21-08-2025, 08:58 PM
(Última modificación: 21-08-2025, 08:59 PM por Onizuka Jin.)
Para cuando el hombre llegó, se percató de que la zona que le señalaron estaba desierta. La información de que había huido no lo tomó desprevenido, pero sí fue una leve decepción personal. Debía admitirlo, el hombre que buscaba era escurridizo, pero su experiencia ya lo llevó a barajear opciones y, una de ellas, la más obvia. —Revisad el puerto. Que nadie le de un solo bote o barco. Lo quiero acorralado. — Sabía que si no lo hacía así, podría huir por otra vía. Él mismo había aprendido aquello de las calles. No había pasado todos esos años viviendo en la inmundicia para no aprender la lección, además de los típicos deudores que escapaban de una u otra forma, contactaban con otros… La orden fue acatada al momento, hombres que corrían hasta el puerto, mientras otros perseguían al joven.
Cuando el lugar fue más despejado, su agudo y afilado oído le hizo saltar las alarmas. Instinto, experiencia y su oído refinado hicieron que pudiera escuchar los pasos de alguien más. No sabía distinguir los pasos, ya que por mucho que mujeres y hombres tuvieran andanzas distintas, cada persona era un mundo. Fingió no percibirlo, pero supo que había sido perseguido desde hacía un buen rato, quizás desde poco después de salir del restaurante. Si fuera a atacar, ya lo percibiría, estaba más que preparado. Lo único que hizo fue voltear sus ojos con un freno corto en sus pasos. Pensó quizás que sería algún imbécil de la marina, o algún otro idiota que no sabía quién era. Si lo estorbaba, solo era quitarlo del camino como sabía hacer.
Finalmente decidió echarse a la carrera junto a sus hombres, yendo por atajos que conocía bien gracias a su experiencia, movimientos expertos, ágiles y veloces que hacían que saltara de un edificio a otro, escalara de un lugar a otro. Su traje perfecto, cabello impoluto e incluso corbata se sacudían a cada movimiento experto, adelantándose a varios de sus hombres incluso. Para cuando finalmente llegó a su destino, se acomodó la corbata como si no hubiera tenido una carrera a contrarreloj, elevando su mano sobre su cabello, pasándolo sobre atrás y un lateral, reacomodando el pulcro peinado y, por último, con pasos más firmes, se acomodó de nuevo su traje con una sacudida. Pudo ver a los hombres aglomerados en un solo punto, cerca del mar. Bien, pudo llegar a tiempo.
Sus pasos fueron lentos, pero procuró que fueran lo suficientemente sonoros para que sus hombres notaran su propia presencia. Sacó una cajetilla de metal de su bolsillo del pantalón izquierdo, abriéndolo con una mano. El interior estaba repleto de cigarrillos perfectamente ordenados. Retiró uno de ellos, acomodándolo en sus labios. Una nueva calada no le vendría nada mal. Pudo escuchar las palabras del varón que todavía no podía ver, pero sus pasos ya habían sido aviso suficiente para que sus hombres dejaran el hueco perfecto para revelar su posición. Se acercó, sin temor, pero manteniendo la misma distancia que sus hombres, solo que ligeramente más corta.
Sus ojos afilados, ahora sí, se elevaron en dirección al joven. Los hombres estaban en guardia, pero Jin elevó una de sus manos. Instantáneamente, todos bajaron sus guardias, incluso armas que hubieran retirado y puesto en la mira de aquel cocinero que brindó semejante conflicto. —Tuviste las pelotas de golpear a un marine. — habló con calma. Los pasos tras su espalda pudo escucharlos, aparentemente lo habían seguido incluso desde allí. —No te recomiendo golpearme por la espalda, seas enemigo o no. No planeo derramar más sangre de la necesaria hoy.
Inhaló el humo de sus pulmones, sin apartar sus ojos del joven pese a la amenaza que iba realmente dirigida a la chica que tenía a sus espaldas. Sus hombres sí pudieron percibirla entonces, haciendo un escudo humano a sus espaldas de forma automática. —Solo te buscaba por interés. No muchos tienen las pelotas de golpear un marine. Esos no hacen nada más que meterse en asuntos que ni les incumben, y son una condenada carga. — pronunció con calma, soplando el humo de sus pulmones, con la mano libre en su bolsillo, de forma despreocupada. —Y, sin embargo, me has decepcionado al seguir huyendo como un cobarde. — no existían mentiras en su vocabulario, solo era directo, con una calma imperturbable. —Escuché que eres cocinero. Quizás me plantee conseguir sacarte de esas garras de los marines si haces algo que me agrade suficiente. Te daré un lugar, utensilios… No hará falta que te ahogues en el mar o entre tiburones y criaturas. Solo convénceme de que mereces la pena. — una media sonrisa se dibujó ahora en sus labios, dándose media vuelta, ahora finalmente viendo de frente a la persona que lo había perseguido. Cierto, no imaginó que fuera mujer, pero mucho menos que tuviera unas marcas tan distintivas. ¿Lo alertaba? ¿Le provocaba repudio? En lo más mínimo. Había visto cosas peores. —Y tú, no sé por qué viniste hasta mí, no te recomiendo meterte en un asunto que no te concierne si no tienes que ver con el cocinero.
Cuando el lugar fue más despejado, su agudo y afilado oído le hizo saltar las alarmas. Instinto, experiencia y su oído refinado hicieron que pudiera escuchar los pasos de alguien más. No sabía distinguir los pasos, ya que por mucho que mujeres y hombres tuvieran andanzas distintas, cada persona era un mundo. Fingió no percibirlo, pero supo que había sido perseguido desde hacía un buen rato, quizás desde poco después de salir del restaurante. Si fuera a atacar, ya lo percibiría, estaba más que preparado. Lo único que hizo fue voltear sus ojos con un freno corto en sus pasos. Pensó quizás que sería algún imbécil de la marina, o algún otro idiota que no sabía quién era. Si lo estorbaba, solo era quitarlo del camino como sabía hacer.
Finalmente decidió echarse a la carrera junto a sus hombres, yendo por atajos que conocía bien gracias a su experiencia, movimientos expertos, ágiles y veloces que hacían que saltara de un edificio a otro, escalara de un lugar a otro. Su traje perfecto, cabello impoluto e incluso corbata se sacudían a cada movimiento experto, adelantándose a varios de sus hombres incluso. Para cuando finalmente llegó a su destino, se acomodó la corbata como si no hubiera tenido una carrera a contrarreloj, elevando su mano sobre su cabello, pasándolo sobre atrás y un lateral, reacomodando el pulcro peinado y, por último, con pasos más firmes, se acomodó de nuevo su traje con una sacudida. Pudo ver a los hombres aglomerados en un solo punto, cerca del mar. Bien, pudo llegar a tiempo.
Sus pasos fueron lentos, pero procuró que fueran lo suficientemente sonoros para que sus hombres notaran su propia presencia. Sacó una cajetilla de metal de su bolsillo del pantalón izquierdo, abriéndolo con una mano. El interior estaba repleto de cigarrillos perfectamente ordenados. Retiró uno de ellos, acomodándolo en sus labios. Una nueva calada no le vendría nada mal. Pudo escuchar las palabras del varón que todavía no podía ver, pero sus pasos ya habían sido aviso suficiente para que sus hombres dejaran el hueco perfecto para revelar su posición. Se acercó, sin temor, pero manteniendo la misma distancia que sus hombres, solo que ligeramente más corta.
![[Imagen: uryo9YX.jpg]](https://i.imgur.com/uryo9YX.jpg)
—¿Pagarme? ¿Tengo acaso cara de necesitar dinero?
Sus ojos afilados, ahora sí, se elevaron en dirección al joven. Los hombres estaban en guardia, pero Jin elevó una de sus manos. Instantáneamente, todos bajaron sus guardias, incluso armas que hubieran retirado y puesto en la mira de aquel cocinero que brindó semejante conflicto. —Tuviste las pelotas de golpear a un marine. — habló con calma. Los pasos tras su espalda pudo escucharlos, aparentemente lo habían seguido incluso desde allí. —No te recomiendo golpearme por la espalda, seas enemigo o no. No planeo derramar más sangre de la necesaria hoy.
Inhaló el humo de sus pulmones, sin apartar sus ojos del joven pese a la amenaza que iba realmente dirigida a la chica que tenía a sus espaldas. Sus hombres sí pudieron percibirla entonces, haciendo un escudo humano a sus espaldas de forma automática. —Solo te buscaba por interés. No muchos tienen las pelotas de golpear un marine. Esos no hacen nada más que meterse en asuntos que ni les incumben, y son una condenada carga. — pronunció con calma, soplando el humo de sus pulmones, con la mano libre en su bolsillo, de forma despreocupada. —Y, sin embargo, me has decepcionado al seguir huyendo como un cobarde. — no existían mentiras en su vocabulario, solo era directo, con una calma imperturbable. —Escuché que eres cocinero. Quizás me plantee conseguir sacarte de esas garras de los marines si haces algo que me agrade suficiente. Te daré un lugar, utensilios… No hará falta que te ahogues en el mar o entre tiburones y criaturas. Solo convénceme de que mereces la pena. — una media sonrisa se dibujó ahora en sus labios, dándose media vuelta, ahora finalmente viendo de frente a la persona que lo había perseguido. Cierto, no imaginó que fuera mujer, pero mucho menos que tuviera unas marcas tan distintivas. ¿Lo alertaba? ¿Le provocaba repudio? En lo más mínimo. Había visto cosas peores. —Y tú, no sé por qué viniste hasta mí, no te recomiendo meterte en un asunto que no te concierne si no tienes que ver con el cocinero.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
