22-08-2025, 08:13 PM
(Última modificación: 22-08-2025, 08:28 PM por Maki D. Zen'in.)
Tenia agallas por dios, no era simplemente que cocinaba bien, sino que también no se dejaba doblegar, lo vio en el restaurante con los marines, ahora lo veía con gente mucho… mucho mas peligrosa, además era guapo. Alto y decidido. Seguro los chicos lo aprobarían en el grupo. Se alegro cuando el joven al menos sopeso la posibilidad de unirse a ella y a los muchachos, pero era mejor que no supiera que aún no tenían ni siquiera barco o capitán… pues creía que Jensen era buena persona, pero era un zopenco. —VAMOS VAMOS VAMOS!!! Pelea con todo!! No queremos a los debiluchos!!— Cada palabra era acompañada por uno de los yakuza cayendo al suelo golpeado por el o ella, pues poco a poco comenzaron a cerrarles el paso y a rodearle… el primero e adelanto, ella giro y movió su mano abrazándole por debajo del hombro para volver a girar en la dirección opuesta y agarrándole del cuello le lanzo de cabeza contra otros dos hombres… uno vio vulnerabilidad aparente en ella y quiso agarrarla, rodearla con los brazos, pero se abrió de piernas al suelo y solo alcanzo el aire sorprendido… ella giro sobre si misma apoyada de espaldas para impulsarse y golpear con ambos pies a ese atrevido. En el aire lanzo su guitarra que reboto en uno en su cabeza y en otro en la sien.
Eran un grupo mal coordinado y si fueran mejor dirigidos podrían hacerlos papilla en menos de un segundo, pero Maki… sentía compenetración con el cocinero, recordando cuando peleaba con sus compañeros en aquel grupo secreto en la marina, sonreía después de semanas con caga puñetazo, cada patada y cada batir de su espada contra la de algún valiente que decidía usar el acero contra ella. —Soy Maki… cantante… quisiera que conocieras al tirador y al doctor! La oferta es real! Seamos libres cariño!— Movió su guitarra a su espalda después de golpear a otro con ella.
Su oferta… tenía alguna oferta acaso, los mafiosos eran solo unos mentirosos y codiciosos hambrientos de poder… esclavizaban por unas pocas monedas a trabajadores honrados para sacar un mendrugo o un día más de vida. Eran patéticos. —Todos son mis amigos… menos aquellos que fuerzan a los demás a una vida de esclavitud no te tientes cocinero por unos pocos billetes. — Dijo mientras esquivo a uno que pretendía sacar un arma de fuego… esos eran los peores. Además, eran efectivas en solitario, en grupo nadie podía disparar certeramente y de eso se aprovechaba Maki… moviéndose como el relámpago directo a él y golpeando el pecho con una patada voladora que uso para dar una voltereta en el aire y bajar hasta el suelo y de una barrida tirar a dos más que no tenían idea de como empuñar la mano siquiera.
De pronto el asedio aflojo y todo se medió paralizo. Una corbata se desabrocho y parecía una especie de ritual… Maki lo sintió, lo mejor y mas fácil… retroceder, lo lógico, llegar a un acuerdo. Pero no. su mente no funcionaba así. La emoción recorriendo sus venas como un néctar dulce y delicioso. Ambrosia, casi tan gratificante como la que le sirvió el cocinero. Saco la lengua solo un milímetro para saborear la tensión del momento. Nada mas había a su alrededor. Solo el cuello de su objetivo… la melodía de la furia comenzó a crecer y sus palabras quisieron aflorar… su cuerpo se descendió bajando un poco para recibir al enemigo… enemigo que o moriría o la mataría.
—Un poco de comida?... imbécil… te topaste con el banquete completo!— La hoja de los mil recuerdos rotos resonó en su mano, deseando beber la sangre de su enemigo, latiendo junto con su corazón podía ver todas las aberturas que se le brindaban. Era un idiota orgulloso y que se creía que nadie podría vencerlo. Ahora le demostraría que una simple cantante le patearía el culo de aquí a la última isla del mundo pues… Maki no se apaciguaba… Maki escalaba al infinito. Paz no era su nombre, guerra su apellido y la D en su nombre le obligaba a pelear. —A quien le dices muñeca. Mafioso de cuarta… te enseñare que estas tan chico que no podrías ni siquiera jugar con esta.— Sus comentarios altaneros provocaban aún más a la guerrera cantante. Y finalmente una sonrisa se dibujó en su rostro. ¿El cigarrillo directo en su rostro? Que truco tan bajo… este le golpeo en la mejilla sin inmutarse. No le temía a absolutamente nada ni a nadie y las quemaduras menos. La ceniza y las ascuas rebotaron en su delicado rostro quemado y vio cómo se deslizaba para atacarla tan velozmente como un animal desesperado por cazar, no alimentarse, sino matar.
Esquivo el corte. Un movimiento obvio y eso quería decir solo una cosa… una finta. El golpe le dio directo en la nariz, una llamarada roja le hizo cerrar los ojos, pero por algún motivo no quiso adelantar su hoja para volarle la cabeza… quizás no quería asesinar a un niño jugando a ser un perro grande. En cambio, prefirió bloquear una patada penas con la hoja. El talón fue potente y uso esa misma energía para girar sobre si misma y aganándose estiro la pierna para dar una vuelta sobre su propio eje… alzo la vista… sangraba de la nariz y le devolvió la sonrisa.
No mantenía la vista al redor, donde le apuntaban los desgraciados… se rio bajo como una orate y rugió deslizándose debido a la potencia de su carrera… esto no se queda así… salto disparad como una pantera enajenada. No, no necesitaba su arma, solo sus puños lanzo su arma directo al enemigo, pero no era completa, lo que salió disparado fue la hoja completa sin la tsuka, rápidamente la calzo en su cinto y la gracia fue que esta cuando impactaba estallaba como una granada en mil pedazos… poco daño hacía, pero distraía al enemigo al ver una hoja destruirse en mil piezas. ¿Finta? esto era una verdadera finta. Si no la esquivaba seria horriblemente cortado por la hoja y sus mil filos.
Sus puños actuaron contra el jefe de los enemigos… los subordinados no querían disparar, nerviosos y solo lo harían si el desgraciado a cargo se los ordenaba. Era muy rápida ella y sus movimientos. Todos los golpes eran potentes. Dotados de una fuerza superior a la que obviamente tenia cualquiera. Como si sus puños no estuvieran limpios. Cargados de dolor y emoción… el primero a sus ojos, la ceja derecha, el izquierdo al riñón y adelantando un pie en el espacio privado de las piernas del enemigo lanzo un codazo a la sien del Yakuza… a su cicatriz. Debía ser su punto débil. Esperaba que fuera una mala costumbre poco trabajada y una abertura al ataque de Maki. Entonces retrocedió de un salto para mirar entonces alrededor… comprobar que el premio a cobrar estuviera bien. El cocinero declaro no pelear tan bien. Pero cuando la vida pende de un hilo a veces hasta un ratón se convierte en un león.
Eran un grupo mal coordinado y si fueran mejor dirigidos podrían hacerlos papilla en menos de un segundo, pero Maki… sentía compenetración con el cocinero, recordando cuando peleaba con sus compañeros en aquel grupo secreto en la marina, sonreía después de semanas con caga puñetazo, cada patada y cada batir de su espada contra la de algún valiente que decidía usar el acero contra ella. —Soy Maki… cantante… quisiera que conocieras al tirador y al doctor! La oferta es real! Seamos libres cariño!— Movió su guitarra a su espalda después de golpear a otro con ella.
Su oferta… tenía alguna oferta acaso, los mafiosos eran solo unos mentirosos y codiciosos hambrientos de poder… esclavizaban por unas pocas monedas a trabajadores honrados para sacar un mendrugo o un día más de vida. Eran patéticos. —Todos son mis amigos… menos aquellos que fuerzan a los demás a una vida de esclavitud no te tientes cocinero por unos pocos billetes. — Dijo mientras esquivo a uno que pretendía sacar un arma de fuego… esos eran los peores. Además, eran efectivas en solitario, en grupo nadie podía disparar certeramente y de eso se aprovechaba Maki… moviéndose como el relámpago directo a él y golpeando el pecho con una patada voladora que uso para dar una voltereta en el aire y bajar hasta el suelo y de una barrida tirar a dos más que no tenían idea de como empuñar la mano siquiera.
De pronto el asedio aflojo y todo se medió paralizo. Una corbata se desabrocho y parecía una especie de ritual… Maki lo sintió, lo mejor y mas fácil… retroceder, lo lógico, llegar a un acuerdo. Pero no. su mente no funcionaba así. La emoción recorriendo sus venas como un néctar dulce y delicioso. Ambrosia, casi tan gratificante como la que le sirvió el cocinero. Saco la lengua solo un milímetro para saborear la tensión del momento. Nada mas había a su alrededor. Solo el cuello de su objetivo… la melodía de la furia comenzó a crecer y sus palabras quisieron aflorar… su cuerpo se descendió bajando un poco para recibir al enemigo… enemigo que o moriría o la mataría.
—Un poco de comida?... imbécil… te topaste con el banquete completo!— La hoja de los mil recuerdos rotos resonó en su mano, deseando beber la sangre de su enemigo, latiendo junto con su corazón podía ver todas las aberturas que se le brindaban. Era un idiota orgulloso y que se creía que nadie podría vencerlo. Ahora le demostraría que una simple cantante le patearía el culo de aquí a la última isla del mundo pues… Maki no se apaciguaba… Maki escalaba al infinito. Paz no era su nombre, guerra su apellido y la D en su nombre le obligaba a pelear. —A quien le dices muñeca. Mafioso de cuarta… te enseñare que estas tan chico que no podrías ni siquiera jugar con esta.— Sus comentarios altaneros provocaban aún más a la guerrera cantante. Y finalmente una sonrisa se dibujó en su rostro. ¿El cigarrillo directo en su rostro? Que truco tan bajo… este le golpeo en la mejilla sin inmutarse. No le temía a absolutamente nada ni a nadie y las quemaduras menos. La ceniza y las ascuas rebotaron en su delicado rostro quemado y vio cómo se deslizaba para atacarla tan velozmente como un animal desesperado por cazar, no alimentarse, sino matar.
Esquivo el corte. Un movimiento obvio y eso quería decir solo una cosa… una finta. El golpe le dio directo en la nariz, una llamarada roja le hizo cerrar los ojos, pero por algún motivo no quiso adelantar su hoja para volarle la cabeza… quizás no quería asesinar a un niño jugando a ser un perro grande. En cambio, prefirió bloquear una patada penas con la hoja. El talón fue potente y uso esa misma energía para girar sobre si misma y aganándose estiro la pierna para dar una vuelta sobre su propio eje… alzo la vista… sangraba de la nariz y le devolvió la sonrisa.
No mantenía la vista al redor, donde le apuntaban los desgraciados… se rio bajo como una orate y rugió deslizándose debido a la potencia de su carrera… esto no se queda así… salto disparad como una pantera enajenada. No, no necesitaba su arma, solo sus puños lanzo su arma directo al enemigo, pero no era completa, lo que salió disparado fue la hoja completa sin la tsuka, rápidamente la calzo en su cinto y la gracia fue que esta cuando impactaba estallaba como una granada en mil pedazos… poco daño hacía, pero distraía al enemigo al ver una hoja destruirse en mil piezas. ¿Finta? esto era una verdadera finta. Si no la esquivaba seria horriblemente cortado por la hoja y sus mil filos.
Sus puños actuaron contra el jefe de los enemigos… los subordinados no querían disparar, nerviosos y solo lo harían si el desgraciado a cargo se los ordenaba. Era muy rápida ella y sus movimientos. Todos los golpes eran potentes. Dotados de una fuerza superior a la que obviamente tenia cualquiera. Como si sus puños no estuvieran limpios. Cargados de dolor y emoción… el primero a sus ojos, la ceja derecha, el izquierdo al riñón y adelantando un pie en el espacio privado de las piernas del enemigo lanzo un codazo a la sien del Yakuza… a su cicatriz. Debía ser su punto débil. Esperaba que fuera una mala costumbre poco trabajada y una abertura al ataque de Maki. Entonces retrocedió de un salto para mirar entonces alrededor… comprobar que el premio a cobrar estuviera bien. El cocinero declaro no pelear tan bien. Pero cuando la vida pende de un hilo a veces hasta un ratón se convierte en un león.

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