21-08-2025, 11:00 AM
(Última modificación: 21-08-2025, 11:01 AM por Voz Seductora.)
O los tres forasteros eran increíblemente inteligentes, o absolutamente estúpidos. Eso fue lo que pensó el mink mapache cuando observó al peliblanco espadachín cortar la metálica cadena del elevador que conectaba la parte alta de la isla con el muelle costero deshaciéndose de este modo, no sólo de la única vía de entrada que podían tener posibles refuerzos de Nitobo, sino de su única vía de escape en caso de que, su ambicioso plan se truncara. No obstante, esta acción, dejaba en claro dos cosas a Tomás y es que, en primer lugar, aquella gente confiaba plenamente en sí misma y en, segundo lugar, eran capaces de poner en juego su vida sin ningún tipo de contemplaciones con tal de lograr su objetivo. Y no hay hombre más peligroso que aquel que no le teme a la muerte.
Tras la arriesgada acción de aquel apuesto hombre, Tomás se quedó mirándole fijamente, con los ojos entrecerrados y mientras contraía su nariz reiteradamente, como si estuviera olfateando algo. Seguidamente, miró hacia el chaval de los pelos tiesos, quien había creado, casi de la nada, un cartel que detallaba el estado inoperativo del elevador, terminando por hacer más preguntas. Por último, su atención cambió a la de su líder, Sohem Burnedead, quién instó en seguir su camino hacia Ciudad Rupia, amenazando con matar al desempleado mink en caso de no hacerles compañía.- ¡Está bien, pishas! No quiero estar criando malva todavía, asinque voy con ustedeh y os voy contando el mejunje, que hay un buen tresho hasta la ciudá. - Echó una carrerilla, hasta ponerse un metro detrás y otro metro a la izquierda del enmascarado, señalando con su mano izquierda hacia la urbe, que quedaba al frente y que, por su distancia, gastarían alrededor de una hora en llegar hasta allí.- Anteh que na’, un guhto conoceroh, Sohem de Magna. - Hizó el ademán de quitarse un sombrero imaginario, pasando a mirar tanto al fornido peliblanco como al otro.- A vosotroh también Shoto y… - Entrecerró los ojos hacia el espadachín, esperando a que se presentara. Esperó un par de segundos y, seguidamente, empezó a dar respuestas sobre las inquietudes que podían tener los miembros de Magna.- Asinque, ¿que quién protege a Nitobo, eh? - Se cruzó de bracitos, fijando sus azules ojos en el sendero empinado que debían recorrer.- Pueh están, por un lao, los habitantes de Foodvalten. Son gente que ya vivían aquí desde anteh que el puto golfo ese la comprara. Por supuehto, los compró a ellos también. - Miró de soslayo a Burnedead.- Son gente pacífica, pero aún así se saben la de pelear. - Volvió a mirar al frente.- Dehpueh, tiene a su grupo de élite, los “Loboh de Foodvarten”. Ya le dije que ese nombre era una mierda, pero como siempre ni puñetero caso. - Frunció el ceño, descruzando sus brazos para colocarse bien su camisa.- Son algo así como 500 personah, número arriba número abajo. - Cerró los ojos en ese momento pues, aún quedaba por revelar el gran pastel.- Pero eso no es nada en comparación con su as en la manga. - Abrió los ojos, emitiendo una sonrisa incómoda.- Algo me dice que sabéis quiénes son los Shishibukai, ¿no, pishas? - Preguntó, retóricamente, dejando un par de segundos para que se vieran venir la bala, nunca mejor dicho.- Pueh ese mamonaso tiene a uno de elloh contratao’. - Alzó su cabeza hacia el cielo.- Reh Wansoh, también conocida como “La Cazadora”. - Clavó sus pupilas, entonces, en el líder del gremio.- Si sabéis quién es, más os vale que os preparéis o hará abrigos y botas con vuehtras pieleh, pishas, aunque, algo me dice que no os asusta en lo más mínimo. - Restregó su diestra en su hocico, a la par que hinchaba pecho.- ¿Sabéis? Tengo un buen ojo y olfato para la inversioneh y los negocio. Aparte de ser su contable, mis consejos monetarios han ayudao’ como el que más a ese perro de Nitobo. - Expresó orgulloso.- Y son ehtos ojos y olfato los que me dicen que apuehte a muerte por vosotros, pishas. - Confesó tras, lo cuál, se acordó de la pregunta de Shoto.- ¡Ah! En cuanto a tus preguntas, pishas. - Miró al birkaniano, posicionando su mano izquierda en su barbilla, quedándose pensativo durante algunos segundos.- Me quiere sonah que el zarrapahtroso de Nitobo tenía un pasadizo secreto para entrar y salir de la ihla con más facilidad… - Intentó indagar mentalmente en su infinita sabiduría sobre su archienemigo, pero fue fútil.- Pero ni idea, debe ehtar en su casoplón, seguramente en su dehpacho o en su habitación. Quitando eso, habrá que ir de frente. - Suspiró, con cierta pena.- Eso sí, a mitad de camino de Ciudad Rupia, ehtá mi shabola. Me pararé a por algo de provisioneh, pishas. -
Y así, los intrépidos miembros de Magna junto a su nuevo acompañante, Tomás, prosiguieron su camino hacia Ciudad Rupia. Durante el trayecto, el paisaje, la flora y geografía del lugar apenas cambiaba, siendo lo único diferente la visión que tenían al frente, haciéndose cada vez más notoria la silueta de toda la ciudad pero, sobre todo, un edificio que, a pesar de la distancia que aún les separaba, se podía ver a leguas que destacaba sobre el resto por su tamaño, superando aproximadamente en 10 veces de altura al resto de construcciones de la civilización. Por otro lado Tomás hablaba por los codos y no callaba, no parando de contarles anécdotas suyas, tanto de su época de trabajador como de desempleado, todo mientras metía alguna que otra puya de por medio hacia el Emperador del Inframundo.
Alrededor de media hora pasó, y algunos más y otros menos podían notar la tediosidad del recorrido. El camino, aunque no presentara demasiada inclinación, empezaba a cansar después de estar andando 30 minutos cuesta arriba. Por si fuera poco, aún no se había presentado nadie, ni un ápice de defensas u oposición por parte del enemigo que desearan frenar su avance lo cuál podía resultaros, a primera instancia, extraño. No obstante, algo antes de llegar a mitad de trayecto, Viktor empezaría a notar varias presencias a una distancia de 120 metros gracias a su Kenbunshoku Haki. Si seguían caminando, al poco de llegar, se encontrarían a 200 personas posicionados en una formación táctica, dejando una fila más adelantada de 40 hombres y mujeres cargando con escudos, a 5 metros por detrás y otros 5 metros a su izquierda un grupo de 95 lugareños armados con espadas y lanzas y, a otros 5 metros hacia la derecha y por detrás de los escuderos, otro pequeño escuadrón, esta vez formados por 65 niños y niñas con dagas, formando así un triángulo equilátero entre los tres escuadrones. Por sus ropajes de menor calidad, y la ausencia de trajes, se podía intuir que debían tratarse de los lugareños que os puntualizó Tomás, y no la gente que trabajaba directamente por y para Nitobo. Muchos de ellos, sobre todos los más infantes, estaban aterrorizados y dubitativos por la situación, no entendiendo del todo como, tratándose de un pueblo pacífico, debía recurrir a las armas y, posiblemente, acabar muertos. Pero el dinero es el dinero y, quién lo posee, es el que pone las reglas.
Al poco de llegar, aquellos sin Kenbunshoku - o que no habían sido avisados por Viktor -, podían llegar a visualizar finalmente el grupo de vanguardia a 10 metros de distancia, al mismo tiempo que la chabola de Tomás, que se encontraba detrás de las hordas, a 20 metros de Magna.- Demasiao’ tranquilito estaba siendo ehto, pishas, pero ¡eh! Ahí ehta mi shabolica bonica. - Señaló Tomás, quién seguía manteniendo la misma distancia inicial con Sohem, hacia una estructura basada en cuatro tablones de madera inestables y mal colocados a modo de resguardo. Los lugareños, mientras tanto, permanecían en su lugar, en silencio, poniendo los escuderos sus objetos defensivos por delante y, los que poseían armas blancas apuntando con ellas al grupo de cazarrecompensas. Aunque no sucedía lo mismo con los niños, los ojos llenos de determinación de los adultos, os daban a entender que irían a muerte para defender su tierra y, de igual forma, seguir teniendo la manutención que Nitobo les proporcionaba.
Tras la arriesgada acción de aquel apuesto hombre, Tomás se quedó mirándole fijamente, con los ojos entrecerrados y mientras contraía su nariz reiteradamente, como si estuviera olfateando algo. Seguidamente, miró hacia el chaval de los pelos tiesos, quien había creado, casi de la nada, un cartel que detallaba el estado inoperativo del elevador, terminando por hacer más preguntas. Por último, su atención cambió a la de su líder, Sohem Burnedead, quién instó en seguir su camino hacia Ciudad Rupia, amenazando con matar al desempleado mink en caso de no hacerles compañía.- ¡Está bien, pishas! No quiero estar criando malva todavía, asinque voy con ustedeh y os voy contando el mejunje, que hay un buen tresho hasta la ciudá. - Echó una carrerilla, hasta ponerse un metro detrás y otro metro a la izquierda del enmascarado, señalando con su mano izquierda hacia la urbe, que quedaba al frente y que, por su distancia, gastarían alrededor de una hora en llegar hasta allí.- Anteh que na’, un guhto conoceroh, Sohem de Magna. - Hizó el ademán de quitarse un sombrero imaginario, pasando a mirar tanto al fornido peliblanco como al otro.- A vosotroh también Shoto y… - Entrecerró los ojos hacia el espadachín, esperando a que se presentara. Esperó un par de segundos y, seguidamente, empezó a dar respuestas sobre las inquietudes que podían tener los miembros de Magna.- Asinque, ¿que quién protege a Nitobo, eh? - Se cruzó de bracitos, fijando sus azules ojos en el sendero empinado que debían recorrer.- Pueh están, por un lao, los habitantes de Foodvalten. Son gente que ya vivían aquí desde anteh que el puto golfo ese la comprara. Por supuehto, los compró a ellos también. - Miró de soslayo a Burnedead.- Son gente pacífica, pero aún así se saben la de pelear. - Volvió a mirar al frente.- Dehpueh, tiene a su grupo de élite, los “Loboh de Foodvarten”. Ya le dije que ese nombre era una mierda, pero como siempre ni puñetero caso. - Frunció el ceño, descruzando sus brazos para colocarse bien su camisa.- Son algo así como 500 personah, número arriba número abajo. - Cerró los ojos en ese momento pues, aún quedaba por revelar el gran pastel.- Pero eso no es nada en comparación con su as en la manga. - Abrió los ojos, emitiendo una sonrisa incómoda.- Algo me dice que sabéis quiénes son los Shishibukai, ¿no, pishas? - Preguntó, retóricamente, dejando un par de segundos para que se vieran venir la bala, nunca mejor dicho.- Pueh ese mamonaso tiene a uno de elloh contratao’. - Alzó su cabeza hacia el cielo.- Reh Wansoh, también conocida como “La Cazadora”. - Clavó sus pupilas, entonces, en el líder del gremio.- Si sabéis quién es, más os vale que os preparéis o hará abrigos y botas con vuehtras pieleh, pishas, aunque, algo me dice que no os asusta en lo más mínimo. - Restregó su diestra en su hocico, a la par que hinchaba pecho.- ¿Sabéis? Tengo un buen ojo y olfato para la inversioneh y los negocio. Aparte de ser su contable, mis consejos monetarios han ayudao’ como el que más a ese perro de Nitobo. - Expresó orgulloso.- Y son ehtos ojos y olfato los que me dicen que apuehte a muerte por vosotros, pishas. - Confesó tras, lo cuál, se acordó de la pregunta de Shoto.- ¡Ah! En cuanto a tus preguntas, pishas. - Miró al birkaniano, posicionando su mano izquierda en su barbilla, quedándose pensativo durante algunos segundos.- Me quiere sonah que el zarrapahtroso de Nitobo tenía un pasadizo secreto para entrar y salir de la ihla con más facilidad… - Intentó indagar mentalmente en su infinita sabiduría sobre su archienemigo, pero fue fútil.- Pero ni idea, debe ehtar en su casoplón, seguramente en su dehpacho o en su habitación. Quitando eso, habrá que ir de frente. - Suspiró, con cierta pena.- Eso sí, a mitad de camino de Ciudad Rupia, ehtá mi shabola. Me pararé a por algo de provisioneh, pishas. -
Y así, los intrépidos miembros de Magna junto a su nuevo acompañante, Tomás, prosiguieron su camino hacia Ciudad Rupia. Durante el trayecto, el paisaje, la flora y geografía del lugar apenas cambiaba, siendo lo único diferente la visión que tenían al frente, haciéndose cada vez más notoria la silueta de toda la ciudad pero, sobre todo, un edificio que, a pesar de la distancia que aún les separaba, se podía ver a leguas que destacaba sobre el resto por su tamaño, superando aproximadamente en 10 veces de altura al resto de construcciones de la civilización. Por otro lado Tomás hablaba por los codos y no callaba, no parando de contarles anécdotas suyas, tanto de su época de trabajador como de desempleado, todo mientras metía alguna que otra puya de por medio hacia el Emperador del Inframundo.
Alrededor de media hora pasó, y algunos más y otros menos podían notar la tediosidad del recorrido. El camino, aunque no presentara demasiada inclinación, empezaba a cansar después de estar andando 30 minutos cuesta arriba. Por si fuera poco, aún no se había presentado nadie, ni un ápice de defensas u oposición por parte del enemigo que desearan frenar su avance lo cuál podía resultaros, a primera instancia, extraño. No obstante, algo antes de llegar a mitad de trayecto, Viktor empezaría a notar varias presencias a una distancia de 120 metros gracias a su Kenbunshoku Haki. Si seguían caminando, al poco de llegar, se encontrarían a 200 personas posicionados en una formación táctica, dejando una fila más adelantada de 40 hombres y mujeres cargando con escudos, a 5 metros por detrás y otros 5 metros a su izquierda un grupo de 95 lugareños armados con espadas y lanzas y, a otros 5 metros hacia la derecha y por detrás de los escuderos, otro pequeño escuadrón, esta vez formados por 65 niños y niñas con dagas, formando así un triángulo equilátero entre los tres escuadrones. Por sus ropajes de menor calidad, y la ausencia de trajes, se podía intuir que debían tratarse de los lugareños que os puntualizó Tomás, y no la gente que trabajaba directamente por y para Nitobo. Muchos de ellos, sobre todos los más infantes, estaban aterrorizados y dubitativos por la situación, no entendiendo del todo como, tratándose de un pueblo pacífico, debía recurrir a las armas y, posiblemente, acabar muertos. Pero el dinero es el dinero y, quién lo posee, es el que pone las reglas.
Al poco de llegar, aquellos sin Kenbunshoku - o que no habían sido avisados por Viktor -, podían llegar a visualizar finalmente el grupo de vanguardia a 10 metros de distancia, al mismo tiempo que la chabola de Tomás, que se encontraba detrás de las hordas, a 20 metros de Magna.- Demasiao’ tranquilito estaba siendo ehto, pishas, pero ¡eh! Ahí ehta mi shabolica bonica. - Señaló Tomás, quién seguía manteniendo la misma distancia inicial con Sohem, hacia una estructura basada en cuatro tablones de madera inestables y mal colocados a modo de resguardo. Los lugareños, mientras tanto, permanecían en su lugar, en silencio, poniendo los escuderos sus objetos defensivos por delante y, los que poseían armas blancas apuntando con ellas al grupo de cazarrecompensas. Aunque no sucedía lo mismo con los niños, los ojos llenos de determinación de los adultos, os daban a entender que irían a muerte para defender su tierra y, de igual forma, seguir teniendo la manutención que Nitobo les proporcionaba.
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