20-08-2025, 03:07 PM
Día 10 de Verano, Año 16
El aire fresco de la noche sopla por las calles de la ciudad, arrastrando consigo el sonido de las batucadas nocturnas y de alguna que otra fiesta privada. La avenida principal, fuertemente iluminada, se ve bastante concurrida para las horas que son, con gente deambulando de un local a otro en el que poder saciar su sed de alcohol, y, a juzgar por la actitud de más de uno, de algo más. El aire no solo arrastra sonidos, también trae consigo los olores de la fiesta, los perfumes de aquellos que van buscando los peores pecados, los mejores placeres. Esta avenida se extiende larga hasta el puerto, formando un camino de perdición para algunos y de diversión para otros. Desde el aire, parecería una herida en la ciudad, una grieta que surge entre las casas de la gente más adinerada de la ciudad, para traerles aquellas cosas que tanto les alteraban y que otros muchos llamaban libertad.
Los pasos sobre el empedrado de la calle parecen estar amortiguados, pues no se atreven a destacar sobre la música que se escapa del garito más cercano. Rosse acaba de salir de aquel local, cansado de melodías que ensordecen a los demás bailarines, a su público. Va para tomar aire que refresque sus pulmones y su cabeza, y ya de paso, a buscar algún otro antro en el que los espectadores sean más atentos y los camareros parezcan esculpidos. Estatuas como las de los museos, de las que reúsan a portar camisas. Avanza por la calle principal, revisando los callejones por ver cual de ellos le llevará a ese destino tan deseado, en el cuál pueda beber y reír hasta hartarse y, por qué no, alegrarse la vista y el tacto.
De pronto, unos ruidos llaman la atención de nuestro caótico protagonista. Gritos, como de una discusión, salen desde el callejón más cercano. Aunque sería más correcto decir que no era una discusión, puesto que los gritos pertenecían a una sola voz. Rosse no puede evitar fijarse en aquel rincón de la ciudad. Una boca oscura al costado de aquella calle iluminada por la que transita. De unos 10 metros de largo y tan solo unos 4 metros de ancho. El callejón se estira hasta un muro con una puerta metálica y oxidada. A la derecha del callejón puedes ver un contenedor de basura a 5 metros de tu posición, y junto a él, dos figuras. La primera, de un hombre alto, de unos 20 centímetros más que Rossevelt, con unos hombros anchos tapados por su chaleco de cuero. Su pecho, descubierto, posee una buena cantidad de vello, el cual no puede ocultar la exuberancia de sus pectorales. Sus brazos musculosos apuntan hacia una segunda figura, mucho más pequeña que el primer hombre. La segunda persona, agachada ante el fornido hombre, tiene los brazos en alto, flexionados como si intentase formar un escudo ante su cabeza. Sobre la misma, lleva una flor naranja que le sirve para apartar su largo pelo hasta detrás de su oreja. Su camiseta, morada como el cielo al atardecer, tiene un aspecto polvoriento, como si hubiese probado el suelo no hace mucho tiempo. De sus rodillas asoman unas rasgaduras que han hecho lo propio con sus medias de rejilla. Se trata de un chico de unos 15 años que solloza frente a su agresor.
—¡Aquí no queremos raritos! —dice el hombre alto, mientras golpea con su puño el estómago del chico—. Ya les he dicho a varios de tu calaña que no mariposeen por aquí más.
El hombre golpea un par de veces más a chico, sin reparar en tu presencia, pese a tener su desnudo pecho enfocando en tu dirección.
No sabemos el nombre de esta calle, pero se podría bautizar como el callejón repugnante. ¿Cómo reaccionará Rosse ante esta acción? ¿Se enfrentará a ella desde el diálogo, o tomará una opción algo más caótica? ¿Proseguirá la búsqueda de una mejor barra en la que establecer su escenario?
INfo
