seguíamos el rastro de arena. Cada paso que dábamos hacia adelante parecía llevarnos un poco más cerca de la esperanza, aunque las risas espectrales que nos rodeaban me hacían sentir que nuestra lucha contra este lugar maldito apenas comenzaba. La piedra lunar en manos de Apolo continuaba siendo nuestra única guía en esta pesadilla, su luz pálida apenas suficiente para no tropezar, pero al menos nos mantenía unidos en medio de la oscuridad que parecía querer encerrarnos para siempre.
Resumen
Belico
Gastos
Atributos
Inventario

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