21-08-2025, 11:04 AM
Eres libre de nuevo. DaSilva no comprende aun que está pasando, pero confía en su instituto y actúa con la certeza de estar haciendo lo correcto. Puede estar equivocándose, pues le falta contexto. Pero ya asumirá las consecuencias de sus actos más tarde. Ahora toca partirle la cara a aquel que osa mirarlo por encima del hombro. Demostrar quien es el verdadero señor de la noche.
Las dudas te invaden por un instante. ¿Donde queda el honor? Planteas la idea de enfrentar al enemigo junto a la justicia... ¿Pero y si solo eres un estorbo? La situación te bombardea mil ideas por segundo y no tienes más que unos instantes para decidirte. Llegas incluso a desenfundar. Pero en un alarde de sentido común e instinto de supervivencia, decides obedecer la orden y huir.
La calle se abre ante ti como la única vía de escape posible y segura. Las luces que iluminan el paseo ya no son testigos que te delatan, ahora son guías que te conducen a un lugar mejor, a un nuevo destino lejos del peligro. No hay nadie en las calles a esta hora, casi parece que hubieran declarado un toque de queda. Lo mucho que puedes ver es alguna luz destellante en algúna ventana, de alguien que no se ha acostado todavía. Tal vez ruidos de dispositivos conectados que suenan bajo, pero que se entienden perfectamente en el silencio de la noche. Corres solitario por una calle de más de 25 metros de ancho, y aún con todo ese espacio abrumador, te sientes completamente preso y oprimido. La respiración fatigada se junta con el ritmo del corazón acelerado, pero tú voluntad de correr es más fuerte que todo eso. La certeza de saber que cuando llegues al puerto y consigas desaparecer, podrás mirar orgulloso al cielo pensando en tu madre y en qué no has fallado a tus ancestros. Pero aún queda un poco más.
Avanzas durante mucho tiempo, o al menos esa es la sensación que tienes. Que han pasado... ¿Diez minutos?¿Media hora?¿Habrás pasado la hora entera? Nada parece indicarlo. Solo sabes que empiezas a sudar y que las piernas tiemblan. Pero tu peor enemigo no es físico. Es mental. No sabes si DaSilva habrá detenido a tu perseguidor o habrá muerto en el intento. ¿Habrá perdido por no haber estado ahí? ¿Estará esa sombra siguiendo tus pasos ahora mismo? La incertidumbre pesa más que cualquier cosa, y golpea como un yunque contra tus pensamientos. Sin embargo, algo viene para relajarte. Un sonido lejano que alivia tu malestar y tus paranoias. Olas. Olas de mar rompiendo en la costa. Estás muy cerca. No hay que rendirse aún.
La calle termina en una especie de plaza semicircular, que da a más calles en todas direcciones. En el centro, una fuente con una estatua de una mujer bailando samba, patrona de la isla y el baile. Te acercas a la fuente y puedes probar que el agua es salada. ¿Porque? Porque a escasos 50 metros atravesando la plaza, en la calle frente a ti, se encuentra el puerto. Se oyen las olas en la noche. El olor a sal te invade la nariz. Luces parpadeantes de los barcos atracados allí te saludan y te invitan a subir, como si te avisaran de que esta isla ha de quedar atrás. Pero...
Mientras aún tomas la decisión de ir al puerto, mientras estás en medio de la plaza junto a la estatua, de entre las calles que la ramifican empiezan a retumbar ecos de pasos. Uno, otro, una decena, dos... Estás rodeado. De entre todas partes aparecen los Reena Boy's. Jóvenes sin futuro que han encontrado un sitio entre las filas de Reena. Macarras engañados con lujos y privilegios que nunca recibirán, a cambio de defender el apellido de quien los saco de las calles y la exclusión social. Los pandilleros y matones más garrulos de la isla.
-Miralo... Si que está huyendo la rata apestosa.-
-El jefe tenía razón, esperar en el puerto era la clave SHIHAHAHA...-
-Vamos a partirle las piernas y entregarlo vivo a Reena. Nos ascienden seguro.-
-Va vestido como un pijo ricachón. Me quedaré con su cartera o lo que lleve encima.-
Los comentarios van volando entre los 30 chavales que te rodean. Mientras lo hacen, van sacando sus armas. Hay de todo. Bates, navajas, cadenas, puños americanos... Ya no hay escapatoria. Si quieres huir, has de derrotar a esta gente y alcanzar tu salvación.
Y encima tienes un hambre...
Las dudas te invaden por un instante. ¿Donde queda el honor? Planteas la idea de enfrentar al enemigo junto a la justicia... ¿Pero y si solo eres un estorbo? La situación te bombardea mil ideas por segundo y no tienes más que unos instantes para decidirte. Llegas incluso a desenfundar. Pero en un alarde de sentido común e instinto de supervivencia, decides obedecer la orden y huir.
La calle se abre ante ti como la única vía de escape posible y segura. Las luces que iluminan el paseo ya no son testigos que te delatan, ahora son guías que te conducen a un lugar mejor, a un nuevo destino lejos del peligro. No hay nadie en las calles a esta hora, casi parece que hubieran declarado un toque de queda. Lo mucho que puedes ver es alguna luz destellante en algúna ventana, de alguien que no se ha acostado todavía. Tal vez ruidos de dispositivos conectados que suenan bajo, pero que se entienden perfectamente en el silencio de la noche. Corres solitario por una calle de más de 25 metros de ancho, y aún con todo ese espacio abrumador, te sientes completamente preso y oprimido. La respiración fatigada se junta con el ritmo del corazón acelerado, pero tú voluntad de correr es más fuerte que todo eso. La certeza de saber que cuando llegues al puerto y consigas desaparecer, podrás mirar orgulloso al cielo pensando en tu madre y en qué no has fallado a tus ancestros. Pero aún queda un poco más.
Avanzas durante mucho tiempo, o al menos esa es la sensación que tienes. Que han pasado... ¿Diez minutos?¿Media hora?¿Habrás pasado la hora entera? Nada parece indicarlo. Solo sabes que empiezas a sudar y que las piernas tiemblan. Pero tu peor enemigo no es físico. Es mental. No sabes si DaSilva habrá detenido a tu perseguidor o habrá muerto en el intento. ¿Habrá perdido por no haber estado ahí? ¿Estará esa sombra siguiendo tus pasos ahora mismo? La incertidumbre pesa más que cualquier cosa, y golpea como un yunque contra tus pensamientos. Sin embargo, algo viene para relajarte. Un sonido lejano que alivia tu malestar y tus paranoias. Olas. Olas de mar rompiendo en la costa. Estás muy cerca. No hay que rendirse aún.
La calle termina en una especie de plaza semicircular, que da a más calles en todas direcciones. En el centro, una fuente con una estatua de una mujer bailando samba, patrona de la isla y el baile. Te acercas a la fuente y puedes probar que el agua es salada. ¿Porque? Porque a escasos 50 metros atravesando la plaza, en la calle frente a ti, se encuentra el puerto. Se oyen las olas en la noche. El olor a sal te invade la nariz. Luces parpadeantes de los barcos atracados allí te saludan y te invitan a subir, como si te avisaran de que esta isla ha de quedar atrás. Pero...
Mientras aún tomas la decisión de ir al puerto, mientras estás en medio de la plaza junto a la estatua, de entre las calles que la ramifican empiezan a retumbar ecos de pasos. Uno, otro, una decena, dos... Estás rodeado. De entre todas partes aparecen los Reena Boy's. Jóvenes sin futuro que han encontrado un sitio entre las filas de Reena. Macarras engañados con lujos y privilegios que nunca recibirán, a cambio de defender el apellido de quien los saco de las calles y la exclusión social. Los pandilleros y matones más garrulos de la isla.
Reena Boy's
-Miralo... Si que está huyendo la rata apestosa.-
-El jefe tenía razón, esperar en el puerto era la clave SHIHAHAHA...-
-Vamos a partirle las piernas y entregarlo vivo a Reena. Nos ascienden seguro.-
-Va vestido como un pijo ricachón. Me quedaré con su cartera o lo que lleve encima.-
Los comentarios van volando entre los 30 chavales que te rodean. Mientras lo hacen, van sacando sus armas. Hay de todo. Bates, navajas, cadenas, puños americanos... Ya no hay escapatoria. Si quieres huir, has de derrotar a esta gente y alcanzar tu salvación.
Y encima tienes un hambre...
Datos de interés

![[Imagen: 3cdB94A.jpeg]](https://i.imgur.com/3cdB94A.jpeg)