24-08-2025, 09:19 PM
- Pues, ya te lo dije, ese lugar tiene las mismas recetas que yo sé, eso debería bastar -. No confiaba en ese hombre, ni por mucho que le dijera que planeaba defenderlo de la marina. Era un mafioso, alguien que consiguió su puesto con poder, matanza, y quién sabe qué otras cosas, no podría aceptar una oferta así. - No cocino para gente como tú, así que mejor piérdete -.
Pero tuvo que volver a actuar, volver a mostrar el control y poder que tiene sobre sus secuaces, como si no fueran más que juguetes. - Maldito… -. ¿Cómo esperaba que le hiciera caso? ¿Qué lo diferenciaba de esos dos hombres a sus ojos? No pudo evitar recordar la sangre que manchó su piel aquella noche que tanto recordaba, que tantas pesadillas le generaba aún. Apretó sus dientes y sus puños, atrapando en ellos parte de las mangas de su abrigo. - En verdad no eres diferente a un marine, maldito cerdo -. Podría simplemente avanzar y pelear como la mujer lo hizo antes, pero justamente fue ella quien arremetió, siendo detenida de golpe por un disparo.
Solo tardó un segundo en darse cuenta de que no fue algo mortal, pero una herida así no debía ser nada bueno para esta situación. Los soldados de la marina no tardaron en rodearlos, los yakuzas simplemente disminuían en número ante ellos, y el muchacho no pudo hacer más que buscar una vía de escape con su mirada, solamente encontrando callejones sin salida. - Demonios -. Si tan solo hubiera sido más rápido, si tan solo ese yakuza idiota no hubiera intervenido, ahora podría estar de camino a otra isla, más lejos del peligro. Pudo ver como apuntaban sus armas de nuevo hacia él, no podía librarse, solo observar con sus ojos inyectados en sangre como esos imbéciles volvían a arrebatarle todo.
Pero no fue así. Como si de un rayo se tratase, la chica se puso entre él y el peligro, defendiéndolo y evitando que su sueño acabase ahí. Solo pudo verla con incredulidad mientras hablaba, pues no podía entender porque se sacrificaría así por alguien como él, ni siquiera se conocían. - Yo… Está bien, vamos -. Tuvo que devolver un poco de compostura a su mente, aunque sea a la fuerza. No podía morir ahí, no si ella tenía algo de fe ciega en él. - Salgamos de esta isla -.
El paso de la mujer era decidido, por eso no les costó abordar el nuevo barco, pero sus tripulantes no parecían estar contentos. No fueron un problema tampoco, pues tanto la guitarrista como él podían luchar pese a sus heridas, y en poco tiempo ya se encontraban huyendo del desastre que causaron. El barco era pequeño en comparación a lo que hubiera imaginado de un parco pirata, pero de igual manera, había un pequeño problema. - Partes del casco están dañadas. No puedo repararlas, y en verdad no sé si llegaremos a tierra firme en este estado -.
Una huida demasiado precipitada, llena de errores. Si estuviera por su cuenta ya habría muerto con seguridad, pero tuvo la suerte de conocer a esa mujer, no así con la otra persona que intentó reclutarlo. - ¿Por qué lo necesitamos? -. Apuntó al hombre alto y de cabellos negros que antes los había tratado como basuras. - ¿Qué te hace pensar que no va a tratarnos exactamente como trata a sus hombres? Aparte, ¿de qué nos puede servir alguien como él? -. Se lo notaba furioso, odiando a esa persona que no creía diferente de aquellos que acaban de atacarlos.
Pero no debían pelear. Simplemente suspiró para tranquilizarse, sin responder a cualquier cosa que el yakuza tuviera que decir. Al asegurarse de que ni la mujer ni el hombre volverían a pelear, volvió a adentrarse en el barco, buscando algo para tratar su herida del pecho. Tardó en encontrarlo, pero finalmente dio con alcohol y unas vendas, lo que sería suficiente hasta poder ver a un verdadero médico. Tardó algo de tiempo en finalizar el tratamiento tan rústico, colocarse un vendaje alrededor del pecho siempre fue algo difícil, pero al finalizar volvió junto a la mujer, ahora sin usar su camiseta o abrigo, pues se los había quitado para curarse. - Tu herida. ¿Sabes como tratarla o necesitas ayuda? -.
Podría no preocuparse por ella, así como había hecho con cualquier otra persona que se le acercara hasta ahora, pero se trataba de alguien que lo sacó de esa isla con la idea de cruzar los mares. De igual manera, necesitaba a alguien que pelee si volvían a atacarlos. - No soy médico, para nada, pero tengo experiencia con estas cosas -. Él no lo aclaró, pero las cicatrices que adornaban al completo su cuerpo eran suficiente para notar que hablaba en serio.
Pero tuvo que volver a actuar, volver a mostrar el control y poder que tiene sobre sus secuaces, como si no fueran más que juguetes. - Maldito… -. ¿Cómo esperaba que le hiciera caso? ¿Qué lo diferenciaba de esos dos hombres a sus ojos? No pudo evitar recordar la sangre que manchó su piel aquella noche que tanto recordaba, que tantas pesadillas le generaba aún. Apretó sus dientes y sus puños, atrapando en ellos parte de las mangas de su abrigo. - En verdad no eres diferente a un marine, maldito cerdo -. Podría simplemente avanzar y pelear como la mujer lo hizo antes, pero justamente fue ella quien arremetió, siendo detenida de golpe por un disparo.
Solo tardó un segundo en darse cuenta de que no fue algo mortal, pero una herida así no debía ser nada bueno para esta situación. Los soldados de la marina no tardaron en rodearlos, los yakuzas simplemente disminuían en número ante ellos, y el muchacho no pudo hacer más que buscar una vía de escape con su mirada, solamente encontrando callejones sin salida. - Demonios -. Si tan solo hubiera sido más rápido, si tan solo ese yakuza idiota no hubiera intervenido, ahora podría estar de camino a otra isla, más lejos del peligro. Pudo ver como apuntaban sus armas de nuevo hacia él, no podía librarse, solo observar con sus ojos inyectados en sangre como esos imbéciles volvían a arrebatarle todo.
Pero no fue así. Como si de un rayo se tratase, la chica se puso entre él y el peligro, defendiéndolo y evitando que su sueño acabase ahí. Solo pudo verla con incredulidad mientras hablaba, pues no podía entender porque se sacrificaría así por alguien como él, ni siquiera se conocían. - Yo… Está bien, vamos -. Tuvo que devolver un poco de compostura a su mente, aunque sea a la fuerza. No podía morir ahí, no si ella tenía algo de fe ciega en él. - Salgamos de esta isla -.
El paso de la mujer era decidido, por eso no les costó abordar el nuevo barco, pero sus tripulantes no parecían estar contentos. No fueron un problema tampoco, pues tanto la guitarrista como él podían luchar pese a sus heridas, y en poco tiempo ya se encontraban huyendo del desastre que causaron. El barco era pequeño en comparación a lo que hubiera imaginado de un parco pirata, pero de igual manera, había un pequeño problema. - Partes del casco están dañadas. No puedo repararlas, y en verdad no sé si llegaremos a tierra firme en este estado -.
Una huida demasiado precipitada, llena de errores. Si estuviera por su cuenta ya habría muerto con seguridad, pero tuvo la suerte de conocer a esa mujer, no así con la otra persona que intentó reclutarlo. - ¿Por qué lo necesitamos? -. Apuntó al hombre alto y de cabellos negros que antes los había tratado como basuras. - ¿Qué te hace pensar que no va a tratarnos exactamente como trata a sus hombres? Aparte, ¿de qué nos puede servir alguien como él? -. Se lo notaba furioso, odiando a esa persona que no creía diferente de aquellos que acaban de atacarlos.
Pero no debían pelear. Simplemente suspiró para tranquilizarse, sin responder a cualquier cosa que el yakuza tuviera que decir. Al asegurarse de que ni la mujer ni el hombre volverían a pelear, volvió a adentrarse en el barco, buscando algo para tratar su herida del pecho. Tardó en encontrarlo, pero finalmente dio con alcohol y unas vendas, lo que sería suficiente hasta poder ver a un verdadero médico. Tardó algo de tiempo en finalizar el tratamiento tan rústico, colocarse un vendaje alrededor del pecho siempre fue algo difícil, pero al finalizar volvió junto a la mujer, ahora sin usar su camiseta o abrigo, pues se los había quitado para curarse. - Tu herida. ¿Sabes como tratarla o necesitas ayuda? -.
Podría no preocuparse por ella, así como había hecho con cualquier otra persona que se le acercara hasta ahora, pero se trataba de alguien que lo sacó de esa isla con la idea de cruzar los mares. De igual manera, necesitaba a alguien que pelee si volvían a atacarlos. - No soy médico, para nada, pero tengo experiencia con estas cosas -. Él no lo aclaró, pero las cicatrices que adornaban al completo su cuerpo eran suficiente para notar que hablaba en serio.
