22-08-2025, 11:54 PM
Admiraba los movimientos claros de la mujer, no solo era de boca, al menos en cuanto a combate, la inteligencia era ya otra cosa y, sin embargo, estaba claro que desconocía por qué lo apodaban el “Phantom Smoke”. Capaz de moverse como el humo, evitando cualquier obstáculo, sabiendo cómo moverse. No, no era una bestia, era el mismo humo, el demonio creado en su crecimiento en movimientos veloces, eficaces e impactantes. Por ello, no atacaba nunca al azar, había analizado el estilo de combate de la chica con sus hombres previamente.
Sus movimientos al evitar los golpes eran perfectos, excelentes de hecho, tan veloces como los de la mujer que lo atacaba. La katana, además, bailaba en un movimiento veloz, de una mano a otra, con ataques perfectamente calculados. Incluso en el instante que lanzaba el filo su cuerpo seguía yendo en dirección a la mujer, con solo un movimiento de su cabeza para evitar el arma, sin cesar en ningún momento el golpe. Ni siquiera cuando la cuchilla de la muchacha se clavó en uno de sus hombres, que estaban detrás, y se hizo pedazos, lo inmutó, solo realizó un movimiento diagonal con su katana, clavándola en el suelo, justo entre ambos de modo que frenaría así el combate. ¿Por qué? Dos razones. La primera, dos de sus hombres lo acababan de desobedecer, lo que significaba que les esperaba un castigo muy serio. No quería estorbos, solo obediencia. En segundo lugar, el hombre al fin parecía sacar algún tipo de conclusión.
Dio un salto hacia atrás, retomando con su mano la katana, regresándola a la vaina de nuevo, despacio, sin perder detalle de la mujer que, ahora sí, había dejado en claro que lo mejor era no volver a verla si no quería terminar bajo tierra, como los que acababan de desobedecerlo. Una pequeña pausa, al menos de momento. Si la mujer regresaba en combate, él también lo haría, pero por el momento le brindaría el beneficio de la duda al hombre, ver si su razonamiento era mejor de lo esperado…
Y sin embargo, la elección fue la equivocada. —Traedlos ahora. — murmuró con calma, y los individuos que atacaron a Uker temblaron, ahora sí, de puro terror. Incluso tras los golpes recibidos por el mismo joven. Trataron de pelear, pero no existió oportunidad alguna de que se zafaran. Mientras los gritos de aquellos dos hombres resonaban, Jin ya estaba observando a Uker.
—Creo que no lo has entendido. No busco un restaurante, solo quiero un buen chef que me haga de comer. — habló al fin, ahora siendo más directo de lo que recordaba haber sido nunca antes. —Si sabes cocinar, quiero probar algo tuyo. Esos idiotas de la marina no me dejaron ni probar un bocado. — por ello le molestaba que lo hubieran interrumpido. Había ido por el nuevo cocinero, no por otro asunto, a ese local. Conocía bien el resto de restaurantes, y sin embargo, se le deslizaba entre los dedos. Lo que sí sabía era que no iba a obligarlo. Por mucho que lo viera como un cobarde, si era algo que no quería, lo mejor era dejarlo. Pero iba en serio, no habría segunda oportunidad de ayudarlo.
Ahora sí, sus ojos volvieron a la mujer, en el mismo tono calmado. —No te recomiendo volver a verte la cara, porque no habrá cielo, mar o tierra que te esconda de acabar bajo tierra. — Finalmente los hombres que habían desobedecido estaban frente a él, de rodillas. Los miró por unos escasos segundos, mientras escuchaba ahora sus súplicas de perdón. —Matadlos.
Los hombres que lo acompañaron fueron quienes hicieron el trabajo sucio, terminando con ellos en un instante. La sangre manchó sus pantalones, algo que no le resultó para nada molesto. Otro de los hombres le acercó la corbata, la cual reacomodó alrededor de su cuello, como si lo que estuviera frente a él fueran solo unos insectos que ni prestaba atención y, una última vez, volvió la mirada al cocinero. —Como he dicho, no habrá segundas oportunidades. O lo tomas, o lo dejas. Si no quieres hacerlo, solo vete, te escoltarán mis hombres, y si no te sientes seguro, yo mismo para evitar que otro marine se te acerque.
Sus movimientos al evitar los golpes eran perfectos, excelentes de hecho, tan veloces como los de la mujer que lo atacaba. La katana, además, bailaba en un movimiento veloz, de una mano a otra, con ataques perfectamente calculados. Incluso en el instante que lanzaba el filo su cuerpo seguía yendo en dirección a la mujer, con solo un movimiento de su cabeza para evitar el arma, sin cesar en ningún momento el golpe. Ni siquiera cuando la cuchilla de la muchacha se clavó en uno de sus hombres, que estaban detrás, y se hizo pedazos, lo inmutó, solo realizó un movimiento diagonal con su katana, clavándola en el suelo, justo entre ambos de modo que frenaría así el combate. ¿Por qué? Dos razones. La primera, dos de sus hombres lo acababan de desobedecer, lo que significaba que les esperaba un castigo muy serio. No quería estorbos, solo obediencia. En segundo lugar, el hombre al fin parecía sacar algún tipo de conclusión.
Dio un salto hacia atrás, retomando con su mano la katana, regresándola a la vaina de nuevo, despacio, sin perder detalle de la mujer que, ahora sí, había dejado en claro que lo mejor era no volver a verla si no quería terminar bajo tierra, como los que acababan de desobedecerlo. Una pequeña pausa, al menos de momento. Si la mujer regresaba en combate, él también lo haría, pero por el momento le brindaría el beneficio de la duda al hombre, ver si su razonamiento era mejor de lo esperado…
Y sin embargo, la elección fue la equivocada. —Traedlos ahora. — murmuró con calma, y los individuos que atacaron a Uker temblaron, ahora sí, de puro terror. Incluso tras los golpes recibidos por el mismo joven. Trataron de pelear, pero no existió oportunidad alguna de que se zafaran. Mientras los gritos de aquellos dos hombres resonaban, Jin ya estaba observando a Uker.
—Creo que no lo has entendido. No busco un restaurante, solo quiero un buen chef que me haga de comer. — habló al fin, ahora siendo más directo de lo que recordaba haber sido nunca antes. —Si sabes cocinar, quiero probar algo tuyo. Esos idiotas de la marina no me dejaron ni probar un bocado. — por ello le molestaba que lo hubieran interrumpido. Había ido por el nuevo cocinero, no por otro asunto, a ese local. Conocía bien el resto de restaurantes, y sin embargo, se le deslizaba entre los dedos. Lo que sí sabía era que no iba a obligarlo. Por mucho que lo viera como un cobarde, si era algo que no quería, lo mejor era dejarlo. Pero iba en serio, no habría segunda oportunidad de ayudarlo.
Ahora sí, sus ojos volvieron a la mujer, en el mismo tono calmado. —No te recomiendo volver a verte la cara, porque no habrá cielo, mar o tierra que te esconda de acabar bajo tierra. — Finalmente los hombres que habían desobedecido estaban frente a él, de rodillas. Los miró por unos escasos segundos, mientras escuchaba ahora sus súplicas de perdón. —Matadlos.
Los hombres que lo acompañaron fueron quienes hicieron el trabajo sucio, terminando con ellos en un instante. La sangre manchó sus pantalones, algo que no le resultó para nada molesto. Otro de los hombres le acercó la corbata, la cual reacomodó alrededor de su cuello, como si lo que estuviera frente a él fueran solo unos insectos que ni prestaba atención y, una última vez, volvió la mirada al cocinero. —Como he dicho, no habrá segundas oportunidades. O lo tomas, o lo dejas. Si no quieres hacerlo, solo vete, te escoltarán mis hombres, y si no te sientes seguro, yo mismo para evitar que otro marine se te acerque.
![[Imagen: bTjgVIr.png]](https://i.imgur.com/bTjgVIr.png)
