19-08-2025, 11:57 PM
De la tierra venimos y en tierra nos convertiremos, o como en mi caso, en arcilla. Mi cuerpo se desplazaba convertido en una masa de arcilla sin forma definida. Mientras me mantenia en esa forma podía sentir la presencia y emociones de Kisuke, gracias a eso pude seguirlos. La tristeza que sentí en su aura era tan grande que no podia evitar compartir ese dolor.
Fallé en proteger a Oxxy. Quizá no lo conocía tanto, pero no merecía un final tan desafortunado. Aunque quién era yo para juzgar los designios de Dios. Dios da y Dios quita. La vida y la muerte estaban en manos de nuestro creador. Durante el paso por el pueblo, seguí analizando cada una de las auras de las personas. Me sentí aliviado de ver cómo la gente de aquel lugar parecía ayudarnos. Definitivamente, el Señor siempre pone ángeles en nuestro camino. Las personas tenían miedo, era claro, pero podía ver en ellos una luz de esperanza, de resiliencia.
Estuvimos un buen rato alejándonos de donde estábamos antes. Podía escuchar aves, árboles que se movían por el viento, y además de eso, silbidos. Definitivamente los silbidos eran una forma de comunicarse en este lugar. Todo parecía que estábamos en alguna clase de bosque.
Don Bambú prometió ir por venganza. Su aura se sentía demasiado turbia y llena de rabia. No quise decir nada, de momento. Recé en silencio por Bambu, para que su alma no se perdiera en un camino que no le traeria paz alguna. Mi creencia es que Dios juzgará a cada uno según sus obras, eso incluia a quien le habia hecho aquello a Oxxy.
Me mantuve todo el tiempo en forma de barro, para no destruir cosas con mi tamaño. Mientras escuchaba todo atentamente pude ver como Robin estaba apesadumbrado, quizá se sentía responsable por lo ocurrido. Pero en la vida, a veces, las cosas simplemente pasan sin que podamos hacer nada. Simplemente era cuestión de aceptar el plan de Dios.
— La incineración es un rito adecuado, amén —dije mientras hacía que mi enorme cabeza saliera del charco de barro para hablar. En mi rostro las lágrimas salían como cascadas de mis ojos—. El cuerpo es solo el recipiente del alma. Ahora su espíritu está en las manos del Señor. Amén.
Hice una pausa para pensar cuales serían las palabras adecuadas para una plegaria. Tras meditar un instante, volví a tomar la palabra.
— Que el Señor te reciba en sus brazos, querido hermano. Que tu alma descanse en paz, y que tu espíritu, sea un faro de luz para todos aquellos que te amaron —dije como si estuviera hablando con Oxxy—. La voluntad de Dios es un misterio. Por favor, Oxxy, querido amigo, acompáñanos en espíritu a izar la bandera de la revolución en esta isla. Cuídanos desde el más allá. Amén
Fallé en proteger a Oxxy. Quizá no lo conocía tanto, pero no merecía un final tan desafortunado. Aunque quién era yo para juzgar los designios de Dios. Dios da y Dios quita. La vida y la muerte estaban en manos de nuestro creador. Durante el paso por el pueblo, seguí analizando cada una de las auras de las personas. Me sentí aliviado de ver cómo la gente de aquel lugar parecía ayudarnos. Definitivamente, el Señor siempre pone ángeles en nuestro camino. Las personas tenían miedo, era claro, pero podía ver en ellos una luz de esperanza, de resiliencia.
Estuvimos un buen rato alejándonos de donde estábamos antes. Podía escuchar aves, árboles que se movían por el viento, y además de eso, silbidos. Definitivamente los silbidos eran una forma de comunicarse en este lugar. Todo parecía que estábamos en alguna clase de bosque.
Don Bambú prometió ir por venganza. Su aura se sentía demasiado turbia y llena de rabia. No quise decir nada, de momento. Recé en silencio por Bambu, para que su alma no se perdiera en un camino que no le traeria paz alguna. Mi creencia es que Dios juzgará a cada uno según sus obras, eso incluia a quien le habia hecho aquello a Oxxy.
Me mantuve todo el tiempo en forma de barro, para no destruir cosas con mi tamaño. Mientras escuchaba todo atentamente pude ver como Robin estaba apesadumbrado, quizá se sentía responsable por lo ocurrido. Pero en la vida, a veces, las cosas simplemente pasan sin que podamos hacer nada. Simplemente era cuestión de aceptar el plan de Dios.
— La incineración es un rito adecuado, amén —dije mientras hacía que mi enorme cabeza saliera del charco de barro para hablar. En mi rostro las lágrimas salían como cascadas de mis ojos—. El cuerpo es solo el recipiente del alma. Ahora su espíritu está en las manos del Señor. Amén.
Hice una pausa para pensar cuales serían las palabras adecuadas para una plegaria. Tras meditar un instante, volví a tomar la palabra.
— Que el Señor te reciba en sus brazos, querido hermano. Que tu alma descanse en paz, y que tu espíritu, sea un faro de luz para todos aquellos que te amaron —dije como si estuviera hablando con Oxxy—. La voluntad de Dios es un misterio. Por favor, Oxxy, querido amigo, acompáñanos en espíritu a izar la bandera de la revolución en esta isla. Cuídanos desde el más allá. Amén
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