19-08-2025, 09:46 PM
Por fin… paz. O al menos eso pensé cuando puse un pie en el cuartel de la Marina. El suelo todavía se sentía extraño bajo mis botas será que después de semanas de viaje, cualquier cosa que no se mueva me parece rara. Apenas tuve tiempo de acomodar el kanabō en mi espalda cuando dos figuras se colocaron a mi lado. Eran pequeños, ¡pero vaya que tenían presencia! No llegaban ni a la mitad de mi tamaño, y aun así, irradiaban esa sensación de fuerza que incluso los Oni respetamos. Como buena descendiente, yo también lo hago.
Pero entonces, uno de ellos suelta un comentario que… ¿era sobre mí? Ladeé la cabeza, frunciendo un poco el ceño, y con toda la educación del mundo le pregunté —¿Ha dicho eso por mí? — No lo negaré, mi cara en ese momento fue todo un poema. Apenas llego y ya hay alguien criticando mis formas y no era cosa de la academia, no, era gente de verdad, del día a día. Suspiré y, con una sonrisa ladeada, respondí —En mi defensa, nunca me avisaron a qué isla vendría. —
Vale, lo admito, no era la mejor defensa. Se supone que un marine debe estar listo para cualquier cosa, ¿no? Al fin y al cabo, hay gente que prende fuego con un estornudo y otros que hacen temblar la tierra con solo pisar fuerte. Pero bueno, yo soy yo. Bajé el kanabō de mi espalda, dejándolo caer con fuerza contra el suelo. El metal chocó con un estruendo y el piso vibró un poco bajo mis pies. Con mis dos manos lo sujeté sí, incluso para mí, cuatro metros de altura y todo, esta bestia de arma requiere respeto. Entonces escuché al otro, el más serio de los dos. Sus palabras eran distintas, amables, y eso me sacó una sonrisa sincera.
—Hola, yo soy Imai, Imai Seeman —me presenté, inclinando un poco la cabeza — También acabo de salir de la academia, espero que nos podamos llevar bien. — Mi tono fue respetuoso, como siempre, pero mi corazón latía rápido. Por fin estaba aquí, en algo grande, en algo real. No pude evitar confesarlo, con un brillo en los ojos
—Siempre desee ser parte de la Marina y ahora que lo soy, me emociona formar parte de una división. — Quizás hablar de eso con recién llegados no era lo más acertado, lo sé. La verdad es que nunca fui la más popular en la academia; a muchos les incomodaba que me pintara la piel de azul celeste, pero eso jamás me detuvo. Al contrario, me hacía sentir que resaltaba aún más.
Con una sacudida, tomé mi bolso y acomodé de nuevo el kanabō en mi espalda. Les miré, sonriendo de oreja a oreja —¿Entramos juntos? — Porque sí, puede que sea grande, ruidosa y algo extraña pero también sé que las mejores historias empiezan de la mano de extraños.
posdata: Cambie a primera persona porque me siento mas cómodo roleando así, disculpen cualquier inconveniente causado.
Pero entonces, uno de ellos suelta un comentario que… ¿era sobre mí? Ladeé la cabeza, frunciendo un poco el ceño, y con toda la educación del mundo le pregunté —¿Ha dicho eso por mí? — No lo negaré, mi cara en ese momento fue todo un poema. Apenas llego y ya hay alguien criticando mis formas y no era cosa de la academia, no, era gente de verdad, del día a día. Suspiré y, con una sonrisa ladeada, respondí —En mi defensa, nunca me avisaron a qué isla vendría. —
Vale, lo admito, no era la mejor defensa. Se supone que un marine debe estar listo para cualquier cosa, ¿no? Al fin y al cabo, hay gente que prende fuego con un estornudo y otros que hacen temblar la tierra con solo pisar fuerte. Pero bueno, yo soy yo. Bajé el kanabō de mi espalda, dejándolo caer con fuerza contra el suelo. El metal chocó con un estruendo y el piso vibró un poco bajo mis pies. Con mis dos manos lo sujeté sí, incluso para mí, cuatro metros de altura y todo, esta bestia de arma requiere respeto. Entonces escuché al otro, el más serio de los dos. Sus palabras eran distintas, amables, y eso me sacó una sonrisa sincera.
—Hola, yo soy Imai, Imai Seeman —me presenté, inclinando un poco la cabeza — También acabo de salir de la academia, espero que nos podamos llevar bien. — Mi tono fue respetuoso, como siempre, pero mi corazón latía rápido. Por fin estaba aquí, en algo grande, en algo real. No pude evitar confesarlo, con un brillo en los ojos
—Siempre desee ser parte de la Marina y ahora que lo soy, me emociona formar parte de una división. — Quizás hablar de eso con recién llegados no era lo más acertado, lo sé. La verdad es que nunca fui la más popular en la academia; a muchos les incomodaba que me pintara la piel de azul celeste, pero eso jamás me detuvo. Al contrario, me hacía sentir que resaltaba aún más.
Con una sacudida, tomé mi bolso y acomodé de nuevo el kanabō en mi espalda. Les miré, sonriendo de oreja a oreja —¿Entramos juntos? — Porque sí, puede que sea grande, ruidosa y algo extraña pero también sé que las mejores historias empiezan de la mano de extraños.
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