22-08-2025, 02:00 AM
(Última modificación: 22-08-2025, 02:11 AM por Rackham Uker.)
El jefe de sus perseguidores se hizo presente en un momento. Su altura y rostro no eran suficientes para intimidar a alguien que pasó su vida huyendo, pero su tono de voz le decía que en verdad tenía controlado a un grupo de personas así. - Pareces alguien que tiene dinero, y esos siempre buscan aún más -. Ya sea el líder o sólo un subordinado con más poder que el resto, no parecía buena idea meterse con él, pero, ¿Qué otra opción le quedaba? Tirarse al océano lo salvaría por 5 segundos antes de ser alcanzado por algún animal o la propia marina, y robar alguno de los barcos cercanos comenzaba a ser más y más difícil debido a lo rodeado que lo tenían. - Bueno, supongo que no me queda otra -.
En su cintura colgaba una espada con su vaina, de la cual acercó su mano a el mango y esta lo tomó, sin quitar la espada de su "prisión" . Se le notaba incluso en la postura que no había tenido un maestro, que simplemente fue un autodidacta que estudió y entrenó en base a libros, pero se sentía capaz de al menos derribar a un par por su buen estado físico. Al menos esa fue su línea de pensamiento, hasta que la persona que había visto antes llegó frente a toda la multitud, por fin notando que se trataba de una mujer gracias a su voz. - A mi me parece que alguien más se está metiendo en asuntos que no le incumben -. Miraba hacia el hombre que lo había desprestigiado, que lo llamó cobarde. - Y, ¿Qué te hace diferente a esos idiotas de la marina? A mis ojos no eres más que otro imbécil con poder -.
Y ahora esa mujer decía querer ayudarlo, protegerlo. ¿Quiénes eran estas personas? Pese a las dudas de su mente, movió la mano izquierda, apuntando con su dedo al mafioso principal con aires de buscar una verdadera pelea. - Prefiero luchar ahora a arrepentirme por el resto de mi vida bajo tus órdenes -. Ya no le quedaba mucha más opción, incluso si perdía y era entregado a la marina sería mejor que esa vida de mierda que le ofrecía. Tal vez se arrepentiría en el último suspiro si llegaba a morir sobre esos tablones de madera, pero al menos solo sería un momento breve.
Pero en ese momento fue cuando ella gritó. Lo invitó a unirse a ella, a recorrer el mundo juntos. ¿Una pirata? No lo habría imaginado, pensaba que los piratas no se dejaban ver tan fácilmente en los pueblos, pero sus palabras hicieron eco en la cabeza del muchacho.
Sonrió. Si se trataba de una invitación a formar parte de una banda pirata, su objetivo de encontrar una akuma no mi que le de la vida eterna estaría más cerca, y podría tener gente con la cual compartir el viaje. - Bueno, no puedo rechazar una oferta así -. Su expresión cambió a una más decidida, mientras que sus manos se cerraron en puños, listo para hacerse cargo de sus palabras anteriores. La chica ya había comenzado a hacerse cargo de su lado del problema, por lo que el pelinegro suspiró por última vez, antes de lanzarse a la pelea.
Solo tuvo que dar una zancada para acercarse al hombre más cercano a él, aprovechando la cercanía de una de las cajas llenas de pescados y hielo para tomar uno y lanzar un ataque hacia su cabeza. El trajeado lo leyó con facilidad, agachándose, y cayendo en la trampa del ojiazul. De pronto, Uker dio un salto y terminó por apoyar sus pies en el hombro del oponente, saltando e impulsándose de nuevo para ahora terminar al otro lado de la multitud, junto a la mujer que parecía interesada en tenerlo como su compañero. - Lo siento, no puedo servirte de mucho en un combate, por ahora, pero puedo encargarme de un par de estos inútiles si lo necesitas -. Aún después del salto, mantenía en su mano el pescado que usó como distracción, como si fuese a servirle de algo realmente.
En su cintura colgaba una espada con su vaina, de la cual acercó su mano a el mango y esta lo tomó, sin quitar la espada de su "prisión" . Se le notaba incluso en la postura que no había tenido un maestro, que simplemente fue un autodidacta que estudió y entrenó en base a libros, pero se sentía capaz de al menos derribar a un par por su buen estado físico. Al menos esa fue su línea de pensamiento, hasta que la persona que había visto antes llegó frente a toda la multitud, por fin notando que se trataba de una mujer gracias a su voz. - A mi me parece que alguien más se está metiendo en asuntos que no le incumben -. Miraba hacia el hombre que lo había desprestigiado, que lo llamó cobarde. - Y, ¿Qué te hace diferente a esos idiotas de la marina? A mis ojos no eres más que otro imbécil con poder -.
Y ahora esa mujer decía querer ayudarlo, protegerlo. ¿Quiénes eran estas personas? Pese a las dudas de su mente, movió la mano izquierda, apuntando con su dedo al mafioso principal con aires de buscar una verdadera pelea. - Prefiero luchar ahora a arrepentirme por el resto de mi vida bajo tus órdenes -. Ya no le quedaba mucha más opción, incluso si perdía y era entregado a la marina sería mejor que esa vida de mierda que le ofrecía. Tal vez se arrepentiría en el último suspiro si llegaba a morir sobre esos tablones de madera, pero al menos solo sería un momento breve.
Pero en ese momento fue cuando ella gritó. Lo invitó a unirse a ella, a recorrer el mundo juntos. ¿Una pirata? No lo habría imaginado, pensaba que los piratas no se dejaban ver tan fácilmente en los pueblos, pero sus palabras hicieron eco en la cabeza del muchacho.
Sonrió. Si se trataba de una invitación a formar parte de una banda pirata, su objetivo de encontrar una akuma no mi que le de la vida eterna estaría más cerca, y podría tener gente con la cual compartir el viaje. - Bueno, no puedo rechazar una oferta así -. Su expresión cambió a una más decidida, mientras que sus manos se cerraron en puños, listo para hacerse cargo de sus palabras anteriores. La chica ya había comenzado a hacerse cargo de su lado del problema, por lo que el pelinegro suspiró por última vez, antes de lanzarse a la pelea.
Solo tuvo que dar una zancada para acercarse al hombre más cercano a él, aprovechando la cercanía de una de las cajas llenas de pescados y hielo para tomar uno y lanzar un ataque hacia su cabeza. El trajeado lo leyó con facilidad, agachándose, y cayendo en la trampa del ojiazul. De pronto, Uker dio un salto y terminó por apoyar sus pies en el hombro del oponente, saltando e impulsándose de nuevo para ahora terminar al otro lado de la multitud, junto a la mujer que parecía interesada en tenerlo como su compañero. - Lo siento, no puedo servirte de mucho en un combate, por ahora, pero puedo encargarme de un par de estos inútiles si lo necesitas -. Aún después del salto, mantenía en su mano el pescado que usó como distracción, como si fuese a servirle de algo realmente.
