20-08-2025, 07:06 PM
A medida que avanzábamos por aquel túnel de penumbra mis cánticos retornaban de una forma extraña, como si alguien estuviese vigilándonos y jugando con nosotros. Al principio la réplica era doble, pronto pasó a ser triple. — ¡Eh! Quién quiera que esté ahí, si quieres hacerme los coros podemos hablarlo, nos vendría bien conocer a alguien en esta caldera para poder hacer una fiesta — Hablé hacia las tinieblas, totalmente desubicado.
Pronto llegamos a un nuevo cruce de caminos. Fuguwu, siendo perspicaz como de costumbre, también se había fijado en el eco de mis cánticos, lo que le llevó a formular sus propias teorías las cuales tenían su lógica. — Sí, ahora el eco es triple... eso nos abre varias posibilidades. Quizás hayamos entrado en una galería mucho más amplia, quizás haya alguna cosa más que se haya unido a lo anterior para vigilarnos, quizás hay algún usuario de alguna fruta extraña jugando con nosotros... o a lo mejor el calor de antes nos está haciendo delirar. Fuguwu ¿crees que hemos muerto y ahora estamos en el más allá? — empecé a emparanoiarme yo solo —. ¡Mala suerte amigos, ya he esquivado a las garras de la muerte una vez y una cueva no va a doblegarme! — estiré mis brazos a los lados elevando mi capa de comodoro — ¡PORQUE YO SOY LA MUERTE MISMA! — metido completamente en mi papel y, gracias a mis dotes interpretativas para la mentira, empecé a ondear la capa hablando a gritos.
Fuguwu sin embargo decidió fijarse en el rastro de arena que había estado emitiendo para poder guiarme allí dentro. Volver sobre nuestros pasos era una opción pero no dejaba de darle vueltas al hecho de que tras haber agarrado la piedra lunar, el camino de salida se convirtió en aquella bifurcación que nos trajo hasta este lugar, como si esa piedra estuviese maldita o hechizada. En ese instante recordaba las historietas que Bruxa A. Meiga, esa vieja loca que vivía cerca de la selva de Samba y cuyo aliento olía a orujo, nos contaba a los niños de la isla cada vez que nos acercábamos a sus terrenos. No sé si lo hacía para asustarnos o porque de verdad creía en los espíritus... pero como todo esto haya sido obra del Sací-Pererê, le patearía tan fuerte su única pierna que se la arrancaría de cuajo. Ya no era un niño para escapar.
Tras pensar un rato volví a dirigirme a mi compañero — Eso que dices tiene sentido pero no sé hasta qué punto podemos volver. Dios... ojalá Karl estuviese con nosotros para darnos luz con sus llamas y ver al menos dónde estamos, esta piedra no sirve para nada y yo tampoco tengo forma de alumbrar el camino — Pensando en soluciones para encontrar la salida, apoyé la palma de mi mano derecha sobre la pared más cercana, mientras sostenía la piedra lunar con mi zurda. De forma lenta y controlada, un pequeño hueco apareció bajo mi palma mientras polvo caía al suelo — No me cuesta desintegrar materiales como este... pero quizás el techo puede venirse abajo si el túnel es muy largo — La idea de atravesar la montaña hasta salir resultaba ser demasiado arriesgada y peligrosa. — ¿Probamos primero el camino de la izquierda? En caso de complicarse la situación, la arena nos marcará el camino de vuelta y quiero comprobar una cosa. — Llevé mi mano derecha hacia mi frente y me coloqué el pelo hacia atrás, notando cierto agotamiento — Pero tenemos que darnos prisa, me noto más cansado que de costumbre. Mantén tu waki alerta, como algo extraño venga de frente con malas intenciones, pienso volarle la cabeza con mi arena, ¿me sigues? — La situación de estar perdido y privado de mis sentidos me empezaba a agobiar. El estrés y mi impulsividad hacían que cada vez me apeteciese más desatar una tormenta de arena allí dentro, cosa que evitaba para no dañar a mi compañero — Vamos allá, seguro que Karl y Joe están cansados de esperarnos. Tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê,tê-tê-tê. Samba da bahía, Apolo Bahía, Samba da bahía, Apolo bahía... — Finalmente, alumbrando lo poco que podía con la piedra lunar sostenida en mi zurda y marcando con arena el camino con mi diestra (esta vez haciendo un zig zag sobre el suelo), nos adentramos por el camino de la izquierda, de nuevo al ritmo de mi canción.
Pronto llegamos a un nuevo cruce de caminos. Fuguwu, siendo perspicaz como de costumbre, también se había fijado en el eco de mis cánticos, lo que le llevó a formular sus propias teorías las cuales tenían su lógica. — Sí, ahora el eco es triple... eso nos abre varias posibilidades. Quizás hayamos entrado en una galería mucho más amplia, quizás haya alguna cosa más que se haya unido a lo anterior para vigilarnos, quizás hay algún usuario de alguna fruta extraña jugando con nosotros... o a lo mejor el calor de antes nos está haciendo delirar. Fuguwu ¿crees que hemos muerto y ahora estamos en el más allá? — empecé a emparanoiarme yo solo —. ¡Mala suerte amigos, ya he esquivado a las garras de la muerte una vez y una cueva no va a doblegarme! — estiré mis brazos a los lados elevando mi capa de comodoro — ¡PORQUE YO SOY LA MUERTE MISMA! — metido completamente en mi papel y, gracias a mis dotes interpretativas para la mentira, empecé a ondear la capa hablando a gritos.
Fuguwu sin embargo decidió fijarse en el rastro de arena que había estado emitiendo para poder guiarme allí dentro. Volver sobre nuestros pasos era una opción pero no dejaba de darle vueltas al hecho de que tras haber agarrado la piedra lunar, el camino de salida se convirtió en aquella bifurcación que nos trajo hasta este lugar, como si esa piedra estuviese maldita o hechizada. En ese instante recordaba las historietas que Bruxa A. Meiga, esa vieja loca que vivía cerca de la selva de Samba y cuyo aliento olía a orujo, nos contaba a los niños de la isla cada vez que nos acercábamos a sus terrenos. No sé si lo hacía para asustarnos o porque de verdad creía en los espíritus... pero como todo esto haya sido obra del Sací-Pererê, le patearía tan fuerte su única pierna que se la arrancaría de cuajo. Ya no era un niño para escapar.
Tras pensar un rato volví a dirigirme a mi compañero — Eso que dices tiene sentido pero no sé hasta qué punto podemos volver. Dios... ojalá Karl estuviese con nosotros para darnos luz con sus llamas y ver al menos dónde estamos, esta piedra no sirve para nada y yo tampoco tengo forma de alumbrar el camino — Pensando en soluciones para encontrar la salida, apoyé la palma de mi mano derecha sobre la pared más cercana, mientras sostenía la piedra lunar con mi zurda. De forma lenta y controlada, un pequeño hueco apareció bajo mi palma mientras polvo caía al suelo — No me cuesta desintegrar materiales como este... pero quizás el techo puede venirse abajo si el túnel es muy largo — La idea de atravesar la montaña hasta salir resultaba ser demasiado arriesgada y peligrosa. — ¿Probamos primero el camino de la izquierda? En caso de complicarse la situación, la arena nos marcará el camino de vuelta y quiero comprobar una cosa. — Llevé mi mano derecha hacia mi frente y me coloqué el pelo hacia atrás, notando cierto agotamiento — Pero tenemos que darnos prisa, me noto más cansado que de costumbre. Mantén tu waki alerta, como algo extraño venga de frente con malas intenciones, pienso volarle la cabeza con mi arena, ¿me sigues? — La situación de estar perdido y privado de mis sentidos me empezaba a agobiar. El estrés y mi impulsividad hacían que cada vez me apeteciese más desatar una tormenta de arena allí dentro, cosa que evitaba para no dañar a mi compañero — Vamos allá, seguro que Karl y Joe están cansados de esperarnos. Tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê, tê-tê-tê-tê-tê,tê-tê-tê. Samba da bahía, Apolo Bahía, Samba da bahía, Apolo bahía... — Finalmente, alumbrando lo poco que podía con la piedra lunar sostenida en mi zurda y marcando con arena el camino con mi diestra (esta vez haciendo un zig zag sobre el suelo), nos adentramos por el camino de la izquierda, de nuevo al ritmo de mi canción.
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