21-08-2025, 07:52 PM
Su situación, fuera del reciente destrozo que causó en el restaurante, no era diferente de la de cualquier ciudadano de esa zona. Vivía en una casa que podría confundirse por una simple pocilga, apenas si compraba comida que no fuera para mantenerse bien alimentado teniendo en cuenta sus entrenamientos, y fuera de eso no tenía muchas más ropa que la que había conseguido ponerse encima y una sábana tan fina como una servilleta. Esta era la zona más pobre de la isla, y la idea de vivir en las zonas más acaudaladas existió, pero siempre lo detuvo el gasto en comparación a sus ahorros. Tenía lo suficiente para comprarse una barca y huir, tal vez incluso contaba con la suerte de que no lo encontraran y pudiera escapar a otra isla.
El sonido de sus pisadas apenas y era amortiguado por las calles de tierra mientras se acercaba al puerto, que junto al calor que daba el sol de mediodía lo hacía enfadarse aún más. Debería haberse quedado callado, debería haberse quedado en la cocina, tal vez así podría disfrutar de un hogar por un poco más de tiempo. - Maldita mi suerte, y maldita mi audacia -.
Fue tras unos cuantos minutos de estar corriendo que lo notó. Gente de traje, estaban por todos lados, le lanzaban miradas repentinas al pasar por su lado. No tuvo que girar su rostro para darse cuenta de lo obvio: lo seguían. - Genial, ahora esto -. Podía suponer que lo buscaban, y el porque también, pero no dejó de sorprenderle que la marina jugara tan sucio a plena luz del día. Mientras corría, apretó en su puño la manga de su abrigo marrón, buscando refugio en el recuerdo de su padre, buscando tranquilizarse.
Solo debía llegar al puerto y pedir un barco, estaría bien desde ahí.
La tierra bajo sus pies dio paso a la madera en cuanto llegó al puerto. Esquivó un par de hombres que volvían de pescar, así como de algunos vendedores que buscaban ganarse algo con su mercancía. En otras circunstancias, se habría detenido a hablar o comprar algo, siempre conseguían peces de buena calidad, pero esta vez tuvo que simplemente pasar de largo, incluso si el hombre le lanzó un alegre saludo en cuanto lo vio.
Pudo detenerse en cuanto vio al hombre que mandaba y organizaba todo en ese lugar, un hombre bajo y rechoncho con una barba que le llegaba hasta el pecho, y un gorro en su cabeza que mostraba que alguna vez había sido capitán de algún barco, no pirata. - La embarcación más pequeña que tenga, con un remo, por favor -. Las palabras salieron apresuradas por su garganta, y toda la situación hizo que el viejo tardara un poco en comprender, pero terminó por negarle con un gesto de su cabeza. No tenían ninguna disponible.
Su mente iba a mil por hora, intentando buscar soluciones, pero en cuanto escuchó como algunos hombres se quejaban y gritaban miró hacia atrás. Los tipos de traje, lo habían seguido y estaban cerca, cosa que hizo que el muchacho siguiera corriendo en dirección opuesta, hasta llegar al borde del muelle.
Tuvo que detenerse con fuerza, así como mover sus brazos en círculos para no perder el equilibrio y caer al agua. No había más salida, tuvo que darse la vuelta y encarar a sus perseguidores, recién notando que se trataba de 7 personas. - Bueno, supongo que no puedo pagarles más de lo que la marina les ofrece -. Intentó ganar tiempo, pero cada vez su mente le pedía con más apuro subirse a algún barco y robarlo. Fue en ese momento que pudo ver una figura corriendo hacia ellos, con unos cabellos verdes y una… ¿guitarra?
Dio un vistazo rapido hacia atrás. Tal vez era hora de lanzarse al mar y acabar con la persecución. Y con este calor también.
El sonido de sus pisadas apenas y era amortiguado por las calles de tierra mientras se acercaba al puerto, que junto al calor que daba el sol de mediodía lo hacía enfadarse aún más. Debería haberse quedado callado, debería haberse quedado en la cocina, tal vez así podría disfrutar de un hogar por un poco más de tiempo. - Maldita mi suerte, y maldita mi audacia -.
Fue tras unos cuantos minutos de estar corriendo que lo notó. Gente de traje, estaban por todos lados, le lanzaban miradas repentinas al pasar por su lado. No tuvo que girar su rostro para darse cuenta de lo obvio: lo seguían. - Genial, ahora esto -. Podía suponer que lo buscaban, y el porque también, pero no dejó de sorprenderle que la marina jugara tan sucio a plena luz del día. Mientras corría, apretó en su puño la manga de su abrigo marrón, buscando refugio en el recuerdo de su padre, buscando tranquilizarse.
Solo debía llegar al puerto y pedir un barco, estaría bien desde ahí.
La tierra bajo sus pies dio paso a la madera en cuanto llegó al puerto. Esquivó un par de hombres que volvían de pescar, así como de algunos vendedores que buscaban ganarse algo con su mercancía. En otras circunstancias, se habría detenido a hablar o comprar algo, siempre conseguían peces de buena calidad, pero esta vez tuvo que simplemente pasar de largo, incluso si el hombre le lanzó un alegre saludo en cuanto lo vio.
Pudo detenerse en cuanto vio al hombre que mandaba y organizaba todo en ese lugar, un hombre bajo y rechoncho con una barba que le llegaba hasta el pecho, y un gorro en su cabeza que mostraba que alguna vez había sido capitán de algún barco, no pirata. - La embarcación más pequeña que tenga, con un remo, por favor -. Las palabras salieron apresuradas por su garganta, y toda la situación hizo que el viejo tardara un poco en comprender, pero terminó por negarle con un gesto de su cabeza. No tenían ninguna disponible.
Su mente iba a mil por hora, intentando buscar soluciones, pero en cuanto escuchó como algunos hombres se quejaban y gritaban miró hacia atrás. Los tipos de traje, lo habían seguido y estaban cerca, cosa que hizo que el muchacho siguiera corriendo en dirección opuesta, hasta llegar al borde del muelle.
Tuvo que detenerse con fuerza, así como mover sus brazos en círculos para no perder el equilibrio y caer al agua. No había más salida, tuvo que darse la vuelta y encarar a sus perseguidores, recién notando que se trataba de 7 personas. - Bueno, supongo que no puedo pagarles más de lo que la marina les ofrece -. Intentó ganar tiempo, pero cada vez su mente le pedía con más apuro subirse a algún barco y robarlo. Fue en ese momento que pudo ver una figura corriendo hacia ellos, con unos cabellos verdes y una… ¿guitarra?
Dio un vistazo rapido hacia atrás. Tal vez era hora de lanzarse al mar y acabar con la persecución. Y con este calor también.
