23-08-2025, 12:45 AM
Mientras caminaba con firmeza junto a Bertram, Stroud alzó una ceja, impávido ante el tamaño de la enorme chica... ¿azul? Si él era alto, aquella mujer lo dejaba como un enano. "Diantre, ¿cómo he podido no verte? Debía de estar demasiado inmerso en mis pensamientos, discúlpame," dijo, mirando hacia arriba y estimando la altura de la Marine. "Otra soldado raso, excelente. Aunque creo que a ti no te llegué a conocer en la Academia, ¡me acordaría!", espetó. Tal vez lo más desconcertante a la hora de hablar con Stroud no fuese su seriedad en sí, sino su incapacidad absoluta de modificar su tono de voz, únicamente su volumen. Pero su tono siempre era el mismo, incluso cuando gritaba o susurraba: calmado, sosegado, firme, seguro de sí mismo, como de alguien que tiene las cosas demasiado claras como para dudar demasiado de nada de lo que dice.
No era fácil asustar a Stroud Redgrave, pero la caída del monstruoso kanabō, desde luego, consiguió sobresaltarlo, por decir algo. Sintió eso que siente uno cuando algo enorme se mueve a su alrededor, como si se le fuese a caer una casa al lado, o una viga de acero. Al sonido metálico, ahogado por el adoquinado de piedra de la calle frente al cuartel, lo siguió una vibración notoria que lo descolocó, activando momentáneamente todas sus alertas. Sin embargo, le llevó apenas un segundo darse cuenta de que aquello solo era, en efecto, el monstruoso garrote que portaba la oni azul. Suspiró levemente, aliviando la tensión que había acumulado en cuestión de unas pocas milésimas de segundo.
"Seeman, un apellido interesante... Es como si hubieras nacido para alistarte, ¿eh?" dijo, afirmando con la cabeza, aparentemente aprobando la actitud de la joven.
Mientras caminaba entre ambos Marines hacia la entrada del Cuartel, sacudiéndose la nieve de los bajos del pantalón, prestó atención a los movimientos de Bertram. Imai tenía esa monstruosidad de hierro, y Bertram tenía un arco y flechas de aspecto sofisticado, el tipo de equipamiento que no se veía a menudo en la Marina. Él, sin embargo, además de su evidente falta de abrigo para el clima de la isla, no llevaba arma alguna encima; tan solo un par de guantes debidamente plegados y colgados de su cinturón. A cualquiera le hubiera dado la impresión de que Stroud iba demasiado ligero, como si acabase de salir de casa con lo primero que hubiera pillado, junto a dos Marines visiblemente armados y preparados para una eventualidad. Las palabras de Bertram, sin embargo, lo sacaron de su ensimismamiento: "No sabía que era sargento, disculpe," afirmó, cuadrándose frente a Bertram, saludándolo apropiadamente. Dijo aquello como enorme naturalidad, sin excesiva ceremoniosidad, como quien simplemente se disculpa por haberse tropezado con otra persona por la calle. Su respeto casi religioso por las jerarquías, y especialmente por la jerarquía interna de la Marina, podía hacer un poco farragoso el trato personal, pero aquello era una nimiedad; mostrar el debido respeto a los distintos rangos simplemente no era negociable para Stroud.
Sus siguientes palabras, sin embargo, fueron recibidas con mayor ardor aún. "Usted, la índigo Seeman y yo mismo podríamos formar una división adecuada. Variopinta, desde luego, a falta de cualquier otra virtud" dijo, afirmando con la cabeza ante lo que decía Bertram. No podía evitar esbozar una ligera sonrisa ante la perspectiva de, por fin, formar parte de una división. Era exactamente lo que necesitaba para sentirse realmente como el Marine que era. Entrar en una división, en la jerarquía con mayúsculas, era la forma más efectiva de coordinarse para servir a la Justicia. "Hablemos de esos objetivos."
No era fácil asustar a Stroud Redgrave, pero la caída del monstruoso kanabō, desde luego, consiguió sobresaltarlo, por decir algo. Sintió eso que siente uno cuando algo enorme se mueve a su alrededor, como si se le fuese a caer una casa al lado, o una viga de acero. Al sonido metálico, ahogado por el adoquinado de piedra de la calle frente al cuartel, lo siguió una vibración notoria que lo descolocó, activando momentáneamente todas sus alertas. Sin embargo, le llevó apenas un segundo darse cuenta de que aquello solo era, en efecto, el monstruoso garrote que portaba la oni azul. Suspiró levemente, aliviando la tensión que había acumulado en cuestión de unas pocas milésimas de segundo.
"Seeman, un apellido interesante... Es como si hubieras nacido para alistarte, ¿eh?" dijo, afirmando con la cabeza, aparentemente aprobando la actitud de la joven.
Mientras caminaba entre ambos Marines hacia la entrada del Cuartel, sacudiéndose la nieve de los bajos del pantalón, prestó atención a los movimientos de Bertram. Imai tenía esa monstruosidad de hierro, y Bertram tenía un arco y flechas de aspecto sofisticado, el tipo de equipamiento que no se veía a menudo en la Marina. Él, sin embargo, además de su evidente falta de abrigo para el clima de la isla, no llevaba arma alguna encima; tan solo un par de guantes debidamente plegados y colgados de su cinturón. A cualquiera le hubiera dado la impresión de que Stroud iba demasiado ligero, como si acabase de salir de casa con lo primero que hubiera pillado, junto a dos Marines visiblemente armados y preparados para una eventualidad. Las palabras de Bertram, sin embargo, lo sacaron de su ensimismamiento: "No sabía que era sargento, disculpe," afirmó, cuadrándose frente a Bertram, saludándolo apropiadamente. Dijo aquello como enorme naturalidad, sin excesiva ceremoniosidad, como quien simplemente se disculpa por haberse tropezado con otra persona por la calle. Su respeto casi religioso por las jerarquías, y especialmente por la jerarquía interna de la Marina, podía hacer un poco farragoso el trato personal, pero aquello era una nimiedad; mostrar el debido respeto a los distintos rangos simplemente no era negociable para Stroud.
Sus siguientes palabras, sin embargo, fueron recibidas con mayor ardor aún. "Usted, la índigo Seeman y yo mismo podríamos formar una división adecuada. Variopinta, desde luego, a falta de cualquier otra virtud" dijo, afirmando con la cabeza ante lo que decía Bertram. No podía evitar esbozar una ligera sonrisa ante la perspectiva de, por fin, formar parte de una división. Era exactamente lo que necesitaba para sentirse realmente como el Marine que era. Entrar en una división, en la jerarquía con mayúsculas, era la forma más efectiva de coordinarse para servir a la Justicia. "Hablemos de esos objetivos."

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