21-08-2025, 07:26 AM
Se lo repitió más de una vez, darle el mando de la barcaza era una mala idea ¿Por qué? Porque podían pasar cosas como desviarse del curso y entrar en una zona en donde los oleajes fueran más fuertes, en donde el viento no estaría de su lado y, cuando eso sucediera, él se lavaría las manos, pues advirtió con claridad que la navegación estaba lejos de ser su fuerte y, aún así, su nuevo compañero decidió dormir ¿Podía culparlo ahora por entrar a una zona en dónde controlar el barco le resultó imposible? No.
Sus ojos, por inercia, se fijaron en el cielo, las nubes no se veían blancas y esponjosas, lucían grises, apagadas, un mal augurio para un marinero, pero aún así se movían con gracia y velocidad por culpa del viento que empezaba a golpear su cara con más fuerza y a despeinar su cabello sin compasión.
Nubes, hermosas y distractoras nubes, a pesar del gris de su color, no pudo evitar perderse en ellas e ignorar el rumbo que la barcaza tomó al ser dirigida más por el y por el viento, de hecho, de no ser por el agua salada salpicando en sus lentes transparentes y por el repentino bamboleo descontrolado de la embarcación, no se habría dado cuenta del lío en que se metieron.
Maldijo en voz baja y estiró su mano para despertar a su nuevo compañero cuyo nombre se le escapaba de la mente, pero fue tarde, una ola más fuerte hizo que la barcaza no resistiera más y lo único que alcanzó a hacer antes de que esta se volteara, fue sujetar bien su mochila en su espalda y cerrar los ojos antes de caer al agua.
En su desesperación logró aferrarse a un pedazo de madera que les sirvió antes como asiento y, una vez sujeto, empezó a mirar en todas direcciones para poder localizar a su compañero, le convenía tener a un tipo como ese a su lado, pero cuando por fin alcanzó a verlo solo era un punto rojo que iba más allá de lo que podría alcanzar aún cuando empezara a nadar en esos momentos, aún así, hizo el intento, nadó en su dirección solo para que la marea arrastrara el punto rojo más lejos de él.
Tomó varias bocanadas de aire y al ver que parecía haber perdido a su nuevo guardaespaldas no hizo más que dejarse arrastrar por la corriente mientras su cuerpo flotaba boca arriba, el lado bueno es que el clima parecía empezar a despejarse y las nubes grises se hacían a un lado para darle paso a un cielo más celeste.
—Flotar en el mar no es tan malo, pero ¿Por qué siento qué eso ya me pasó antes? —Intentó que su memoria lo llevara a algún recuerdo similar y casi que logra recordar cómo, en otro tiempo también flotó cerca de una isla que lucía rosa ¿Cómo se llamaba? Estuvo bastante tiempo en ese sitio, pero no podía recordar el nombre. —…Mo…moi…
—¡HEY! ¿Estas bien? —Y justo cuando casi logra formar el nombre de la isla, alguien lo interrumpió, haciendo que dejara su posición de flotación y volteara solo para darse cuenta de que un par de brazos lo alzaron hasta subirlo a una embarcación más pequeña en la que unas redes de pesca descansaban en uno de los extremos ¿Pescadores? Entonces ¿Hay una isla cerca? —¿Estas herido, muchacho?
Tosió antes de poder responder y en ese momento se dio cuenta de la deshidratación de su garganta, lo que hizo que uno de los pescadores le cediera una cantimplora que el tomó con premura y, aunque no conocía a esas personas, bebió sin hacer ninguna pregunta. El agua bajó por su garganta y un alivio inmediato se instaló en esta, lo que le permitió carraspear y probar su voz para, ahora sí, responder a sus rescatadores.
—Estoy bien, gracias ¿No han visto a alguien más? Alguien de rojo —¿Cómo se supone que luce? ¿Cuál es el color de su cabello? Rojo, rojo, rojo…solo eso recordaba del compañero que naufragó con él. —Nuestra barcaza se volteó y lo perdí…
Los pescadores negaron y le dijeron que corrió con suerte al haber sido arrastrado por la corriente hasta las aguas cercanas al Reino Samba, un nombre que olvidaría nada más llegar a la costa y despedirse de los pescadores que intentaron convencerlo de dejarse revisar por un médico para descartar cualquier lesión, pero ¿Por qué haría eso? ¿Por qué confiaría en un desconocido que podía sedarlo y quedarse con sus órganos? Como médico, eso hacía él ¿Por qué otros serían distintos? Bueno, sí, sabía que podían ser distintos, pero no iba a arriesgarse, además, el podía revisarse por su cuenta.
Caminó por la playa, ahora solo, aún aferrándose al color rojo, solo por si de casualidad, podía encontrar de nuevo a su “guardaespaldas”, pero, aunque sus ojos dorados -ahora sin lentes, pues estos se perdieron en el mar- escanearon la playa de un lado a otro, no vio ningún tono de rojo parecido al que vio cuando naufragó y, al final, lo único bueno que obtuvo de la caminata es que el viento y el sol ayudaron a secar su ropa un poco…aún estaba algo húmeda.
—¿Habré estado antes en este sitio? ¿Cómo dijeron los pescadores que se llamaba este lugar? —Cuando se cansó de buscar se sentó sobre una de tantas rocas y suspiró, sopesando sus opciones, no quería revisar su bolsa, seguro sus apuntes y mapas del South Blue eran un desastre, esperaba que no lo fuera tanto su dinero, aunque ese venía resguardado en una bolsa de plástico que ayudaba a protegerlo para casos así, aún así, no era tiempo para pensar en ello, debía tomar una decisión: Quedarse en la isla o ir a la siguiente.
Quiso concentrarse en ello, pero el sonido de una guitarra empezó a flotar en el aire y a eso le siguió la voz de una mujer que, lejos de disgustarle, lo hizo levantarse y sus pasos siguieron la melodía como una polilla sigue a la luz y, cuando estuvo cerca, algo completamente distinto captó su atención.
—¡Rojo! —Ese tono de rojo es el que permaneció en su mente, pero ¿Qué cosa escuchaba? ¿Eso era una declaración de amor? ¿Así nada más? Tal vez se equivocó, tal vez ese hombre de rojo no es a quien busca, tal vez está interrumpiendo algo privado, pero… ¿Se está presentando? ¿Qué clase de patético enamorado y desesperado se declaraba a primera impresión? La chica debía ser una belleza si dejaba así a ese sujeto, pero…
—Está quemada…ni siquiera es tan bonita, me pregunto si sus órganos internos estarán tan dañados como su exterior —. Ladeó su cabeza sin darse cuenta de que aquello no se quedó en su mente, si no que lo exteriorizó con un tono de voz lo suficientemente alto para ser escuchado por los otros dos.
Por esa distracción fue que no tuvo miedo en dar un par de pasos más y tocar el hombro del hombre de rojo. —Deberías escuchar a la…Jmmm…chica…no la molestes, no se ve que tenga interés en ti ¿O me equivoco? —Su rostro carente de interés se fijó en el de la mujer antes de volver a mirar al pelinegro —Y…ah…creo que te iba a decir algo más —. Miró de arriba a abajo al hombre y recordó el rojo del compañero naufrago. —¡AH! ¡Cierto! ¿Nos conocemos tu y yo?
Sus ojos, por inercia, se fijaron en el cielo, las nubes no se veían blancas y esponjosas, lucían grises, apagadas, un mal augurio para un marinero, pero aún así se movían con gracia y velocidad por culpa del viento que empezaba a golpear su cara con más fuerza y a despeinar su cabello sin compasión.
Nubes, hermosas y distractoras nubes, a pesar del gris de su color, no pudo evitar perderse en ellas e ignorar el rumbo que la barcaza tomó al ser dirigida más por el y por el viento, de hecho, de no ser por el agua salada salpicando en sus lentes transparentes y por el repentino bamboleo descontrolado de la embarcación, no se habría dado cuenta del lío en que se metieron.
Maldijo en voz baja y estiró su mano para despertar a su nuevo compañero cuyo nombre se le escapaba de la mente, pero fue tarde, una ola más fuerte hizo que la barcaza no resistiera más y lo único que alcanzó a hacer antes de que esta se volteara, fue sujetar bien su mochila en su espalda y cerrar los ojos antes de caer al agua.
En su desesperación logró aferrarse a un pedazo de madera que les sirvió antes como asiento y, una vez sujeto, empezó a mirar en todas direcciones para poder localizar a su compañero, le convenía tener a un tipo como ese a su lado, pero cuando por fin alcanzó a verlo solo era un punto rojo que iba más allá de lo que podría alcanzar aún cuando empezara a nadar en esos momentos, aún así, hizo el intento, nadó en su dirección solo para que la marea arrastrara el punto rojo más lejos de él.
Rojo.
Rojo.
Rojo.
Debía recordar el color.
Tomó varias bocanadas de aire y al ver que parecía haber perdido a su nuevo guardaespaldas no hizo más que dejarse arrastrar por la corriente mientras su cuerpo flotaba boca arriba, el lado bueno es que el clima parecía empezar a despejarse y las nubes grises se hacían a un lado para darle paso a un cielo más celeste.
—Flotar en el mar no es tan malo, pero ¿Por qué siento qué eso ya me pasó antes? —Intentó que su memoria lo llevara a algún recuerdo similar y casi que logra recordar cómo, en otro tiempo también flotó cerca de una isla que lucía rosa ¿Cómo se llamaba? Estuvo bastante tiempo en ese sitio, pero no podía recordar el nombre. —…Mo…moi…
—¡HEY! ¿Estas bien? —Y justo cuando casi logra formar el nombre de la isla, alguien lo interrumpió, haciendo que dejara su posición de flotación y volteara solo para darse cuenta de que un par de brazos lo alzaron hasta subirlo a una embarcación más pequeña en la que unas redes de pesca descansaban en uno de los extremos ¿Pescadores? Entonces ¿Hay una isla cerca? —¿Estas herido, muchacho?
Tosió antes de poder responder y en ese momento se dio cuenta de la deshidratación de su garganta, lo que hizo que uno de los pescadores le cediera una cantimplora que el tomó con premura y, aunque no conocía a esas personas, bebió sin hacer ninguna pregunta. El agua bajó por su garganta y un alivio inmediato se instaló en esta, lo que le permitió carraspear y probar su voz para, ahora sí, responder a sus rescatadores.
—Estoy bien, gracias ¿No han visto a alguien más? Alguien de rojo —¿Cómo se supone que luce? ¿Cuál es el color de su cabello? Rojo, rojo, rojo…solo eso recordaba del compañero que naufragó con él. —Nuestra barcaza se volteó y lo perdí…
Los pescadores negaron y le dijeron que corrió con suerte al haber sido arrastrado por la corriente hasta las aguas cercanas al Reino Samba, un nombre que olvidaría nada más llegar a la costa y despedirse de los pescadores que intentaron convencerlo de dejarse revisar por un médico para descartar cualquier lesión, pero ¿Por qué haría eso? ¿Por qué confiaría en un desconocido que podía sedarlo y quedarse con sus órganos? Como médico, eso hacía él ¿Por qué otros serían distintos? Bueno, sí, sabía que podían ser distintos, pero no iba a arriesgarse, además, el podía revisarse por su cuenta.
Caminó por la playa, ahora solo, aún aferrándose al color rojo, solo por si de casualidad, podía encontrar de nuevo a su “guardaespaldas”, pero, aunque sus ojos dorados -ahora sin lentes, pues estos se perdieron en el mar- escanearon la playa de un lado a otro, no vio ningún tono de rojo parecido al que vio cuando naufragó y, al final, lo único bueno que obtuvo de la caminata es que el viento y el sol ayudaron a secar su ropa un poco…aún estaba algo húmeda.
—¿Habré estado antes en este sitio? ¿Cómo dijeron los pescadores que se llamaba este lugar? —Cuando se cansó de buscar se sentó sobre una de tantas rocas y suspiró, sopesando sus opciones, no quería revisar su bolsa, seguro sus apuntes y mapas del South Blue eran un desastre, esperaba que no lo fuera tanto su dinero, aunque ese venía resguardado en una bolsa de plástico que ayudaba a protegerlo para casos así, aún así, no era tiempo para pensar en ello, debía tomar una decisión: Quedarse en la isla o ir a la siguiente.
Quiso concentrarse en ello, pero el sonido de una guitarra empezó a flotar en el aire y a eso le siguió la voz de una mujer que, lejos de disgustarle, lo hizo levantarse y sus pasos siguieron la melodía como una polilla sigue a la luz y, cuando estuvo cerca, algo completamente distinto captó su atención.
—¡Rojo! —Ese tono de rojo es el que permaneció en su mente, pero ¿Qué cosa escuchaba? ¿Eso era una declaración de amor? ¿Así nada más? Tal vez se equivocó, tal vez ese hombre de rojo no es a quien busca, tal vez está interrumpiendo algo privado, pero… ¿Se está presentando? ¿Qué clase de patético enamorado y desesperado se declaraba a primera impresión? La chica debía ser una belleza si dejaba así a ese sujeto, pero…
—Está quemada…ni siquiera es tan bonita, me pregunto si sus órganos internos estarán tan dañados como su exterior —. Ladeó su cabeza sin darse cuenta de que aquello no se quedó en su mente, si no que lo exteriorizó con un tono de voz lo suficientemente alto para ser escuchado por los otros dos.
Por esa distracción fue que no tuvo miedo en dar un par de pasos más y tocar el hombro del hombre de rojo. —Deberías escuchar a la…Jmmm…chica…no la molestes, no se ve que tenga interés en ti ¿O me equivoco? —Su rostro carente de interés se fijó en el de la mujer antes de volver a mirar al pelinegro —Y…ah…creo que te iba a decir algo más —. Miró de arriba a abajo al hombre y recordó el rojo del compañero naufrago. —¡AH! ¡Cierto! ¿Nos conocemos tu y yo?
